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Audio Nota IMR “Conceptualizando la política exterior feminista: apuntes para México”

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Audio Nota IMR “Conceptualizando la política exterior feminista: apuntes para México”

El documento analiza la conceptualización de la política exterior feminista de México, anunciada en 2019 y formalizada en 2020, posicionando al país como el quinto en el mundo y primero en América Latina en adoptar este enfoque. Se enfatiza que esta política no solo busca la igualdad de género, sino que también cuestiona las estructuras patriarcales y las desigualdades interseccionales, como raza, clase y orientación sexual. Se examinan las tres olas del feminismo: la primera centrada en el sufragio, la segunda en derechos sexuales y reproductivos, y la tercera en la interseccionalidad y la deconstrucción del género. Se destaca que la perspectiva de género se diferencia de una política feminista en que esta última aborda las causas estructurales de la opresión. Se presentan los casos de Suecia y Canadá, pioneros en esta iniciativa, con Suecia implementando la estrategia de derechos, representación y recursos. Para México, se subraya la necesidad de congruencia entre la acción internacional y la agenda nacional, especialmente en seguridad pública y violencia de género, así como la coordinación interinstitucional para lograr una transformación profunda hacia una sociedad más justa e incluyente.

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5983 Words, 38157 Characters

Spanish
El contenido del presente documento no refleja la postura oficial de la secretaría de relaciones exteriores. Nota de análisis número 6 del Centro de Investigación Internacional. Conceptualizando la política exterior feminista, apuntes para México. El gobierno de México se asume como un gobierno feminista. En base en esa convicción, ha llevado a cabo unas series de acciones orientadas al cansar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres en los ámbitos nacional e internacional. Particularmente en este último, en los foros internacionales en los que participa. Uno de los ejes que guía en la política multilateral de México es la igualdad de género y no discriminación. Al considerar que para lograr el bienestar y el desarrollo de las sociedades no se debe dejar a nadie atrás. En este marco, durante el 74 periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre de 2019, el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard Casabón señaló que México se asume como un país feminista y nuestra política exterior también no será. Con base en el anuncio realizado en las Naciones Unidas, durante la trígese y más primera reunión de embajadores y cónsules celebrada en enero de 2020, la Secretaría de Relaciones Exteriores presentó las bases y acciones de la política exterior feminista. Convirtiéndose así, punto con suesia, canada, parancia y noruega, en el quinto país en el mundo en adoptar una iniciativa similar y el primero en América Latina y el Caribe en poner en el centro de su acción internacional la igualdad de género y la promoción de una agenda feminista progresista. La propuesta conceptual de la política exterior feminista del gobierno de México contiene cinco linas de acción que buscan, desde la política exterior, orientar las políticas gubernamentales para reducir y eliminar las diferencias estructurales, brechas y desigualdades de género con el fin de construir una sociedad más justa y prospera. Más adelante serán analizadas. El objetivo de esta nota es esbozar un análisis teórico y conceptual sobre qué es una política exterior feminista, a fin de contribuir al desarrollo del planteamiento del gobierno de México. Para ello, se hace un recuento histórico del feminismo y se recuperan las principales acciones y experiencias de suesia y canada por ser los primeros países en poner en práctica esta iniciativa. Así mismo, se delinen algunas acciones generales sobre las que México desarrollará dicha política, la cual está enciernes y tiene un gran potencial para impulsar la igualdad de género. El argumento principal es que si bien México ha tenido avances importantes para alcanzar la igualdad de género, aún es necesario realizar avances más tangiblees para hacerlo realidad. En este sentido, para tener una política exterior feminista, no sólo se debe reconocer y reflexionar sobre el género como categoría, sino que también es necesario involucrar, nombrar y visibilizar nuestras vulnerabilidades presentes en muchas sociedades. De esa manera, se podrá lograr un cambio profundo en la forma en la que se diseña y se instrumenta nuestra política exterior. Así mismo, para que la política exterior feminista de México alcance su objetivo, debe ser congruente el que hacer internacional y la agenda nacional de igualdad de género. Si multaneamente al activismo de México en foros multilaterales, es necesario reconocer y modificar la realidad de discriminación y violencia que enfrentan mujeres y niñas en el país. Aunque México cuenta con el marco jurídico e institucional para hacer frente a retos como los feminicidios y otras formas de violencia contra las mujeres, una muestra tangible de su compromiso anunciado en las naciones unidas, la coordinación interbubernamental e interinstitucional será fundamental para la aplicación de la legislación vigente. Como ha sido el caso de otros estados y como se expondra más adelante, una política exterior feminista puede ser uno de los catalizadores de las acciones al interior. Una sociedad basada en la igualdad no se limita únicamente a la igualdad de género. De ahí que aprovechar