La transcripción narra la historia de Osvaldo, un hombre detenido arbitrariamente por la policía bajo la sospecha de violación. Desde el momento de su arresto, es tratado con brutalidad: lo esposan, lo encierran en celdas diminutas y lo trasladan a un penal de máxima seguridad en Marcos Paz. Durante el proceso, se entera de que es acusado de ser un violador serial, basado en 17 expedientes de casos no resueltos en varios barrios de Buenos Aires. En las ruedas de reconocimiento, la víctima es presionada por la secretaria del juez para identificarlo, a pesar de su incertidumbre. En la cárcel, Osvaldo sufre violencia física y psicológica, incluyendo palizas y amenazas de otros presos, y debe aprender a sobrevivir en un ambiente hostil donde los violadores son despreciados. Su familia, especialmente su hermano Roberto, lucha por encontrarlo y contratar un abogado, pero enfrenta el estigma social: muchos abogados se niegan a defender a un acusado de violación. A pesar de la inocencia de Osvaldo, el sistema judicial y penitenciario lo trata como culpable, sumergiéndolo en una pesadilla de injusticia y desesperación. La historia destaca las fallas del sistema legal y el sufrimiento de los inocentes atrapados en él.
Esto es un "I Heart" podcast. ¡Gueron City Human! A pod podcasts, o donde sea que escuches tus podcasts. con dos franjas blancas a los costados, eran de Baskett, Nike. -Dios, sueldo que palmié el hombre, dije, "Pues, ¿no es un sin? Es una bermuda, alejo." Y es más volando a casud. Mientras no importa, ¿tene de documentos? -Sí, Tien. -¿Qué es lo documento? -Mis prensa, una vez, no? No, no. -Para nada. -Mas dice, "Buenos, vamos a ver si nos me mentís. Me dicen que te voy a hacer una vergigación antecienta." -Una de los policías le señaló el bordo de la cera y le dijo que esperar a ir. Los balos se sentó despalas al patrullero, casi en la esquina de la cuadra. Enseguida la calle se empezó a llenar y unas 10 personas se acercaron a ver qué era lo que estaba pasando. Y tan solo unos minutos después, el policía regresó. -Y me dice, "¿Estás seguro que nunca tuviste preso? No, yo soy una ni familia de. No, sé lo. Me seguro. Vame y químeme, me dice. Y me muestra la esposa." El policía le dijo que lo iban a llevar a la comisaría, y que si, como decía Osvaldo, nunca había estado detenido, se iría enseguida. -Con la confianza, pero en más mil, de que son habia hecho nada, "Vamos de aquí, gracias a mí, de ser." Osvaldo no se resistió, los policías lo esposaron y se lo llevaron en la patrulla. -Y ahí empieza toda una victoria de riguidad terror. -Una película de terror que lo marcaría para siempre. Nuestra productora en el Izca-Sus nos cuenta la historia. Osvaldo lo trasladaron a una comisaría que quedó unas diez cuadras de donde lo habían detenido. Apenas centrales y seron dejar todo lo que tenía con él. Una mochila negra, el celular, la llave, es la billetera. También le pidieron que les acara los cordones a las zapatillas. Lo llevaron una habitación muy pequeña con rejas, como un calaboso. Tenía una abertura mínima al exterior, por la que apenas podía entrar un poco de aire y distinguirse si era de día o de noche. El lugar estaba vacío, sólo había un banco de piedra en el 2 maldo se recostó y después de un rato se quedó dormido. Se volvió a despertar con el ruido de la reja, sintió que se abría. -Y bueno, listo me voy, cuando estoy saliendo, entramos con un fascincito y me dejan en una especie de. Esa, la bandavilla en la escritoria de tres personas. -Luis hicieron sentarse frente a ellas. El hombre que estaba en el medio fue el primero en hablar. -Me dice, "Vamos en la corta, mostrame las marcas, me digo marcas de que". -Me va a que mostrame los brazos, me dice. -Sí, le digo, me encuentro los brazos, me dice, "Vos sabes porque estás acá, no te vas a hacer que los duro". -Legó sí por una averiguación de sentes, siendo tenia nada, me iba a un. El un toque, le digo, que. Y este tipo de mirar lo de los jodal, me dice, "Gostas acá por la violación, que averiguación de sentes". -Por violación, ninguna averiguación de antecedentes. -Lío, no, ahí que me hablás, ahí yo me saco, me fue loco, entro como una crisis, digo, "¿Qué me estás hablando?" "¿Qué brazo, queré, le digo, mirá, no te vuelta del otro lado?" -Delío, "¿Qué marca?" -¿Qué queré, le digo? -¿Crees que me saco la remera? -Sí, se me salió la remera, me salió la remera. -Me sacaba un foto de frente de espalda, "A ver, ahorita, boca", -Suscala el lenguaje para un lado para el otro. -Ofaldo estaba en shock, pero hizo todo lo que le decían. Luego lo sacaron de esa sale y lo volvieron a llevar a los empujones hasta el calaboso. Me entendía nada de lo que estaba pasando. Desesperado, antes de que el policía terminar a deserrar la reja, le pidió por favor que lo dejaran llamar a alguien de su familia. -Ahí me dijeron. "Gregándome?" "Sí, ya estamos en esta tu familia, lo que pasa que no quieras