
Aristóteles, filósofo griego nacido en 384 a.C., fue hijo de un médico del rey de Macedonia y se formó en la Academia de Platón, donde estudió durante dos décadas. Tras convertirse en tutor del joven Alejandro Magno, fundó su propia escuela con el propósito de organizar y clasificar el conocimiento existente sobre la naturaleza física. Su enfoque sistemático y crítico sentó las bases del método científico que más tarde dominaría la ciencia occidental. Tras su muerte, sus escritos fueron preservados en cuevas cerca de su hogar y trasladados a Alejandría. Durante la Edad Media, especialmente en el período del cristianismo medieval, sus obras fueron olvidadas o prohibidas por la Iglesia, que temía sus ideas contradictorias con la teología. Sin embargo, en el siglo XII, los estudios en Bizancio y el Islam permitieron la recuperación y traducción de sus textos al latín. Con el tiempo, la Iglesia aceptó y adoptó sus enseñanzas, integrándolas en la formación del pensamiento científico y filosófico europeo. Así, Aristóteles pasó de ser un filósofo marginado a convertirse en uno de los pilares fundamentales del pensamiento científico occidental.