los avances que México ha logrado en la materia puede ser un buen punto de partida para superar otras desigualdades de caracterizan a la sociedad mexicana. Por ello, la política exterior feminista de México debe de estar integrada a los esfuerzos nacionales más amplios como la instrumentación de la agenda veintetreina. Asimismo, a diferencia de políticas exteriores feministas en otros países, las mexicanas se desarrolla en un contexto con retos importantes de seguridad pública que, como sucede con la migración, el cambio climático y otros fenómenos, afecta de manera especial y diferenciada a las mujeres y niñas. En el caso de la seguridad, su fragilidad puede traducirse en una mayor incidencia de los delitos como metidos en contra de ellas, por lo que resulta indispensable que la cancillería, como la entidad que liderará la política exterior feminista, establezca una comunicación efectiva con las instancias encargadas de instrumentar la política nacional. Un eje de la política exterior feminista de México se aboca este objetivo. El feminismo y su trayectoria histórica. El feminismo puede ser visto y analizado desde dos aristas, como un movimiento social y como una propuesta teórica. Ambas se complementan y tienen como común denominador la crítica de los valores y las dinámicas patriarcales sobre las cuales estructuraron los estados y las sociedades mundiales. Cuando se produjeron las primeras opiniones favorables respecto al integración social de la mujer, consecuencia del debate ilustrado sobre términos como igualdad, libertad y derechos. Más allá de las ideas que resultaron de esas reflexiones, el cambio en el pensamiento que trajo consigo la ilustración no trastocó la concepción binaria de hombre y mujer. Cuyo espacio esignado dentro de la sociedad en función de su sexo, continuó marcando una división entre lo público y lo privado. Dicho de otra forma, a pesar de la reflexión sobre los derechos y las libertades, e independientemente de su situación social, el pensamiento ilustrado privó a las mujeres de una esperapropia de ciudadanía y libertad. A mediados del siglo XIX surgió la primera ola del Movimiento Feminista, de 1850 a 1920, la cual demandó derechos a los sistemas de poder masculinos, la inclusión de las mujeres a la parato institucional y abrió paso al discurso de la igualdad en relación con el O. Esta fue la primera etapa de una serie de reformas que el Movimiento Feminista impulsó en la Organización Política de las mujeres y la vida laboral. Ella permitió identificar los mecanismos de exclusión que se cuestionarían a profundidad en las siguientes etapas del Movimiento y los instrumentos de organización mediante los cuales se buscaría contrarestar la omisión de las mujeres en el espacio público. El elemento distintivo de esta primera ola fue el derecho al sufragio. A pesar de la fuerza que tomó la cuestión del voto de las mujeres, el Movimiento Feminista sufrió un repliegue tras lograr la obtención del mismo. Una de las razones detrás de ello fue la reducción de toda una revolución social a un problema único. Es decir, el carácter capitalista que revistió al Movimiento no prestó atención a las barreras de clase social y dejó del lado las necesidades de mujeres sobreeras sujetas a más vulnerabilidades. Al estar desconectado de las realidades de otras mujeres, el Movimiento sufragista fue incapaz de socavar la estructura patriarcal a un nivel lo suficientemente profundo como para promover la transformación de actitudes y estructuras sociales, instrucciones y de personalidad. Ello teopía el surgimiento de la segunda ola de 1970 a 1990, marcada por la lucha por los derechos sexuales y reproductivos y el cuestionamiento a las escrituras patriarcales prevalescientes. En esta ola se reconoció la importancia de las sufragistas y su lucha por los derechos políticos electorales de las mujeres. Pero estuvo marcada por el deseo de llevar a cabo una transformación profunda de la sociedad que fuera más allá del voto y abarcar a la vida cotidiana, las instituciones y la política. Entre otros derechos se exigían el reconocimiento al valor económico del trabajo doméstico, la igualdad de salarios y oportunidades entre mujeres y hombres y la despenalización del aborto. Las feministas de esta segunda etapa afirmaban que un cambio en la legislación, el derecho a votar no liberaba a las mujeres porque persistían estructuras de opresión de la mujer. Un concepto marxista que abarca a las expectos económicos que las colocan en desventaja frente a los hombres. De esta etapa surge uno de los lemas más importantes del feminismo. Lo privado es público. Cuyo argumento principal es que el mundo privado, la vida cotidiana, la familia y el trabajo, se articulan por medio de relaciones de poder, instalan múltiples desventajas y formas de discriminación hacia las mujeres. La tercera hola del feminismo, de 1990 a la fecha, ha estado marcada por una actrítica a las anteriores, ya que considera que las demandas políticas y económicas de estas no tienen en cuenta la multiplicidad de identidades culturales, sexuales y de género. Esta tercera etapa busca de construir el género, el cual está dictado en términos binarios y destacar las ventajas políticas de la pluralidad. En este momento surgen conceptos como la interseccionalidad, el cual busca visibilizar el problema de las exámenes. exclusiones creadas a partir de la embricación de las relaciones de poder que ocurran en contextos históricos y geopolíticos diversos, lo que permite reconocer las distintas formas de opresión. En otras palabras, se destaca la importancia de tener en cuenta las vulnerabilidades creadas a partir de otras categorías como