venir." "Entonces, sonidos, yo conozco a mis familias, dos minutos está acá, "dejame hacer un llamado." -Pero no lo dejaron. Ofaldo estuvo un tiempo más en ese calaboso. No puede decir cuánto, ya había perdido por completo la noción del tiempo, hasta que se volvió a quedar dormido. En ese momento, Osvaldo tenía un nm de siete años, Tomás. Se había separado así a poco de Carla, la mamá de su hijo, y había vuelto a la casa de su infancia en Villa Selina, que quedó al lado de la ciudad de Buenos Aires. Eran dos casas en un mismo terreno, donde vivían su hermano mayor Roberto, con su esposa y sus dos hijos, sus abuelos maternos, unos tíos y un primo. Su mamá había muerto cuando tenía 17 años, y su papá había vuelto a formar pareja y se había mudado otro barrio junto a sus dos hermanos menores. Ese día, ya pasado el mediodía, llegó la primera señal de la arma para la familia de Osvaldo. Este Roberto, el hermano mayor. Carla nos había llamado por teléfono para preguntarnos si sabíamos de oha que no había ido o cara Tomás, Alene. Era una cita la que jamás faltaba, por eso a Carla le llamó la atención que no llegara, y más aún que ni siquiera le hubiera avisado que no iría. A Roberto también le pareció extraño. Llamó algunos amigos de Osvaldo para ver si lo habían visto, pero nadie sabía nada. Y a la tarde viene la policía a certificarse y ahí vivía Osvaldo, pues obviamente le preguntamos por qué no nos quisieron dar información, y nos dije no, no, no, solamente certificarse acavió de esa persona. Ya con la policía en su casa, Roberto confirmó que algo estaba pasando con Osvaldo. Se acercó a la comisaría de su barrio, conoció uno de los policías que trabajaban ahí, y le pidió que lo sudara encontrarlo. El policía llamó un centro de operaciones, donde se reportan accidentes y derivaciones de heridos hospitales. Pero ahí no había ningún registro de Osvaldo. Era una buena noticia, pero había que encontrarlo. Así que el policía hizo otra llamada. Esta vez a otra comisaría. Y ahí donde veo que le cambie la cara y él me comunica a ver, la unión de que te puedo decir es que está ahí en la comisaría 40, de parque a la bellaña, a cercate y consultá ver qué información te puela. Roberto no entendía que pudo haber pasado, pero se tranquilizó un poco el saber dónde estaba. Antes de tomar un taxi hasta la comisaría, compro una coca cola y unos enguchitos para llevarlo a Osvaldo. Era un viaje de unos 20 minutos aproximadamente. Cuando llegó, ya era cerca de la media noche. Después de tantas horas de tratar de ubicarlo, ahí donde le encuentro en una celda. Cuando escucho el ruido de que se abre la reja, y lo vean mi hermano me levanto el ego. Por favor, sacáme de acáme. Sacáme de acá, ayudáme. Lo desfijate que está haciendo con mío, porque estoy atado de 10 semanas. Me trajieron por una averiguación atescente y me salieron con mi relación. Ví su rostro de desesperación, de saber de que era una injusticia tan grande que él no la podía entender. Lo que menos imagino Roberto cuando iba a caminar la comisaría, es que su hermano lo estuvieran acusando de un delito así. Al osumo, pensó, se habría peleado con alguien, pero jamás esto. El encuentro duró a solo 5 minutos. Se llegaron a dar un abrazo como si no subieran visto en años y enseguida un policía saco Roberto de la celda. Roberto le preguntó al oficial que era lo que estaba pasando. Vírate tranquilo que mañana el mediodía está comiendo los fido con ustedes de me dice, como dándome un manto de seguridad que no era nada grave. Eso calmó un poco a Roberto. No tenía ninguna duda sobre la inocencia de su hermano. Seguramente todo se trataba de una confusión y enseguida a lo liberarían. Me quedé tranquilo hasta que al otro día el mediodía nos llevaba como los fídeos. Osvaldo pasó toda esa noche el domingo en la comisaría y en la mañana del lunes lo subieron un camión, esposado otra vez. Frente suyo viajó a un policía que no le quitaba la mirada encima. En uno de los asientos alcanzó ver una pila de carpetas, parecían expedientes. Lo llevaron hasta el edificio de tribunales en pleno centro de Buenos Aires. Me bajan y me llevaban a una cosa que les llamaban buzones. Buzones, una celdas de un metro y medio de ancho por doce largo, totalmente cerradas. Me tiran ahí, cierra la puerta y eso es absolutamente un muero, curo de. Té estrico, ferío. La celdas tenía una cama de cemento y una regilla en la puerta por donde cada tanto le pasaban a lo de comida. Estuvo varias horas ahí, hasta que un guardia lo vino a buscar y lo llevó a un oficín a algunos pisos más arriba. Lo recibió la secretaria del juez y le dio la información de rigor que si quería declarar, tenía derecho a tener un abogado. Y si me acuerdo que le dije, "Mirado, yo me pongo al salud y se me la justicia". Pero no tengo solo nada que ver con lo que me dices. De todas formas, le dijeron, le pondría en un defensor oficial. Desde ahí lo llevaron a otro sector de tribunales.
