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#90 ¿POR QUÉ TRATO PEOR A QUIÉN MÁS QUIERO?

from El podcast de ElvaAbril

19m 46s

#90 ¿POR QUÉ TRATO PEOR A QUIÉN MÁS QUIERO?

La transcripción explora la complejidad emocional que existe entre el amor y el odio en relaciones cercanas, especialmente en el ámbito familiar. Se destaca que el odio no es un sentimiento puro, sino una forma de expresar dolor emocional y la necesidad de cambiar una dinámica que no se siente bien. Las personas que se sienten en casa con alguien, como padres, hermanos o pareja, experimentan un amor incondicional que permite liberar emociones reprimidas, como la rabia o la frustración. Este entorno de seguridad explica por qué las disputas familiares son más profundas y duraderas: porque, aunque se peleen, siempre hay una posibilidad de reconciliación. En contraste, en una relación de pareja, si se rompe, el vínculo se cierra por completo, lo que hace que se sienta más doloroso y que se piense más en cortar. El odio, por tanto, no resuelve el problema, sino que mantiene viva la relación desde la herida. La solución no está en culpar a nadie ni en idealizar a la familia, sino en establecer límites claros y efectivos que no busquen castigar, sino romper el patrón repetitivo de conflicto. Se propone que, al entrar en contacto con una situación dolorosa, se responda de forma diferente, sin traer la misma carga emocional. Esto permite que la dinámica cambie y la relación evolucione, sin necesidad de romperla. El mensaje final es que el amor incondicional y la capacidad de expresar emociones sin miedo son fundamentales para sanar, y que las relaciones que nos duelen necesitan no más lucha, sino más límites. Este enfoque se enseña en una masterclass para aplicar en cualquier relación, ya sea familiar, laboral o de pareja.