raza, plase, etnia, referencia sexual, entre otras. Esta ola del feminismo se pronuncian contra de conceptos universales que no consideran contextos particulares y se centran en las experiencias específicas de las mujeres. La incorporación de las historias de género, igualdad de género y feminismo en los estudios de política exterior. Una vez analizados los orígenes y postulados de las distintas corrientes de la teoría feminista, es importante señalar que la teoría de género, la perspectiva de género y el feminismo son conceptos distintos aunque relacionados. Dado que México cuenta con una política exterior con perspectiva de género, es fundamental entender su significado y vínculo con una política exterior feminista. La Cuarta Conferencia Mundial sobre la mujer celebrada en Beijing, China en 1995, alcanzó una definición explícita de la perspectiva de género, la cual implica que antes de tomar cualquier decisión, se deben analizar los efectos que esta tendría sobre las mujeres y los hombres respectivamente. Al considerar la forma en la que las políticas públicas y otras decisiones tienen un impacto en los hombres y en las mujeres, es posible avanzar en medidas positivas para la igualdad entre ambos. Sin embargo, ello no significa que se atienden las estructuras que posibilitan y normalizan las prácticas de exclusión. Como se analizará más adelante, la diferencia entre la perspectiva de género y una política feminista radica en cuestionar y atender las causas estructurales de estas desigualdades y al utilizar al género como una de las categorías de análisis, entender al estado de una forma distinta. El estudio y construcción de las relaciones entre estados se ha realizado históricamente desde una perspectiva tradicional mediante una práctica basada en la figura del estado mismo, que se enfoca específicamente en observar lo que existe más allá de las tronteras de este. Esto se conoce como análisis convencional de la política exterior y su función epistemológica es explicar el proceso de toma de decisiones a través de un enfoque de solución de problemas. Este análisis presenta dos inconvenientes. El primero es que, a pesar de la naturaleza interdisciplinaria de las relaciones internacionales, se ha estudiado a la política exterior sin considerar la contribución que otras teorías, como la feminista, pueden aportar al análisis, ya que el enfoque tradicional interpreta el sujeto, tomador de decisiones, como máximo instrumentador de la racionalidad. La figura sujeto remite al segundo inconveniente, porque representa un césgo que inadvertidamente instrumenta una perspectiva masculina y, por tanto, parcial en capaz de reconocer como, en el terreno político, las identidades y discursos de género enmarcados en una lógica de binario producen multiple sopresiones que incide en el ejercicio de la política exterior. Un estudio, a partir de esa diferenciación binaria, establece la preminencia de un lente analítico, cuya percepción de los términos género y sexo no es neutral, porque al dar por sentada la validez universal de ese enfoque tradicional, define el comportamiento del estado como masculino. Para disminuir el césgo de esta interpretación de la realidad, un análisis no convencional ha incorporado paulatinamente al género como categoría social que aporta el estudio de la política exterior y, con esfuerzo a un mayor, ha buscado problematizar la implicación, es decir, el entrecruzamiento de las cuestiones de género con las cuestiones sociales y raciales de distintas categorías en vez de naturalizarlas. Contraario a lo que ha hecho la perspectiva convencional que construye discursivamente al estado y al sistema internacional mediante un enfoque de otra edad, legitimando la existencia de una identidad homogénea al interior de las fronteras. Desde luego, el género no es la única variable que puede incorporarse al análisis, ya que es necesario entenderlo como una categoría que opera a través de una interacción compleja o otras categorías sociales, lo que permite visibilizar las diferentes violencias que viven otras sociedades en sus distintos contextos históricos y geográficos. Más allá del enfoque no convencional que ha mostrado una avance en la incorporación del género como categoría de análisis, ha surgido una perspectiva que desde el feminismo postcolonial sujera pensar críticamente en el estudio de esas categorías sociales. A fin de desmantelar la perspectiva feminista eurostradounidense que construyó un concepto de hermandad muy específico, abocado a un solo discurso liberal y emancipatorio reconociendo solo una forma de opresión. El análisis postcolonial reconceptualiza la política exterior a partir de los siguientes elementos. Recentrar la interseccionalidad, superar la segregación de la categoráfica y reconfigurar el orden normativo. En otras palabras, resalta la omisión de raza, género, sexualidad y otras categorías como elementos de análisis ignorados en el estudio de la política exterior a fin de reincorporarlos. Busca combatir la visión homogénea de la identidad de un estado y contrarestar esa noción cargada de un estereotipo de género que naturaliza una simetría de poder entre los mismos estados y los grupos identitarios al interior de sus fronteras. Asimismo, proponen no solo fomentar la representación de las mujeres en la toma de decisiones. Si no ir más allá y reflexionar en torno a esa categoría, para evitar interpretarla desde una narrativa simplista que asuma sus experiencias y opresiones como identicas. El tercer elemento de ese análisis es fundamental, porque plantea la posibilidad de repensar el término mujer como identidad y como categoría de representación