Las gioneras, unas en las grandes donde puede haber astunos en cuenta presos en cada una. Le pidieron a los baldos que no se esperaba, que caminara por un pasillo entre medio de esas células y que mirara detenidamente a los presos que estaban ahí. Y que de todos ellos, elegiera los que creía que físicamente eran más parecidos a él. Yo era el destrec que tenía como estaba y con la gente que se venía a pegar a Barrot, que estaba tomando, que estaba tomando. En punto de la gente no me emocé, no me acuerdo, yo no veo nada que parecía a mí. Delegí los juegos de ella. El guardia sacó algunos hombres de las gioneras y lo llevó junto con los baldos de otra sala para participar de una rueda de reconocimiento. Cada uno se paró en un lugar con un número, como en las películas. Del otro lado de la sala, detrás de un vidrio, una víctima intentaba reconocer si alguno de esos hombres había sido su atacante. Pero ellos no podían verla, pero si alcanzaban a escuchar toda la conversación que mantenía con la Secretaria del juez. La chica, parecía ahí, no, de verdad que pasó mucho tiempo, yo no me acuerdo, estoy confundida, creo que ninguno. Pero la Secretaria del juez le insistía, le decía que tuviera en cuenta que se podría haber cambiado el peinado, que se fijara más que nada en la contextura física. Entonces la chica decía que no estaba segura pero que tal vez el dos, y la Secretaria del juez le decía. Sacando el dos, cuál le decía que cuesta. Le de la pieza estaba en el cinco, no sé, y la pie ha decía, no sé como el cuatro, como el cinco. Y le decía, y el cinco en qué grado de reconocimiento crece. Se había que ver a todo como induciendo a que termine el higiendo en la queso que quería. Ya había pasado el medio día y osvaldo, por supuesto, no había llegado a su casa. Así que Roberto regresó a la comisaría. Están tribunales, lo citó el juez y le va a tomar reclaración. Dice, termina de tomar la declaración y lo van a liberar. Todo esto me parecía algo normal, vuelvo a repetir el desconocimiento total de lo que era una causa judicial o el proceso de atención de una persona. Se volvía a su casa, esperar, pero lejos estaban deliberados, valdo. Ese anoche lo dejaron en los gusones de tribunales y a la mañana siguiente volvió a participar de más ruedas de reconocimiento. Fueron ocho en menos de dos días. Supon tonce, que no lo usaban sólo de una violación, sino de muchas más. Eran 17 expedientes que estaban en esas carpetas que había visto en el camión detrás lado. Casos de los últimos tres años, en los que chicas de entre 14 y 16 años, se anunciaban haber sido abusadas en los barrios de liniers, matadero, floresta, flores, parqueabellaneda, versalles. Todos esos barrios que intercieron a la mitad, donde había casos de violación, donde había una de las anuncias de alguien y no se cuatró el culpable. Ese caso era un posible autorso de esos hechos. Lo acusaban en otras palabras de ser un violador serial. La noche del martes, casi tres días después de su detención, lo volvieron a dejar en buzones y en la madrugada escuchó que habrían la reja de su Zelda. Los sacaron de tribunales y lo subieron un camión, nuevamente esposado. Había otro 7 o 8 presos más. Suelo sabía donde yo viajamos un montón y llevamos a ver con lejos veritencieron que irían a número 2, marcófas. Marcos Paz, un penal de máxima seguridad a unos 90 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, donde cumple en condena unos 2.000 presos. Allí suelen ser trasladados, por ejemplo, los narcos más peligrosos del país. Obaldo estaba mudó, no había pronunciado ni una palabra en todo el viaje. Pero cuando estaban entrando, otro de los presos que viajaba con él le preguntó por qué lo habían detenido. Le dijo la verdad, que lo acusaban de violación pero que él no tenía nada que ver. "Calla, te no digas eso, sigue robada, sigue, quise te roba un auto, me dice que no digas eso, lo está armada." Todo el mundo lo sabe. Los violadores no son bien recibidos en las cárceles, ni por los guardias ni por los otros internos. Al ingresar los pusieron a todos contra una pared de frente, con la naricia y el pecho pegados al muro. Los policías lo seban llamando de a uno. Al primero lo tiraron al piso, la arrancaron la ropa y se lo llevaron a otra habitación. A los pocos segundos, Obaldo escuchó gritos y quejidos, le estaban dando una paliza. La misma situación se repiteo con otro de los presos y luego con otro más. Hasta que llegó el turno del que estaba al lado suyo. "Ya dije, bueno, esto hace para todos." Lo agarraron y le sacaron la ropa. Los policías hicieron pasar por un pasillo donde había varios policías que le pegaban patadas y punietazos. Así llegó otra habitación, donde hicieron una revisión médica. Cuando terminó, tuvo que volver a pasar por ese pasillo, recibiendo a través los golpes. Pero eso no fue lo que más ella afectó, sino lo que una de los guardias dijo inmediatamente después. "Me ciego de puerelo con el losso, no sé, tal, con man, peralta, con sale, tiró las pecios. Que la vez pasada se violaba una de estos. Yo digo me quedó, me quedó porque si tenía algún tipo de interesa psicológica ahí me quedó. Me había perdido como casi muer, no te mueras así decirlo, porque me pasa algo que no quiero ver en base. Yo me cuento, yo lo tenía todo pensado, me rompía la remera y me arcaba con la remera. Y me había una situación como súper traumatica para mí que no le iba a jugar su fortale. Ni en el momento que esté pasando ni más adelante. Una pago si volvemos. En Nueva York, Lorena Borja será la protectora de latinas que han aprendido a sobrevivir tres veces, como mujeres trans, como el migrantes y como trabajadoras sexuales. "Yo voy a llegar a donde tenga que llegar como una perra, pelear con garras y uñas." Pero cuando ella murió, "Nadie va a poder llenar los zapatos de la señora Lorena Borja." Soy Rula Abilamonios, él les invito a un mundo feroz y brillante. Donde mujeres tres veces marginadas libran una cuarta batalla, no solo para sobrevivir tras la muerte de su madre protectora, sino