Transcription

3570 Words, 19061 Characters

Spanish
Muy buenos días, muy bienvenida, hoy he venido una semana más al podcast de El Gabriel y hoy voy a hablarte de esa delgadísima línea que existe entre el amor y el odio y qué hacer cuando notamos que estamos caminando de puntillas por encima de ella. Es decir, voy a hablarte de esas veces en las que queremos muchísimo a alguien, pero a la vez sabemos que esta persona no nos hace bien, ya sea por su carácter, por sus valores, por cómo se comporta, o por cómo debería comportarse y no lo hace, por el motivo que sea. Pero vamos a hablar de esas veces en las que queremos lo suficientemente a alguien como para no querer echarle de nuestra vida, pero a la vez le odiamos a partes iguales porque no podemos relajarnos en su presencia. Hoy vamos a ir mucho más allá de ese tópico que dice que los que se pelean se desean, porque verás que seguramente de las relaciones de las que menos vamos a hablar hoy van a ser de las de pareja. Tengo mucho por contarte, así que si te interesa aprender cómo vivir con más paz y con más mano izquierda, con esa persona la que quieres mucho, pero te saca de quicio, este episodio es totalmente para ti. Así que venga, empezamos como siempre escuchando la propuesta de uno de vosotros, o de una de vosotras, en este caso, y arrancamos. Hola él va a que tal, por cierto me he encantado tu libro, me he emocionado muchísimo el final. Mira, te planteé una pregunta, ¿qué pasa cuando y el por qué, de cuándo sentimos amor y a la vez odio hacia una persona? ¿Qué aplicación la damos a eso? Bueno, a ver si me lo padea clara un poquito, un besito. Ah, y me alegro mucho que te haya gustado tanto el libro y especialmente la parte final, es la que más me habéis nombrado, eh, pero bueno, es que está hecha con mucho cariño y me alegra mucho ver qué llega. Y también muchas gracias, porque la propuesta que me hace es verdad que no das muchos detalles y que no me has puesto mucho en contexto, pero al escucharte si he tenido la sensación de entender perfectamente a qué sentimiento te refieres. Porque yo creo que no hablas de ese tipo de odio que a lo mejor es más ideológico, que es como el que podemos sentir por, yo que sé, por Donald Trump, por decirte algo, o a lo mejor un odio un poquito más directo y más de entrañas, como el que sería yo que sé, cuando escuchamos estos podcast de crimines reales, que yo siempre pienso, anda que si se leiciona alguien de mi familia, no sé cómo reaccionaría. No es un tipo de odio, ya te digo más visceral, más directo, pero yo estoy segura que tú no te refieres a este tipo de odio, sino que hablas de uno mucho más a mi valente. El que se mezcla con otros sentimientos y que es el que solemos sentir si te fijas especialmente en el ámbito familiar. Yo cuando te he escuchado, lo primero que he pensado es estar hablando de la relación entre una madre y una hija, que puede ser también entre un padre y un hijo o un padre una hija o entre dos hermanos o cualquier persona que sea muy cercana nuestro entorno, que son si te fijas a quien más amamos, pero a la vez también son el origen de muchos de nuestros resentimientos. Por tanto, no hablamos de odio puro, como si dijéramos, o de odio solo, sino de ese odio que aparece precisamente porque existe en ese mismo espacio o con esa misma persona, también el polo contrario que es el amor. Y esto tiene mucho más sentido del que crees, porque hay algo importantísimo aquí detrás que yo he aprendido no hace tanto, pero que me ha dado mucha respuesta a muchas cosas. Y es que, mirad, te explico, cuando mi hijo tenía, pues, meses o al mejor un año y yo iba a buscarle la escuela infantil o a casa de mi madre, muchas veces solo verme se ponía llorar. O cuando estaba conmigo era cuando peor se portaba y cuando yo solo explicaba la prófee o yo solo explicaba mi madre, recuerdo que me decía, pues, aquí no lo hace, aquí se porta súper bien, esto es solo contigo. Y claro, a mí por dentro me entraba fuego, porque era como si me estuvieran diciendo, pues, algo debes estar haciendo mal. Y no porque lo dijera, realmente y seguramente tampoco lo pensaban, pero yo lo vivía con esa frustración, porque pensaba que injusto, porque no hay nadie que se esfuerce más que yo. O sea, no hay nadie que esté más agotada, que yo ni nadie que le esté poniendo más intención que yo a todo esto. Y como puede ser que después el resultado sea que conmigo es con quien peor se porta. Y entonces es cuando me puse a investigar un poquito más sobre este tema y entendí lo que estaba pasando. Y es algo que, aunque no tenga hijos, lo va a identificar perfectamente, porque, de hecho, solo te voy a pedir que recuerdes la última vez que estando absolutamente rota o roto por dentro, te ha sido albaño, te has pegado la llorada del siglo, te has lavado la cara y has salido con una sonrisa de aquí no ha pasado nada y ha sido a dar esa clase o a tratar con ese cliente o lo que sea. Como si realmente hubiera un mecanismo por el cual puedes conectar con esa emoción, y cuando por lo que sea no te conviene o no es posible, pues pudieras realmente cortar con eso. Te suena demasiado de lo que