política y contribuye a reconocer que a pesar de que las mujeres han logrado introducirse y ser sujetas de representación en los espacios de toma de decisiones, los términos mujer y género no se constituyen de forma cuarente en los diferentes contextos sociales, sino que su construcción como conceptos se entre cruza con modalidades raciales, étnicas y de clase, lo que permite reconocer que la interpretación de estos se encuentra en constante can. En efecto, tanto el género como las variables que se intersectan no permanece ni igual en el tiempo. El ideal normativo implicaría que las identidades previamente reconocidas, no solo de sexo y género, puedan existir alternadamente, transformándose en función de los objetivos del momento y sus diferentes contextos. Las identidades se traducirían entonces en un conjunto abierto a múltiples coincidencias y discrepancias sin obediencia o un objetivo normativo de definición serrra. Intudablemente llegar a ese punto en la doctrina jurídica y política requiere de un trayecto sumamente amplio y mayor aún para traducirlo en políticas públicas. Sin embargo, la conceptualización de una política exterior feminista en el largo plazo debería seguir ese rumbo, lograr sociedades incluyentes a partir no ya de categorías cerradas, sino de identidades flexibles y accesorias al beneficio de las políticas públicas, incluida la política exterior. A partir del anterior, a continuación se retoma la siguiente definición de política exterior feminista. Es un marco que leva al primer plano la experiencia cotidiana de las comunidades vulnerables y partiendo del reconocimiento de las diferentes violencias y discriminación que mujeres y otras colectividades han experimentado proporciona un análisis más amplio y profundo de los problemas globales. Por ello, da un paso más allá del enfoque de la caja negra del pensamiento tradicional de política exterior y su enfoque en la fuerza militar, la violencia y la dominación al ofrecer un replanteamiento alternativo e interseccional de la seguridad desde el punto de vista de las poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad o históricamente discriminadas. Es un marco de política multidimensional que tiene como objetivo elevar las experiencias y la agencia de las mujeres y los grupos marginados para examinar las fuerzas destructivas del patriarcado, el capitalismo, el racismo y el militarismo. Conforme a esta definición, se observarán los primeros proyectos de política exterior feminista en el mundo. La política exterior feminista en el mundo. Partiendo de los planteamientos previos, se tratarán los casos de Suecia y Canadá. Por ser los primeros dos países en adoptar una política exterior feminista. En octubre de 2014, Suecia se convirtió en el primer país del mundo en asumir públicamente una política exterior feminista. Para mostrar que la implementación de esta estrategia incidiría en los planos externo el gobierno nombró un gabinete tendiente a la paridad de género en el poder ejecutivo y legislativa. En 2018, subícuenten los dinero 5 países con mayor igualdad de género en oportunidad y participación económica, rendimiento educativo, empoderamiento de salud y político de forma consistente. Las acciones que se instrumentarían para darse guilimiento al oro de su supasión, objetivos quedaron asentadas en el manual de política exterior feminista sueca. Un documento que contiene las estrategias que el país ha llevado a cabo para incrementar el número de mujeres en espacios donde su participación es visiblemente desigual respecto a los hombres. Este documento señala que la política exterior feminista conlleva la aplicación sistemática de la perspectiva de género en la política exterior, ya que la igualdad de género es un objetivo en sí que además es esencial para alcanzar otras metas como la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible. En consecuencia su estrategia parte de tres ejes o triple R, rights, derechos, representación, representación y resources, recursos. Cada uno cuenta con líneas de acción en el ámbito interno, a fin de 4 bar en la consecución de una meta específica, igualdad de género global. Con base en los tres ejes y esa meta específica, el gobierno sueco diseñó una estrategia que planea instrumentar a nivel internacional, a fin de que hombres y mujeres tengan el mismo poder de incidir política, social y económicamente en su propio entorno. Esta estrategia de transición contiene seis objetivos que se acompañan de una serie de direcciones a nivel internacional e interno. 1. Derechos humanos de todas las mujeres y las nombres. Mediante el impulso a las declaraciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Matrimónio Infantil, Precos y Forzado, y sobre protección contra la violencia y la discriminación basada en orientación sexual e identidad de género. 2. Mujeres sin niñas libres de violencia mental, física y sexual. A partir del impulso sueco para que el Consejo de Seguridad estableciera la violencia sexual y de género como un criterio de sanción internacional. 3. Participación de mujeres y niñas en la prevención y resolución de conflictos y el restauración de la paz. 4. Participación política e influencia de mujeres y niñas en todas las áreas de la sociedad. 5. Derechos y Empoderamiento Económico de mujeres y niñas. Este tema se trata desde dos aristas. Por una parte, favorecer la participación de las mujeres en el mercado laboral y capacitar a las niñas y mujeres para que accedan a mejores puestos de trabajo. Por otra, incorporar la perspectiva de género en los centros de trabajo y en los organismos internacionales. 