para prosperar en un mundo lleno de amenazas, armadas de tacones, lentejuelas. Si hace falta, un buen shot de tequila. Escuchas central las reinas de Queens, como parte de mi cultura Podcast Network. En la abde a Hard Radio, a Pop Podcasts, o donde sea que escuches sus podcasts. Somos vuelta en ráambulante a Neri Escasasus, no sigue contando. Cosvaldo avanzaba con los otros presos y los guardias por un pasillo camino a su calaboso. El proyecto largo, como de unos 300 metros, no podía pensar en otra cosa más que en el oso. Su supuesto compañero de Zelda. El camino parecía interminable. Cuando ahora en la Zelda estoy sol y me cierra la Zelda, nada, es una de las regasorares y en un punto también en la angustia de tener esa sensación de lo que me hicieron que iba a pasar, pero estar viviendo la realidad que no iba a pasar. Porque las células, afortunadamente, eran individuales. Eso era un enorme alivio, pero tampoco podía descuidarse. El fantasma de losso o de cualquiera amenaza a ese tipo, lo seguía tormentando. La primera noche me la pasé. En vez de agotarme, me quedé acosado la cuesta. La fuerza era corrediza. Entonces, mi idea era cuando quieran entrar. Pana, abrié la puerta y yo me la caer para afuera, porque sí acosaba la fuerza. Y así, ya fuera de su Zelda, podría defenderse mejor. Os valdo sentía que en ese lugar, no podía confiar en nadie. De acá no voy a sacar a algunos medios, no, no. Yo creo que quiero que se arregló de seguirme a la miradora acá. Venía a alguien en mi hablaba y con mi mejor cada de culo de con esta base, con mi hijo y me sentaba en otro lado solo. Abajo una ventana del payo, mirando todo lo que pasaba. Aucervó la dinámica del lugar. Quienes eran los que mandaban, a quiénes sabía que pedirle permiso para hacer cualquier cosa. ¿Cómo actuaban los que recién ingresaban? Se respiraba un ambiente muy espeso. La densidad de la ir es. es es es es percibo. ¿El que hagas es una bomba de tiempo? ¿Un cualquier momento está todo bien o está tomando? Rápidamente, Osvaldo aprendió la rutina dentro de la carcel. La mayor parte del día los presos estaban encerrados en su Zelda. En una cama, una mesa, un inodoro y un lavamanos. A ellos, Osvaldo leía, les escribía a Cartas a su familia y hacia gimnasia. Unicamente podía salir en los momentos de las comidas y de la ducha. Y solo algunos días pasaban cosas excepcionales. Si tenía suerte, entraba en itación. 10 para jugar al fútbol, 10 para ir al cine. El cine, un espacio donde ponían unas utacas y proyectaban alguna película en un televisor. Pero el mejor momento era los fines de semana. Cuando estaban permitidas las visitas y podían pasar todo el día fuera de la Zelda. En los espacios comunes. Roberto se había enterado de que Osvaldo lo había trasladado un penal de máxima seguridad cuando, cansado de esperar a que volviera,
fue a preguntar por el atribunal es. Simplemente le dijeron a un tormano hasta acá y le dieron un papelito con los datos de contacto de la carcel. La noticia dejó sin aliento a toda la familia. Cada uno lo fue llevando adelante como pudo. Bueno, mi viejo con mucho dolor, mucha tristeza, lloraba mucho, mi sabor lo mismo, mis hermanos también porque era la injusticia haber a tu hermano detenido y no saber qué hacer. Pero no se dejaron paralizar, enseguida empezaron los trámites para ir a visitarlo. Tenían que presentarse certificados de antecedentes penales y otros documentos. Cuando reunieron todo y les autorizaron la visita, proverte su papá salieron rumbo a la carcel. "Si llegamos a un mundo nuevo para nosotros totalmente nuevo, porque no conocíamos nada lo que era estar detenido en una carcel de máxima seguridad, si me habíamos las rejas, los arambrao no entendíamos nada era como una película para nosotros." En esa primera visita le llevaron varias cosas para comer. Que esos dulces, un budín que le había cocinado Roberto, llerva para el mate, pero no tenían ni idea de cómo era una riquiza y al momento de ingresar la revisaron todas las cosas y muchas de ellas ni siquiera las pudieron pasar. Apenas vieron a Osvaldo en la sala de visitas, se dieron un abrazo fuerte los tres. Y ahí, medio como que ahí nos empezamos a enterar de cómo iba el tema de la causa de él. Osvaldo les contó que lo estaban acusando no solo de una violación, sino de muchas más. Ya los días previos a la visita, Roberto había empezado a moverse. Necesitaba encontrar un abogado que le pudiera dedicar más tiempo al caso. Ya no podía seguir con el defensor oficial. Y había contado un compañero de trabajo que era abogado por lo que estaba pasando su hermano, a ver si podía ayudarlo o al menos darle algún consejo. Y si yo no me fresco porque yo violador no defiendo, me hizo. Y eso fue también un volpazo porque imaginate que dían que tu hermano asumielador y sabiendo la inocencia del día uno y así fue con varios abogados que traecian literalmente, prefiero defender un tipo que haya matado a una persona que aún violador. Así que en ese primer encuentro, Osvaldo y su familia decidieron llamar a un abogado al que conocían por otro caso. Y es que Osvaldo y Roberto son sobrevivientes de la tragedia de cromanión. Quizás les suene ese nombre porque en radioambulante contamos la historia en el episodio de los Pibes. Pasó el 30 de diciembre del 2004, cuando la banda casejeros de aún concierto y una vengala provocó un incendio en la discoteca, dejando 194 muertos y más de 1.400 heridos. Funa de las mayores catástrofes en la historia argentina. Tanto solo tres años después de aquello, cuando Osvaldo recién empezaba a superar el trauma, fue que la policía lo de tuvo en la calle. El abogado enseguida aceptó defenderlo y a ellos Osvaldo empezó a tener más detalles de las causas que tenían su contra. En las denuncias, las víctimas habían declarado que un hombre que iba en moto la se había atacado. Según la descripción aportaba por las chicas, era Rubio, tenía piercings y tatuajes. Nunca manejé moto, no tengo el registro, no sé cuento si es moto. Nunca. Yo, no soy Rubio. Y nunca me tenía el