te estoy hablando, ¿verdad? Tanto que igual te acaba de pasar a hace media hora o te pasó la semana pasada o hace un mes, pero estoy segura que puedes recordar perfectamente la última vez que decidiste cuando estar mal y cuando cortar y disimular y hacer ver que aquí eres la mujer más feliz del mundo. Suela de falta que abras una red social. Entonces, esta especie de capacidad de disasociarnos, por decirlo alguna manera, muchas veces pensamos que es algo que aprendemos cuando somos adultos precisamente porque pues en el trabajo no me conviene, de cara a mi marca, no me conviene o con esta amiga o con este jefe no me conviene, pero es algo que hacemos desde que somos bebés. Se aunque parezca mentira, los bebés de meses ya saben detectar perfectamente cuando no están en un lugar seguro como para poder soltarse y cuando sí. Por eso si durante el día están echando de menos a papá o a mamá o se sienten extraños por una actividad que están haciendo en la guarde, lo que sea o están abrumados por todo lo que están aprendiendo. Ellos aguantan el tipo y sólo cuando llega a papá o mamá adivina que pasa. Pasa lo mismo que cuando tú te retire a su momento en el baño a llorar o cuando después del trabajo te pones el casco de la moto y sueltas allí todo o cuando a llegar a casa te vas a la ducha y va, te permite todo lo que durante el día se ha estado conteniendo. Pues eso es lo que hace un niño cuando llega a la mamá, sacarlo todo porque con mamá si siente el permiso para sentirlo todo porque esa persona es casa. Igual que nuestra casa se lugar donde nos refugiamos de los peligros del mundo pues hay personas que son casa y que por tanto nos permiten refugiarnos de los peligros de ser nosotros mismos. Por tanto yo siento que puedo llorar, que puedo patalear, que puedo quejarme, que puedo no ser doña perfecta, sin que eso significa que no va algo que no merezco, que soy una loca o cualquier equivalente. Y no hablo de que podamos perder las formas porque nosotros ya no somos bebés, obviamente. Pero si es verdad que hay personas a las que llamamos casa o con la que nos sentimos como en casa, porque son personas con las que podemos ser y no sólo aparentar ser. Y eso significa que sentimos el suficiente amor incondicional como para poder vivir, todo lo que sentimos, tanto la alegría como la tristeza, tanto lentusiasmo, como la rabia, tanto el deseo, como la frustración, pero sin que todo esto sea un motivo por el que expulsarnos de la relación. Por eso muchas veces a quien peor tratamos no es a quien más queremos, sino a las personas que son casa, a las personas de quien notamos que recibimos el amor más incondicional. Por eso muchas veces en el ámbito familiar es donde se producen las peores disputas, y no hablo de las formas, que sí, que a veces también se nos van, pero sobre todo me refiero a reproches, a indiferencias, a desprecios, a cosas dichas sin pensar, todo esto, porque precisamente porque tienes presente esta incondicionalidad, porque si tú tratas mala una pareja, tú tienes muy presente que se puede ir, y con una hermana ya sé que es verdad que podemos dejar de hablarnos y podemos pelear, pero al final, por más que os dejes de hablar, siempre va a ser tu hermana, y eso significa que siempre habrá muchos elementos en común, y muchas veces en que la vida os pedirá una unión o será una propuesta, como pues el día que fallezcan vuestros padres o las siguientes navidades, siempre habrá esas oportunidades, es como si la puerta siempre estuviera un poco abierta, porque al no dejar de ser hermanas, siempre habrá un vínculo y por tanto una opción de reconciliación, pero en cambio, con una pareja no es así, si tú mañan a te separas y tu pareja encuentra a otra persona, chao, la puerta se cierra de manera mucho más firme que con un familiar, porque igual que si te enfadas con tu madre, no deja de ser tu madre, si te enfadas con tu pareja, si deja de ser tu pareja, y pueden empezar a ser la pareja de otra persona, y esto juega muy a favor a la hora de que te lo pienses dos veces antes de cortar, o antes de arriesgar, o antes de tratar mal la relación, por eso aquí tenemos la explicación de por qué en las familias los problemas se enquistan mucho más, porque si hay algo dentro nuestro que les considera incondicionales, notaremos los roces de cualquier relación porque todas nos hacen despejo pero con una diferencia clave, que es que si esta persona es casa, pueden salir todas nuestras partes más oscuras, pero con ellos, al no notar tanto la amenaza de perderles, conectamos con nuestra parte más oscura así, pero no tenemos el estímulo suficiente como para tener que trabajar para iluminarla. Claro, si tú rompes con tu pareja, como quieres encontrar otra te lo curras y es cuando haces terapia o haces algún curso o te esfuerzas un montón por intentar tomar conciencia y conseguir lo que sea que necesita solucionar, porque claro, no quieres repetir lo mismo con la siguiente pareja, pero con tu hermano o con tu madre no, porque no necesitas encontrar una nueva madre o una nueva hermana. ¿Sabes que las mismas seguirán estando? ¿O que estará en tembrano se les pasará o se le