6. Salud y derechos reproductivos de mujeres y niñas. El reconocimiento de que la salud y los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos y el reconocimiento que tienen las mujeres y niñas en decidir sobre su propio cuerpo. 6. Como puede verse en oseis objetivos, el hilo conductor de la política exterior feminista sueca está profundamente vinculado a la resolución 325 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, que reconoce la importancia de la participación de las mujeres en los procesos de paz e insta los gobiernos a asegurar su protección y la de personas menores de edad en conflictos armados. 3 años después, en junio de 2017, Canadá inauguró la primera política feminista de Asistencia Internacional del Mundo, y UP por sus siglas en inglés, con la premisa de que apoyara la erradicación de la pobreza y la vulnerabilidad en el mundo, incide positivamente en la seguridad y la prosperidad del propio país, a partir de la promoción de iniciativas que mejoren la protección y promoción de los derechos humanos de mujeres y niñas. Aumente en su participación en la toma de decisiones de forma igualitaria, particularmente cuando se trata de desarrollo sostenible y paz, y brindan un acceso y control más equitativo sobre los recursos que necesitan para garantizar su igualdad económica y social. Para ello, instrumenta un plan de seis líneas de acción. 1. Igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas. A partir de la promoción de campañas de conscientización sobre los tipos de violencia a las que las mujeres y niñas están sujetas. 2. Dignidad humana. A partir de lograr la erradicación del hambre y de asegurar la protección de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y niñas. 3. Cresimiento que funciona para todos. A partir del empoderamiento económico de las mujeres. 4. Acción climática. Alentando liderazgo y la toma de decisiones de las mujeres en amitización del cambio climático. 5. Gobernanza inclusiva. A partir de incrementar la participación política de las mujeres. 6. Pas y seguridad. Para involucrar a mujeres y niñas en procesos de construcción de paz y asegurar la protección de sus derechos en el proceso. Mediante esas líneas de acción, el gobierno de Canadá se busca alcanzar las metas y gentes. Erradicar la pobreza, aumentar la seguridad alimentaria, garantizar un futuro seguro para niñas, niños y jóvenes, estimular el crecimiento económico sostenible y promover la democracia, la consolidación de la paz, la estabilidad y la seguridad. Además, de destinar el mayor porcentaje posible de su asistencia exterior a la igualdad de género de forma gradual. Las iniciativas de ambos gobiernos merecen reconocimiento. Sin embargo, también hay que entender que las dos estrategias responden en gran medida a la corriente feminista liberal. Presente en la primera y segunda ola, cuya principal demanda es la igualdad de condiciones y acceso oportunidades de las mujeres respecto a los hombres. Es un primer acercamiento por tú, porque reconoce el problema de la desigualdad y realiza acciones afirmativas para contrarestar. Sin embargo, el reto es todavía mayor. Pues más allá de la paridad en los espacios públicos, aún es necesario reflexionar en torno a esa noción binaria que ya se analizó. Afín de avanzar hacia su desarticulación y hacia el replanteamiento de una política exterior que no solo reconozca y reflexione al género, sino que también involucre otras categorías que nombre en las vulnerabilidades a las que muchas sociedades encuentran sujetas en la actualidad. México puede partir de estos ejemplos y dar un paso aún más allá para que su política exterior feminista se distingue de otras a partir de su propia realidad como una nación en la que la igualdad de espacios y derechos en la vida pública se en trelasa como constante con la desigualdad, marginación y discriminación histórica en contra de diversos grupos en situación de vulnerabilidad. Consideraciones sobre la política exterior feminista para México. La secretaría de relaciones exteriores entiende la política exterior feminista como el conjunto de principios que buscan desde la política exterior, orientar las acciones cubernamentales para reducir y eliminar las diferencias estructurales, brechas y desigualdades de género con el fin de construir una sociedad más justa y próspera. Además, advierte que propone una alternativa distinta a las políticas exteriores feministas del mundo que solo prioriza la igualdad de género y los derechos humanos. Partiendo del anterior, se puede dislumbrar que la política exterior feminista de México está orientada a atender causas estructurales y transformar las relaciones de poder. Al tiempo de reconocer y proteger los derechos humanos de las mujeres y niñas ya plasmados en instrumentos nacionales e internacionales. Ticha política anunciada en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2019 y presentada en enero de este año es el primer esfuerzo de un país del sur global por implementar este tipo de enfoque en una política exterior. Ellos representan gran compromiso y a la vez puede representar un ejemplo para una región de profundas desigualdades. Desde hace varios años México ha incorporado la perspectiva de género en el plan nacional de desarrollo y ha buscado integrarla en todas sus acciones, incluso en la política exterior. Possiblemente un punto inicial de este recorrido fue la primera conferencia mundial de la mujer hospedada por nuestro país en la ciudad de México en 1975, en la cual se definieron las primeras directrices para el progreso de las mujeres desde el ámbito multilateral. A partir de ese momento y en concordancia con el activismo desplegado por México para lograr la adopción de la