pelo. Se aplaudía haber hecho cualquier el mariciguit. Quimico, a ver si alguna vez no se me dí, nunca me toqué. El pelo. Yo no tenía tatuajes. No tú es nunca, o sea, hubo un montón de situaciones que te decían. No es. Solo en unas tres causas se contaba con registro de adn del atacante. Pero hasta el momento Osvaldo no le habían hecho una prueba para cotejarlo. Con el correr de los días, lo fueron llamando para otras ruedas de reconocimiento. Los acaban del penal en un cambio esposado y lo trasladaban atribunales, donde participaba del mismo procedimiento que había tenido el comienzo. Y no se le daba a ser un número frente al vidro espejado. Pero ahora sí, ya con su abogado presente. Durante todas esas ruedas de reconocimiento, 17 en total, 5 de las víctimas habían creído reconocer en mayor o menor medida Osvaldo como su posible agresor. Y por eso debía seguir compresión preventiva. La familia, mientras tanto, sufría por no saber cómo más ayudarlo. Y un día, cuando ya había pasado casi un mes de la detención, tocaron el timbre en la casa de Osvaldo. "Sale, mi abuela. Si, en qué lo puedo ayudar, ahora me la puerta, si no se la tiro abajo. Mi abuela se dio vuelta y me mira, me dice, ¿Qué pasa?" Roberto se acercó a la puerta y vió varios policías. Les dijo que no hacía falta la violencia, que por supuesto los dejarían pasar. Uno de ellos le entregó una orden de hallanamiento. Y entonces, empiezo a leer la orden de hallanamiento, decía, "Posiera, tabliada, escolar, color azul, celular, con sticker, kitty, tarjeta, con número tal, a nombre tal persona". Una lista de cosas que la usador les había quitado sus víctimas. Los policías revolvieron las dos casas donde vivía la familia y no encontraron absolutamente nada de lo que había ni dobuzcar. Pero antes de irse, uno de los policías le dijo Roberto algo que le inquietó todavía más de lo que ya estaba. "Me dice, "Mirá, esto me parece muy raro porque a mí me mandan a pedir todo esto, pero no me cuenta de que no es así. Movete, me dice, flaco, me meten un consejo, me meten porque acá hay algo raro". Algo raro. Porque a pesar de todas las inconsistencias en el expediente, la causa judicial no ha avanzado demasiado. Y os valdo seguida detenido. Así que sí, tenía que moverse. Hasta el momento no le habían contado muchas personas por lo que estaban pasando. Solo al círculo íntimo familiares y amigos cercanos. Roberto decidió entonces que era hora de empezar a ser ruido. Con todos los vecinos se organizaron una marcha por el barrio. También salieron a pegar a fichas que decían, ni un violador suelto, ni un inocente preso. Lograron la atención y el apoyo del vecindario, pero la movilización no trascendió más allá de Villa Selina. Y mientras tanto, seguía pasando el tiempo con los valdo encerrado. Dos meses, tres meses, un día igual al otro dentro del penal. El día de la selva para comer y bañarse. Con suerte ir a jugar al fútbol o al cine. Los fines de semana las visitas. Su papá no faltaba jamás. También lo visitaba Roberto a veces su tía y Carla, su ex. A Tomás, su hijo, y habían dicho que su papá se había ido de viaje por un tiempo. Que por eso no lo estaba yendo a buscar. No esté con día mi hijo, a madre, en esa visita. No sé si se viene, ese mal, pero no podía arra. Pero me he empezado todo y no podía guardarme. Y en la extranía y entonces nada, acá estaba. No traje. Podía. O sea, se echaba de todas las listas de tu día, pero me he sentado que este día no está bien. Fue la única vez que Tomás, con siete años, lo fue a ver al penal. Y fue como si por un instante, os valdo recuperar a su libertad. Que esa fue la, como una sensación de mal. Si me permitía salir de ahí, un segura. Roberto, mientras tanto, seguía pensando qué más podía hacer para lograr la libertad de su hermano. El reclamo tenía que hacerse oír más allá del barrio. Así que se lo ocurrió organizar un festival de música en la zona donde había no ocurrió los ataques que le atribuían a Osvaldo. La consigna sería la misma y ahora también estaría pintada en una bandera. Y un violador suelto, ni un inocente preso. Consigó que varias bandas amigas tocaron el festival y se empezó a correr la voz de que un sobreviviente de cromañón estaba preso por violación. Ahí los medios nacionales empezaron a interesarse por el caso. Casi cuatro meses después de la detención, Roberto empezó a dar entrevistas en la radio y la televisión. A mí los medios me decían, ¿y por qué tu hermano no pudo haber actuado así o por qué? Ya que esto, hermano, ¿por qué lo defende tanto? Esto les decía que conocía su hermano, que sabía que rincapaz de hacer algo así. Pero además le mencionaba todas las inconsistencias de la causa. La moto, el pelo, los tatuajes y los pírcins que Osvaldo no tenía. Las cosas que la policía ha habido a buscar a su casa y no habían encontrado. El abogado le decía Roberto que estaba presionando para que le hicieran la prueba de ADN y con esos resultados deslidarlo al menos de las denuncias que contaban con ese registro. Si obviamente esos resultados van a ser negativos y que con esa prueba, malas inconsistencias de la detención y todo, él iba a tratar de pedir la libertad de OA para que él pase el proceso libertad. Pero el tiempo pasaba y Osvaldo seguía en la carcel. No se había hecho amigos pero sí tenía algunos presos a los que consideraba más cercanos. Y de a poco, el miedo a sufrir un ataque dentro de la prisión se había ido disipando. No era un lugar para descuidarse, siempre había que estar alerta. Pero digamos que ya no era el mismo terror de los primeros días. O tal vez, simplemente se había acostumbrado a convivir con él. En junio de 2007, cinco meses después de haber sido detenido, Osvaldo estaba como siempre en su Zelda. La puerta tenía una pequeña mirilla con una tapita de acrílico que si la levantaba podía hablar lo que estaba pasando en el pavillon. La información la estaba andando en un canal de noticias. Veo un mapa de la capital como se va poniendo en rojo las zonas donde supuestamente eran casos SNN, que eran todo lo caso que me vincularon a mis 17 que hay en el principio. Desde su cel,