pasará y volveréis a estar como siempre? Por eso fíjate, ¿cuándo trabajamos los temas familiares? ¿Cuándo notamos que repercuten en otros ámbitos? ¿Cuándo tenemos problemas de pareja, cuando tenemos problemas de autoestima, cuando nos voy a coger las metas, entonces sí, entonces vamos a mirar a la familia, pero muy pocas veces lo hacemos por el simple hecho de mejorar la relación con nuestra madre. ¿Y quiénes narices el tema? ¿Por qué es el ámbito más importante? Sabemos que es el origen de todo, es que es al que más veces acudimos tarde y mal, por lo que os digo, porque trabajamos esas relaciones solo como herramienta para que mejoren otras, porque nos hacen de puente, pero en el fondo no tanto para que mejore esa relación en sí. Por eso tantas veces ocurren los dos polos que ya conoces, pero bueno, el más típico es el de esas personas que cuando analizan a la familia lo hacen para encontrar culpables. Y cuidado, no es casualidad, porque la familia es tan, tan, tan, tan importante en los primeros años de nuestra vida, no se influencia tanto lo que hagan, lo que no hagan o cómo lo hagan, que llega un momento que es tan importante su papel que lo idealizamos. Y por ser mi madre tenías que poder protegerme de todo, y de acompañarme bien en todo, y de darme las respuestas adecuadas siempre, y de estar siempre amable, siempre con paciencia infinita, y siempre sabiendo lo que deberías, o tendrías, o te tocaría hacer. Y si a una cosa no llegó o hizo mal, un, el mazo encima de la mesa, ya culpable, verdicto. Y se nos olvida que es que aparte de madre también a mujer, y también estaba goviada por su trabajo, o al mejor con su pareja estaban en crisis más de una vez, o era hija también de un padre con el que también tenía sus cosas. Es decir, muchas veces analizamos a nuestra madre como si sólo fuera madre, cuando madre seguramente lo último que fue. Y claro, ¿qué pasa que cuando vemos a alguien, como un todo poderoso, significa que todo lo tiene que poder, y desde allí es casi imposible conectar sin reprochar. Pero cuidado, igual que te digo esto, tampoco me convence el polo contrario, el de bueno posicionó lo que pudieron, y hay que aceptarle, tal y como son, y de manera incondicional porque no podían hacer más. No, tampoco. Porque eso es una negación de su responsabilidad y, por tanto, tus necesidades quedan huérfanas. Claro, es que no solo no puedo tener, sino que tampoco puedo decir, porque entonces los siguientes que ni siquiera me atreva a sentir, porque si en casa, recordar lo que hemos hablado antes, si en las personas casa no puedo sentir, entonces con quien entro en guerra conmigo misma. Y me odio, por eso, tarde o temprano, te voy a culpar de esa relación que tengo conmigo misma, y tampoco podré conectar contigo sin reprochar. Así que estamos igual. Por eso, en ninguna de las dos tenemos la solución, pero es verdad que en ambas tenemos la causa, la necesidad de que las cosas sean distintas a lo que pueden ser. Por eso, al odiar, por lo menos emites el mismo dolor que contienes. Por eso, en el momento sí que es verdad que sientes la ilusión de que equiparas un poquito la balanza, pero a la larga el odio no repara. El odio lo que hace es mantener viva a la relación, pero desde la herida, desde lo que nos duele, desde lo que seguimos sin entender. Por eso, la pregunta no debería ser como dejo de sentirlo, sino que parte de mí siguen necesitando este intercambio de dolor para sostener el vínculo. Pues precisamente la que quiere mantener el vínculo a pesar de que le duela, el odio muchas veces es amor que no consiguen encontrar la forma, pero que sigue quiere poder ser, porque si no habría indiferencia, habría un memarcho y punto y ahí te quedas, pero fíjate que aquí si te fueras, yo te haría otra pregunta. Te diría, te vas para sanar o para hacerse lo pagar, porque son cosas distintas y en el segundo que en el fondo no hay voluntad real de romper el vínculo. Hay una voluntad de provocar una reacción en el otro, por eso si el otro no reacciona que pasa, que nos hundimos los dos, y eso también nos suena todos, ¿verdad? Y esto es exactamente lo que te pasa cuando te ves, odiando y queriendo a una persona al mismo tiempo, que en el fondo ese odio busca la reacción del otro, busca el cambio del otro, pero cuando no lo consigues, cada vez le odias más. Por eso, cuando tú te ves odiando a tu padre o a tu madre o a tu hermana, o a quien sea que ahora mismo te viene a la cabeza, es porque tú quieres quererles, pero no sabes cómo hacerlo sin que se active ese odio por la voluntad de cambiar cómo son, cómo reaccionan, cómo piensan o qué hacen contigo. Y eso pasa porque acude al lugar donde se genera el dolor sin cambiar nada en ti. Como si por sí mismo sólo por entrar en contacto con ese punto de dolor pudieras deshacerlo, por eso insiste, se insiste, pero cada vez os enganchaís más, y cada vez les odias más, o cada vez tienes motivos distintos para odiarles, pero el caso es que estás dentro de una rueda de la que no puedes salir. Y es que quizá el punto ciego está aquí, que tienes que resolver el vínculo desde el mismo lugar donde se rompe, pero de una