perspectiva de género, dentro de la agenda de desarrollo del sistema de las Naciones Unidas y en particular desde la adopción de la plataforma de Beijing en 1995, se respaldaron las acciones multilaterales en México con acciones al interior. Destaca, por ejemplo, la creación de la Comisión Nacional de la Mujer con mujer en 1998 dentro de la Secretaría de Gobernación antecedente del Instituto Nacional de las Mujeres y en 2001 y la paulatina creación de instituciones propias a nivel estatal e incluso municipal. Adicionalmente, las instituciones encareadas de combatir y erradicar la violencia contra las mujeres tienen su antecedente en la Comisión para Prevenir y Erradicar la violencia en Ciudad Pares de 2007 y posteriormente en 2009 la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la violencia contra las mujeres con ABIM. Así mismo, desde 2006 y 2007 se establecieron dos de los pilares del marco jurídico nacional en materia de igualdad de género con la publicación de la ley general para la igualdad entre mujeres y hombres y la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, respectivamente. A lo que se sumaron otros logros legislativos importantes en materia penal como la tipificación del feminicidio a nivel nacional en 2011, la reforma en materia político electoral de 2014 que permitió que los partidos políticos garantizaran 50% de sus candidaturas a mujeres y la reciente reforma constitucional de paridad de género en la integración de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Cabe destacar que durante los procesos multilaterales de gestación de estas declaraciones instrumentos, México desplegó un papel activo y propositivo que le ha ganado un lugar a nivel internacional en la búsqueda de la prevalencia de la perspectiva de género. De esta forma y trasecadas construyendo sobre esta en Damíage jurídico e institucional a nivel internacional, existe cierto consenso sobre la necesidad de que la perspectiva de género se garantice de manera transversal, es decir, incorporada en todas las áreas de gobierno. No obstante, también es pertinente que al momento de formular política exterior se cuestiones si ésta se plantea desde el feminismo, desde la teoría de género o desde la perspectiva de género. Como se mencionó, las mujeres han logrado ocupar espacios de la mayor importancia en la toma de decisiones. Si bien, esto ha sido de forma parcial y muy dispara en cada país y región. A pesar de estos avances, si no se atenden y se deconstruyen las estructuras de poder que normalizan prácticas de exclusión, las acciones afirmativas y políticas de representación tendrán únicamente resultados parciales. Para poder romper con estas violencias estructurales y avanzar en su agenda feminista, México debe atender, entre otros, el desafío interno de la redicación de la discriminación y violencias contra las mujeres y niños. Así mismo, es necesario que México reconozca las mujeres y niñas en su diversidad y en los aportes que realizan a las distintas áreas de la vida pública y privada del país. Tener una política exterior feminista implica atender las causas estructurales que van más allá de la categoría de género. Partiendo del anterior, la política exterior feminista de México se está construyendo a partir de los siguientes pilares. Uno, política exterior con perspectiva de género y agenda feminista exterior luz. El objetivo es hacer transversal el enfoque de derechos humanos, la perspectiva de género e interseccionalidad en todas las áreas de la política exterior mexicana, como posicionamientos, resoluciones, acuerdos, candidaturas e integración de delegaciones. También se proponen pulsar acciones concretas que tengan impacto de la agenda exterior de género. Como al foro generación y igualdad, la comisión de la condición jurídica y social de la mujer, la agenda mujer paz y seguridad, el programa de trabajo del IMA sobre género y su plan de acción renovado en la reciente conferencia de las naciones unidas sobre cambio climático. Dos, una secretaría de relaciones exteriores paritaria. Se proponen medidas institucionales y normativas para eliminar las diferencias estructurales y reducir las brechas de desigualdad en la cancillería. Dres, una secretaría de relaciones exteriores libre de violencia y segura para todas. Este pilar busca eliminar toda expresión de violencia de género en la secretaría de relaciones exteriores, así como brinda la atención adecuada con nacionales en servicios consulares. Cuatro, la igualdad se ve. Este pilar tiene como propósito visibilizar las aportaciones de las mujeres al trabajo de la secretaría de relaciones exteriores y a la política exterior. Entre otras acciones se contempa la paridad de género en los paneles, eventos y reuniones, promover una comunicación incluyen y no se exista, capacitar y sensibilizar el personal en temas igualdad de género entre otras. Cinco, la secretaría de relaciones exteriores es feminista interseccional. Todos los ejes de la política exterior de México tendrán como principio la política exterior feminista. Por ejemplo, cooperación y asistencia con enfoque de derechos humanos e igualdad, promoción económica que empoder y visibilizar las mujeres. Promocción cultural te reconozca las contribuciones de las mujeres a la cultura mexicana, promoción turística con enfoque de género. Así mismo, contempla que si bien los instrumentos internacionales en derechos humanos o obligatorios también deben ser infulsados como orientadores de la política nacional para la promoción de la igualdad de género y del empoderamiento de las mujeres. Como se mencionó, México ha desempeñado un papel determinante en los foros multilaterales