Obaldo trataba de escuchar los detalles de la noticia. Ese era la persona por la que él y todas sus víctimas estaban viviendo un verdadero infierno. No llegó a escuchar el nombre del detenido pero sí lo que había pasado. Un hombre estaba atacando una chica en el jol de un edificio y cuando llegó una vecina, el atacante escapó en su moto. La vecina logró ver el número de placa y ya muen seguida la policía. La policía buscó la moto y encontró a su dueño. Era rubio tenía pírcien y tatuajes. Cuando llenaron su casa encontraron varios objetos de distintas víctimas. Los mismos que habían ido a buscar a la casa de Obaldo y no habían encontrado. El detenido ya tenía otra condena a siete años de prisión por violación. Pero contaba con el beneficio de la prisión domiciliaria, porque el fallo no estaba firme. El violador actuaba siempre de la misma forma. Se bajaba de su moto, empujaba las víctimas al jol de entrada al une edificio y abusaba de ellas. Como trofeo, les robaba algún objeto. El elegía en general chica jóvenes, estudiantes de secundaria. Obaldo empezó a tarcabos. El violador seguramente había atacado minutos antes de que a lo de tuvieran aquella mañana de enero. Y algún vecino habría ayudado a la víctima. De ahí llamaba policía, de ahí viene el patricero, de ahí estaba el otro policía. A dentro hablando con la magnificada de ahí gente que estaba en el edificio, el otro policía estaba dentro del patricero, sus cuasos caminando y ahí es donde me detienen. Y luego los vecinos se reunieron en la calle para ver si la policía había logrado capturar al agresor. No paraba de hacer sus posiciones. Toda la historia se va armando como para adelante cuando yo digo, "Ah, por esto es, por esto aquello, por esto es lo otro". Pues eso me pidió las marcas. Las marcas que el policía le pedía que le mostrará serían las marcas que la chica le había dejado el agresor en los brazos mientras intentaba defenderse. Todo cerraba, pero de momento era tan solo un hipótesis de Osvaldo, o más que un hipótesis, una esperanza. Porque además muchos de los otros presos habían visto la noticia en la televisión. Como que a ellos empiezan a creer todo lo que yo venía diciendo, "Eso es lo que vos decías, ¿viste que se shock mal?" Y al otro día el grupo de internos más cercanos míos viene corriendo en ese "che guacho te va a tebar". Si le decían que van a dejarlo libre, era porque se habían enterado de algo más. Un nuevo prezo estaba llegando al penal, se llamaba Maximillano de Consoli. Y esa persona, según lo que me hizo los chicos que estaban más cerca del televisor, era el doctor de los hechos de las violaciones. Osvaldo no lo podía creer. En caso de violaciones que tenés preso a uno, que en la que, que enganchaste a la verdad, y entre todas las cadras el espena de que se llueve, ¿vastan por la era el mismo penal y pavelson? ¿Cómo va a que se puede pasar en una misma vida? Y osvaldo estaría cara a cara con él. Una pausa y volvemos. Yo voy a llegar a donde tenga que llegar como una perra, pelear con garras y uñas. Pero cuando ella murió, nadie va a poder llenar los zapatos de la señora Lorena Borja. Soy Rula Abilamuños, él les invito a un mundo ferocibrillante, donde mujeres tres veces marginadas libran una cuarta batalla, no solo para sobrevivir tras la muerte de su madre protectora, sino para prosperar en un mundo lleno de amenazas, armadas de tacones, lentejuelas, y si hace falta, un buen show de tequila. Estamos de vuelta a Neri sigue con la historia. Cuando los otros presos le dijeron a Osvaldo que el verdadero autor de las violaciones estaba entrando al mismo penal, pensó que le estaban mintiendo. Era demasiado inverocímil para ser real. No podía ser cierto. Pero los otros presos le decían que sí, que era él y Maxi. Le inflan la cabeza y qué sé, le quise, y yo conté la bronca al mundo hoy, lo encaro a este pie, le gustó. ¿Qué hace? ¿Cómo da? Pues, sí, ¿por qué estás? No, fue un robo de tu amor, me dice. "Ah, le digo, no es nada que veo a la liú. Y le digo esto voludo. Me dicen que voy a tener las cosas que, por las que yo estoy acá, de mazco, le he hecho, me dice, "No es nada que veo nada que haga". Osvaldo le crió. Tal vez los otros presos solo querían provocar una pelea. Dio me di a vuelta y se fue. Dos días después, de madrugada, los guarde llamaron Osvaldo y lo subieron esposado un camión. Le dijeron que debía presentarse una vez más, entre una vez. Es algo que había pasado varias veces durante los meses en prisión. Al llegar, lo dejaron en busones, le pasaron algo de comer por la regilla, y al rato lo vinieron a buscar y lo llevaron con la secretaria del juez. La mujer le entregó un documento de dos hojas escritas de ambos lados para que lellera. Donde me decía que los cotejos de registro de ADN le habían dado cientos por cientos compatibles a Maximiliano y Consol. Ahí como se empieza a transformar todo el cuerpo a la cara, la cinta un fuego como bronta por dentro. Pero a pesar de que ese documento lo absolvía, esto era solo uno de los hechos que le atribuían. Por eso lo sacaron de tribunales y lo llevaron nuevamente al penal, tenía que seguir en la cárcel. En el trayecto fue juntando cada vez más brunca. Ahora si era claro que Maximiliano era el autor de al menos uno de los casos por los que él estaba ahí, y probablemente de los otros que también le adjudicaban. Ya estaba entrada la noche cuando llevó de regreso al penal. El guardia aclebrió la reja, lo acompañó camino a su Zelda, pero en un momento se adelantó unos pasos. Os valdo aprovechó el descuido, se acercó hacia el teléfono que estaba en el pasillo y rápidamente con una tarjeta que tenía para llamar, marcó el número de su casa. Suera el teléfono de línea, mi casa me atiende mi hermano y me es el alflaco, ese lo han traído y si lo tengo en la Zelda al lado. Dego a el dedo, estoy acá al por el estijo de hermit, pústa mañana me quedó antilomado. Del otro lado del teléfono Roberto trataba de contenerlo. Le