forma distinta a la que causa esa ruptura. Es decir, tienes que ir al mismo sitio, desde el cual os enganchaís, pero acudir desde un lugar diferente, por eso evadir tampoco sirve. No se trata de que creemos contextos en los que consigamos que esa conversación nos salga. Se trata de aprovechar cuando sale y responder distinto. Es decir, no va a de que siga centrando por la misma puerta con una botella vacía en la mano y esperar que esta vez no te la llenen. Se trata de que entres por la misma puerta, pero sin la botella. Para que así, aunque ellos se dediquen a llenar botellas, contigo no tengan esa opción, no porque sean distintos, no porque hayan dejado de hacer lo que siempre hacen, sino porque tú ya no traes botella. Y eso es lo que consigues, por ejemplo, cuando tu madre te insisten que mereces algo mejor que tu pareja y tú, en lugar de hervir por dentro y así intentar equilibrar la balanza o contestarle desde el impulso para sentir que te has defendido, haces algo diferente. Que le dices, mamá, estas tu opinión, pero no es la mía. Y no necesito que me convenzas para cambiarla. Porque fíjate que aquí no estás discutiendo sobre si tiene razón o no. Y tampoco le estás pidiendo que deje hacerlo porque esto te duele. Porque la base de vuestra relación es precisamente la lucha y el dolor. Por eso, si tú haces eso y utilizas esto en tus argumentos, te pedirá disculpas ahora, pero lo volverá a hacer. Lo que tienes que hacer es darle una respuesta que no incluía estos elementos, y entonces es cuando estarás cambiando la dinámica. No para que lo entienda, sino para que compreve que esto ha dejado de tener el mismo efecto. Que si hace lo de siempre, ya no encuentra el mismo punto de entrada en ti. Por eso, como ese punto ha dejado de funcionar, la dinámica deja de poder repetirse de la misma manera. El odio es el intento torpe de equilibrar lo que no supera. Los límites son la forma de conseguirlo de verdad. Por eso, todas las relaciones que nos duelen no necesitan más lucha, ni más explicaciones, lo que necesitan son más límites. Pero límites de estos, no de los que buscan hacer pagar, sino de los que buscan eliminar la dinámica que se está rompiendo constantemente a los dos. Si te interesa este tema, que sepas que te enseño cómo hacerlo en la masterclass sobre límites que he preparado para ti. De igual que sea con un jefe, con una madre, con tu pareja o con tu vecino pesado, porque ahí lo que te enseño es cómo recuperar el control, cuando el otro intenta imponerse y hacer te sentir que su necesidad vale más que la tuya. Y es cuando acabas bloqueada o acabas con la voz tembrando y ya sabemos lo que pasa, que después en la ducha se te ocurre todo lo que querías decir, pero claro, ahí ya es tarde, porque en el momento consigueron que te sintieras débil y por debajo. Aunque no fuera realmente así, pero como consiguen que te sientas así, lo peor no es tanto lo que no lograste decir en el momento. Lo peor es no saber qué hacer con la presión que ejercen sobre ti, porque entonces te duele no sólo lo que han dicho, sino sobre todo, la persona en la que han conseguido que te conviertas. Por eso, te dejo la masterclass aquí debajo, te va a encantar, además una vez las tierras es de acceso inmediato, por tanto estas a tres horas, que es lo que dura la clase, de que esto ya no te pueda volver a pasar más. Te mando un abrazo enorme y te cuento más cosas por aquí. El podcast de El Vavril, dirección y contenido, El Vavril, producción, vea casas, diseño de imagen, leer el arrañaga. Aviso legal, este podcast tiene una única intención de entretenimiento y no sucede tuyendo ningún caso un proceso de intervención de un psicólogo, coche o cualquiera.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Existe una delgada línea entre el amor y el odio en relaciones cercanas, especialmente en familia, donde el amor incondicional permite sentir todo tipo de emociones sin temor a ser rechazado.
  2. El odio que sentimos hacia personas cercanas no es puro, sino una expresión de dolor emocional que busca cambiar la dinámica, pero que se vuelve más intenso cuando no se logra.
  3. Las relaciones familiares son especialmente complejas porque, al ser lugares de refugio emocional, permiten que se exprese la parte más oscura del yo sin que se pierda el vínculo.
  4. A menudo, las peleas en el ámbito familiar son producto de la necesidad de mantener la conexión, no de una falta de amor, porque el vínculo es incondicional y difícil de romper.
  5. El odio actúa como un mecanismo de defensa para mantener la relación, pero no resuelve el problema, ya que se basa en la reacción del otro y no en la transformación del vínculo.
  6. Para salir de esta dinámica, es necesario establecer límites claros que no busquen castigar, sino romper la repetición de patrones dañinos.
  7. La clave no está en cambiar a la otra persona, sino en responder de forma diferente ante la misma situación, para que el patrón ya no funcione.
  8. El amor que no encuentra expresión se convierte en odio, pero ambos sentimientos provienen de la misma necesidad: mantener un vínculo que, en su esencia, es incondicional.