para promover los manzaltos estándares para alcanzar la igualdad de género y la promoción de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Como salud y derechos sexuales y reproductivos. Enfascisen la diversidad de mujeres. Cuidados y trabajos de cuidados no remunerados. Reconocimiento de múltiples formas de violencia de género. Reconocimiento de los efectos diferenciados del cambio climático en las mujeres y niñas. Sin embargo, además de seguir promoviendo el tema de género en foros internacionales, es indispensable que la política exterior feminista se pueda instrumentar en el ámbito interno. La congruencia entre lo que se defiende en el exterior y su instrumentación en el ámbito interno es una prioridad. Como ha sido para el caso de la incorporación de los derechos humanos, es positivo que esta labor inicia en la cancillería como ejecutora de la política exterior y te ahí se traslade a la política interna, reconociendo los retos que un sistema federal presente como distintos niveles de desarrollo, patrones culturales y variables regionales que afectan la harmonización legislativa local. Aunque esta es la labor del largo aliento, una manera en la que la política exterior feminista puede contribuir para asegurar mayor congruencia es la labor de comunicación, directa o indirecta, con las instancias de los tres órdenes de gobierno competentes para lograr la igualdad de género, a fin de reforzar el procesamiento y la comunicación al exterior de sus acciones. En este sentido, la instrumentación de los pilares, una cancillería libre de violencia y segura para todas, una cancillería paritaria y la igualdad se ve será una señal clara de la cancillería para las instituciones federales, estatales y municipales. Como muestra de la necesidad de instrumentar los estándares internacionales al ámbito nacional, se han realizado consultas en todo el país para elaborar el plan nacional para la igualdad entre mujeres y hombres 2019-2024, pero igualdad y para el programa integral para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres 2019-2024, documento rectores para alcanzar la igualdad de género y erradicar la violencia contra las mujeres y niñas. Además, la reforma política en paridad de género de 2019 contribuye a que las mujeres accedan en igualdad de condiciones a puestos de elección popular, así como garantizar la paridad en todos los poderes y niveles de gobierno. En este rubro destaca en especialmente las reformas a siete leyes para prevenir, sancionar y erradicar la violencia política en contra de las mujeres, que además establecen medidas de protección y reparación del daño. Otras manifestaciones de este esfuerzo lo aportan la conformación del gabinete federal, cercano a la paridad y la implementación de acciones afirmativas para alcanzar la igualdad en más ámbitos del gobierno federal. Es pertinente a puntar que las políticas exteriores feministas son marcos vivos, concebidos para entablar un proceso continuo de aprendizaje y adaptación, aunque se pueden tomar ejemplo de otras experiencias cada una es distinta, pues depende de los objetivos e intereses de cada estado que la instrumenta. Un marco general propone cinco componentes, uno, propósito, que permite garantizar la coherencia entre las políticas nacionales y exteriores. Dos, definición, que permite entender en qué medida es distinta a una política exterior y utiliza un enfoque interseccional. Dres, alcance, que identifica los actores e instituciones involucradas. Cuatro, resultados previstos y puntos de referencia, que indique de forma clara los objetivos y su temporalidad. Cinco, lanes para poner en práctica, que proponga acciones específicas como paridad de género y capacitación del personal. Tras analizar la política exterior feminista de México, aún en desarrollo, se pueda firmar que toma en cuenta los cinco elementos mencionados, partiendo de las acciones que ha llevado en forest multilaterales. Y luego de la incorporación de la perspectiva de género en su política exterior, desde hace ya varios años, las nuevas propuestas marcan el camino para que nuestro país fuente con una política exterior feminista propia. Tuyas acciones se reflejen positivamente, dando en el ámbito interno como en el externo. Conclusión, la política exterior feminista, entendida como una serie de principios a favor de la igualdad de género y la no discriminación, así como de la transformación de las escrituras de poder, es una herramienta útil para visibilizar las experiencias de comunidades históricamente vulneradas excluidas en el ejercicio tradicional de la política exterior. En tal sentido, permitió observar las diferentes realidades desde el punto de vista de las sociedades en mayor situación de vulnerabilidad y transformar mediante la desarticulación de la concepción binaria de la realidad a las distintas interacciones sociales. Por ser el primer país del sur global en contar con una iniciativa de este tipo, y dado que la realidad política económica y social mexicana es distinta, a la de los demás países que le han adoptado, la adopción de una política exterior feminista obliga al gobierno de México a reconocida. conocer la complejidad de sus interacciones sociales y la diversidad de su sociedad. Es el reconocimiento, abre además la posibilidad de analizar y transformar el entorno social mexicano desde una perspectiva de colectividad, la cual necesariamente implica sostener un diálogo abierto y reconocer al género y a la identidad como conceptos en constante transformación. Esta es una producción de la dirección de difusión y comunicación digital del Instituto Matias Romero para el Centro de Investigación Internacional.