decía que no, que el preso que estaba al lado de su Zelda no era quien él creía. Lo decíamos que no, que no, que no, que no era para que él no actuara, no, no se dejará llevar por por el impulso de la injusticia de lo que pasó. La llamada fue corta porque enseguida el guardia, vino a buscaros valdo y se lo llevó a la Zelda. Era un manojo de ir incontenible, pero pasado el rato logró quedarse dormido. Y la próxima cena es que me abre la reja y yo me levanto, se ha sacado, me levanto. Y yo va, yo va a salir a karma, piña, mínimo, a cada arma, piña, me ha hecho algo. Entonces nada, cuando estoy saliendo, me dijeron como tres, cuatro personas de los que con mi rancho, como se dice ahí, la gente con las que más hablaba. Así que yo, como que no me dejaron salir y me dije, "ah, para, para, al marx", y se lo llevaba. En la mañana, bien temprano habían trasladado Maximiliano otro pagallón. Probablemente los carceleros escucharon los valdo cuando hablaba con su hermano y quisieron ahorrar su problema. Con el resultado de esa prueba de ADN, el abogado había pedido su excarsilación, pero la justicia que había actuado tan rápidamente para su detención ahora no parecía ser tan velos. Pasaron algunas semanas más, y el siguiente recuerdo que tiene un valdo es un nuevo traslado a tribunales. Cuando me llevaron ese día, fui con cero expectativa, porque me había ido un montón de veces y había vuelto todas esas veces. No se quería ilusionar. Cuando llegó, lo dejaron una vez más en buzones. Espero ahí unas tres o cuatro horas hasta que lo fueron a buscar y lo llevaron a una oficina. Lo recibió un hombre detrás de un escritorio. Le dijo que quedaba desvinculado de otras tres causas que aún tenía en su contra. En las que se contaba con ADN, la muestra había descartado cualquier compatibilidad con los valdo. Y en las otras, nuevas declaraciones de las víctimas habían sido determinantes para confirmar su inocencia. Al ver la foto de Iconsole en la televisión, una de las chicas que en las ruedas de reconocimiento había confirmado que los valdo era su agresor, volvió a tribunales para retractarse. Le dijo al juez que no había podido dormir desde el momento en que vio aquella imagen en los medios. Ese había sido su atacante. No os valdo. Ahora sí, no tenía ninguna duda. Pero el valdo todavía no estaba del todo libre de problemas, aunque había pegado el hecho de anunciar el mismo día de su detención. Estaba imputado de tentativa de abuso sexual. Por eso no se imaginaba lo que le dijeron justo después. Pero me dice "bueno, orirle que se va, no se que. ¿Cómo que me voy?" Le dijeron que por ese caso podría esperar el juicio oral en libertad. El mabrero una fuerte estaba la calle ahí en Trionago. Como se esa fuerza ahí como. Nada, ni entendía, solamente nada. La ella perdió como se subía como se pedió un colectivo, como si fuera como si me llevaba a China y me dejara a salir. Lo era que nunca fui y que no sé para dónde ir, que la gente me. todo me, todo me atubre de. Así, completamente aturdido en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, fue este un teléfono público.
de irse de tribunales le habían dado un par de monedas para que pudiera ser una llamada. Marcuel número de su casa lo atendió Roberto. "Mis si qué pasó, ¿dónde estás? ¿Dónde estás llamando? "Estoy acá, estoy en libertad, ¿me hiciste? "Yo no me fue allá, ya, ya, ya, ya, que hasta ahí no te voy." Un rato después, Roberto, el papá y un tío de Osvaldo, llegaron a buscarlo. Por fin, estaban libertados. No lo podían creer. Era 24 de agosto de 2007. Había pasado siete meses en la carce. Fueron un bar y pidieron unas pizzas para festejar. Luego volvieron para su casa en Villacelina. Ayer lo estaba esperando el resto de la familia y varios amigos del barrio que ya se habían enterado de la noticia. Apenas entró, Osvaldo fue corriendo obrasar a su abuela. Ella era todo para él. "Y ella me acuerdo a abrazar la hija, a su hora, ni juro de escuchar el corazón como la estía. Fisó siempre digo a esa situación, mal mismo era flojada la pie. Y ese día, creo que fue el primer aviso de que me bajaron todas las termicas como digo yo de ese ansibiría." No se reconoció en esa reacción. Antes hubiera quebrado, pero ahora sabía que el paso por la carce lo había cambiado por completo. Volver a su vida de antes no fue nada fácil. Había perdido los trabajos que tenía antes de quedar preso y ni siquiera quería salir de su casa. Pasó casi todo un año encerrado y cuando salía guardaba con cuidado los boletos de colectivo para eventualmente poder comprobar dónde y cuando había ido a cada lugar. "Yo sosfapeles me acuerdo a tener hasta que se borrar. Los tenía hasta que la tinta desapareció y tenía solo los papeles blancos." El miedo a que lo apresaran de la nada, como ya había pasado, lo atormentaba. Pero con el apoyo de su familia, de a poco se fue recuperando. Volvió a trabajar y decidió terminar el año de secundaria que le quedaba pendiente en una escuela para adultos. Fue retomando la rutina mientras esperaba que llegara el juicio por el único caso en el que aún estaba imputado. Para Roberto, era como si os va a vivir una libertad a medias. Seguía entando encerrado. Estando en libertad en su cabeza y todo su ser era conseguir la libertad completa que era quedar limpio de todas estas. ¿Cuáles asagusaciones? En mayo de 2009, cuando habían pasado casi dos años de su liberación, al fin fijaron fecha para el juicio oral. Durante las audiencias, la víctima declaró ante los jueces que no era capaz de identificar a su agresor, porque lo tuvo siempre de espaldas mientras le pegaba, le tapaba la boca y le intentaba bajar los pantalones. ante la falta de pruebas, el tribunal terminó absolviendo Osvaldo. ¿Trabiéndole que el saliera como entró totalmente limpio de la mayor duda de que no había sido? Cuando no, 30 años de prisión. Osvaldo jamás lo volvió a ver. La pesadilla al fin terminaba. Durante mucho tiempo, Osvaldo estuvo enojado con el verdadero violador, incluso por momentos hasta con las víctimas, que en medio