Summary:

La transcripción explora la complejidad emocional que existe entre el amor y el odio en relaciones cercanas, especialmente en el ámbito familiar. Se destaca que el odio no es un sentimiento puro, sino una forma de expresar dolor emocional y la necesidad de cambiar una dinámica que no se siente bien. Las personas que se sienten en casa con alguien, como padres, hermanos o pareja, experimentan un amor incondicional que permite liberar emociones reprimidas, como la rabia o la frustración.

Este entorno de seguridad explica por qué las disputas familiares son más profundas y duraderas: porque, aunque se peleen, siempre hay una posibilidad de reconciliación. En contraste, en una relación de pareja, si se rompe, el vínculo se cierra por completo, lo que hace que se sienta más doloroso y que se piense más en cortar. El odio, por tanto, no resuelve el problema, sino que mantiene viva la relación desde la herida.

La solución no está en culpar a nadie ni en idealizar a la familia, sino en establecer límites claros y efectivos que no busquen castigar, sino romper el patrón repetitivo de conflicto. Se propone que, al entrar en contacto con una situación dolorosa, se responda de forma diferente, sin traer la misma carga emocional. Esto permite que la dinámica cambie y la relación evolucione, sin necesidad de romperla.

El mensaje final es que el amor incondicional y la capacidad de expresar emociones sin miedo son fundamentales para sanar, y que las relaciones que nos duelen necesitan no más lucha, sino más límites. Este enfoque se enseña en una masterclass para aplicar en cualquier relación, ya sea familiar, laboral o de pareja.

FAQs

Sentir amor y odio simultáneamente es común en relaciones cercanas, especialmente familiares, donde el amor incondicional coexiste con frustraciones profundas por el comportamiento de la otra persona.

Porque en la familia hay un amor incondicional que crea un vínculo profundo, y cualquier desajuste genera emociones intensas, ya que el miedo a perder esa conexión dificulta la comunicación y el entendimiento.

El odio no es una negación del amor, sino una forma torpe de querer equilibrar la relación, buscando que el otro cambie, pero sin resolver las raíces del dolor emocional que se siente.

Porque el vínculo familiar es incondicional y, aunque haya conflictos, siempre hay la posibilidad de reencontrarse, lo que hace que el miedo a la pérdida sea más fuerte que la necesidad de salir.

En la familia, el odio surge de la necesidad de estar cerca de alguien que siempre ha sido de confianza, mientras que en la pareja, el odio puede derivar de la pérdida de control y el miedo a la independencia.

Respondiendo de forma diferente, sin exigir cambios en el otro, se puede romper el ciclo de repetición del conflicto, dejando de activar el punto de dolor original.

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