Podcast Summary

Key Points:

  1. México se declaró país feminista en la ONU en 2019, adoptando una política exterior feminista en 2020 como quinto país en el mundo y primero en América Latina.
  2. La política exterior feminista busca reducir desigualdades estructurales de género mediante cinco líneas de acción, integrando la agenda nacional e internacional.
  3. Se analizan las tres olas del feminismo
  4. La diferencia entre perspectiva de género y política feminista radica en cuestionar las causas estructurales de las desigualdades, no solo sus efectos.
  5. Se presentan los casos de Suecia y Canadá como pioneros, con Suecia basando su estrategia en derechos, representación y recursos (triple R).

Summary:

El documento analiza la conceptualización de la política exterior feminista de México, anunciada en 2019 y formalizada en 2020, posicionando al país como el quinto en el mundo y primero en América Latina en adoptar este enfoque. Se enfatiza que esta política no solo busca la igualdad de género, sino que también cuestiona las estructuras patriarcales y las desigualdades interseccionales, como raza, clase y orientación sexual. Se examinan las tres olas del feminismo: la primera centrada en el sufragio, la segunda en derechos sexuales y reproductivos, y la tercera en la interseccionalidad y la deconstrucción del género.

Se destaca que la perspectiva de género se diferencia de una política feminista en que esta última aborda las causas estructurales de la opresión. Se presentan los casos de Suecia y Canadá, pioneros en esta iniciativa, con Suecia implementando la estrategia de derechos, representación y recursos. Para México, se subraya la necesidad de congruencia entre la acción internacional y la agenda nacional, especialmente en seguridad pública y violencia de género, así como la coordinación interinstitucional para lograr una transformación profunda hacia una sociedad más justa e incluyente.

FAQs

Es un marco que busca reducir y eliminar las desigualdades de género desde la acción internacional, poniendo en el centro la igualdad sustantiva y la promoción de una agenda feminista progresista.

México la anunció en septiembre de 2019 durante el 74 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, y presentó sus bases en enero de 2020.

Suecia, Canadá, Francia y Noruega fueron los primeros; México fue el quinto país en adoptarla y el primero en América Latina y el Caribe.

La perspectiva de género analiza impactos diferenciados en mujeres y hombres, mientras que una política feminista cuestiona y atiende las causas estructurales de las desigualdades.

Es un concepto que visibiliza cómo las opresiones se cruzan con categorías como raza, clase, etnia y orientación sexual, permitiendo reconocer vulnerabilidades múltiples.

Son derechos, representación y recursos, conocidos como la triple R, para lograr igualdad de género global.

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