de un estrés postraumático habían creído reconocer en él a su agresor. Pero luego comprendió que en realidad era víctima del sistema. Me quedaste gusto, va nada de que pueden agarrarte en la calle en la eterna de 13 meses, donde quiera, o quizás más, 15 años, no sé, y real de la vida. Y que ni siquiera nadie, en un nombre del estado, haya sido capaz de pedirle perdón. ¿En qué nadie te día, me equivocué? O decirte que eso, mira, si, o el de la pasad te recono el culo, pero acá tené y se resuelto del futbol. Le quitaron tiempo de compartir con mis familia, con mis abuelos, con mi viejo. Hoy en día esas personas no están y ese tiempo no se lo devuelen a nadie. Pero lo que más le doles, Osvaldo es que hoy, 19 años después, esa sensación de frialdad que sintió cuando abrazo a su abuela al salir, sigue estando ahí, intacta. Cuando lo entreviste en julio de 2025, hacía muy poco que había muerto su padre y me dijo que todavía no lo había podido llorar, que no se había permitido hacer el duelo. Lo más feo es todo lo que mejor, pues, todo esto que te iba a pagarme, es conocerme a una gran pulga. Casi con la gran pregunta infinita de "Lo puede dar vuelta". Eso es lo que todos los días intenta hacer. Anderes Casasuz es productora de Radioambulante y vive en Buenos Aires. Esta es su herfoditada porque a mí la seguro y por mí, Bruno Celsa hizo la verificación de datos, el diseño sonido, es de Andres Aspiri, con música de Anaturán, Remilosano y Andres. El resto del equipo de Radioambulante incluye a Paola Leán, Adriana Bernal, Diego Corso, Emilia Arbetta, Camilo Jiménez, Santo Fimio, Germán Montoya, Sara Selber Ortiz, Samantha Pro Año, Nadalia Ramirez, Lina Rincon, Juan Pablo Santos, David Trujillo, El Saliliano Uyó, Luis Fernando Vargas y Mariana Súñiga, Carolina Guerrero, Zasillo. Radioambulante es un podcast de Radioambulante Studios, se produce ese mezcla en el programa "Hindenburg Pro". Tienes un amigo que esté aprendiendo español, cuéntale de "Jive World", nuestra aplicación para practicar español con las historias de Radioambulante. Vosres reales, asientos reales, historias reales, el español que se habla en Latinoamérica, entra ajota w.app y pasa el dato. Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apoyanos a través de "Ambulantes", nuestro programa de membresías. Visita radionbulante.org/donar y ayudenos a seguir narrando la región. Radioambulante cuenta las historias de América Latina, soy Daniel Alarcón, gracias por escuchar. En Nueva York, doren aborjas protege a latinas que han aprendido a sobrevivir tres veces. Como mujeres trans, como inmigrantes y como trabajadoras sexuales. Pero cuando murió, comenzó una cuarta batalla para prosperar en un mundo lleno de amenazas. Escuchas central las reinas de Queens, en la apte "I Heart Radio", apod podcasts o donde sea que escuches tus podcasts.
Podcast Summary
Key Points:
Osvaldo es detenido injustamente por la policía bajo la acusación de violación, sin pruebas ni antecedentes.
Es sometido a maltratos, aislamiento y trasladado a un penal de máxima seguridad en Marcos Paz.
La familia descubre su paradero tras días de búsqueda y enfrenta el estigma social al buscar abogados.
Osvaldo es acusado de ser un violador serial, basado en 17 expedientes de casos no resueltos.
Durante el proceso, es forzado a participar en ruedas de reconocimiento donde la víctima es inducida a señalarlo.
En la cárcel, sufre violencia física y psicológica, y debe aprender a sobrevivir en un ambiente hostil.
La familia lucha por su liberación, pero enfrenta rechazo de abogados por la naturaleza del delito imputado.
Summary:
La transcripción narra la historia de Osvaldo, un hombre detenido arbitrariamente por la policía bajo la sospecha de violación. Desde el momento de su arresto, es tratado con brutalidad: lo esposan, lo encierran en celdas diminutas y lo trasladan a un penal de máxima seguridad en Marcos Paz. Durante el proceso, se entera de que es acusado de ser un violador serial, basado en 17 expedientes de casos no resueltos en varios barrios de Buenos Aires.
En las ruedas de reconocimiento, la víctima es presionada por la secretaria del juez para identificarlo, a pesar de su incertidumbre. En la cárcel, Osvaldo sufre violencia física y psicológica, incluyendo palizas y amenazas de otros presos, y debe aprender a sobrevivir en un ambiente hostil donde los violadores son despreciados. Su familia, especialmente su hermano Roberto, lucha por encontrarlo y contratar un abogado, pero enfrenta el estigma social: muchos abogados se niegan a defender a un acusado de violación.
A pesar de la inocencia de Osvaldo, el sistema judicial y penitenciario lo trata como culpable, sumergiéndolo en una pesadilla de injusticia y desesperación. La historia destaca las fallas del sistema legal y el sufrimiento de los inocentes atrapados en él.
FAQs
Osvaldo fue detenido en la calle por una averiguación de antecedentes, pero luego lo acusaron de violación. Lo llevaron a una comisaría, lo esposaron y lo trasladaron a tribunales y luego a un penal de máxima seguridad.
Lo acusaron de ser un violador serial, basándose en 17 expedientes de casos de abuso a chicas de 14 a 16 años en varios barrios. Sin embargo, él siempre mantuvo su inocencia.
Su hermano Roberto buscó información y descubrió que estaba en una comisaría. La familia se angustió, pero empezó a hacer trámites para visitarlo y buscar un abogado.
Osvaldo sufrió palizas al ingresar, vivió con miedo a otros presos y guardias, y pasó la mayor parte del tiempo encerrado en una celda individual. Aprendió a sobrevivir observando la dinámica del lugar.
Varios abogados se negaron a defenderlo porque lo acusaban de violación, un delito que consideraban muy grave. Finalmente, su familia contactó a un abogado conocido de otro caso.
Osvaldo participó en ocho ruedas de reconocimiento en menos de dos días. La víctima no estaba segura de identificarlo, pero la secretaria del juez la presionaba para que eligiera a alguien.
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