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#698疲れた時に食べたいものについて!

10m 30s

#698疲れた時に食べたいものについて!

El narrador hace un repaso nostálgico de las motos que marcaron su vida, comenzando con las de su padre: un Bespino rojo que fue robado varias veces, una Derbi, una Montesa de 75 cc y una Vespa Primavera 125 que él transformó al estilo mod. Su primera moto propia fue una Montesa Cota de 49 cc, comprada de segunda mano a los 11 años por 15.000 pesetas. Sin carnet, solo la usaba en verano por caminos de tierra, pero al cumplir 16 años pudo conducirla legalmente y la modificó con guardabarros de plástico, un carburador más grande y un escape ruidoso, aunque el rendimiento empeoró. La decoró con pintadas de sus grupos favoritos, reflejando las modas de los 80 (punk, skinhead). Con ella vivió aventuras temerarias: viajes nocturnos de 60 km sin móvil, multas insignificantes y hasta llevar a tres personas. En una noche de discoteca, una chica le pidió llevar a su amiga a otro local; esa amiga es ahora su pareja desde hace 41 años. Tras años de abusos, la moto se estropeó y su padre la vendió. Tiempo después, en un bar, el narrador vio a un chaval empujando una moto idéntica, con restos de sus pintadas: era su vieja Montesa. Actualmente tiene una Vespa PX 299 y una Kawasaki GPZ 400, pero la Cota 49 sigue siendo su recuerdo más emblemático.

Transcription

1380 Words, 7329 Characters

Spanish
[Música] ¿Qué tal? Bienvenido, sirven bienvenidas a la penúltima salía. Pues bastantes son las motos que durante el transcurso de mi vida he tenido la suerte o el privilegio de conducir y disfrutar. Casi todas salvo algunas excepciones eran de mi padre. Y bueno, pues recuerdo que primero tuvo un bespino de color rojo, que nos robaron infinidad de veces, pero siempre acaba apareciendo hasta que un día pues ya no se supo más de esta moto. Esa nunca la llegué a conducir porque era muy pequeño todavía. Luego tuvo una dervivar ya de color rojo también, que sí caté en multitud de ocasiones. También una montesa en duro. Creo que era de 75 centímetros cuicos o de 125, la verdad es que no lo recuerdo muy bien. Yo me decantaría más por la versión de 75, que acabó heredando mi hermana y que a veces también cogía yo para darme un rulo. Generalmente en la hora del recreo en el instituto, porque una temporada que subíamos los dos con esta moto, la conducía ella, y iba detrás. Y en los recreos pues a veces se la trincaban para pegarme y la vacila vinta y tal. Por alrededor y por supuesto sin carnet para poder conducirla legalmente. Y por último mi querido padre en su momento tuvo una bespa primavera de 125, que con el paso del tiempo y ya con carnet me apalanqué descaradamente, y la transformé a mi antojo y notizado por la estética mod. Después de haber visto en varias ocasiones la mítica película "Qualo Cénia". Con el paso de los años compré la primera moto que adquirí por mis propios medios. Era un educativo rod de dos y medio de segunda mano, del acual guardó un gran recuerdo porque la disfrute muchísimo y era una gozada conducirla y escuchar el característico sonido de su motor. Actualmente tengo una vez para PX299, que es la que solo va a estar, que es la única moto nueva de trinca que jamás he tenido. Y una cabaosa aquí, GPZ, de 400 centros cuicos, que compré hace unos años también de segunda mano, al igual que el educativo. Y de la cual pude es me canse, mi objetivo es poner la punto y venderla en un futuro. Pero en fin ya veremos, ¿no? Pero sin duda la que merece una mención especial es la primera que tuve, una montesa cota de 49 centímetros cuicos, que mi padre me compró cuando apenas tenía 11 años. Se la pió de segunda mano a un abogado que tenía una casa de veraneo, cerca de la nuestra. Y le costó pues 15 mil de las antiguas pesetas. Obviamente servidor a esa corte dano tenía a carnet para poder conducirla legalmente, con lo cual solo la usaba en verano cuando nos trasladamos toda la familia, a lo que nosotros llevábamos la casita. En principio la llevaba por bancales y caminuchos de tierra, que habían por la zona, a veces en compañía de mis primos y de otros chavales, que veran ya van cerca, y que también tenían motillos de este tipo de 49. Y a veces pues solo a mi rollo porque la verdad es que siempre me ha gustado ir a mi puta volano. Al segundo año de tenerla ya tocaba asfalto con ella y junto a otros chavales hacíamos rutas, clandestinas, en búsqueda de nuestros primeros cubatas. Pasaron los años y cuando cumplí los 16 mes a que el carnet de ciclo motor, ni ya a partir de ahí ya pude conducirla legalmente por cualquier vía, y a partir de ahí también ese pequeño trasto se convirtió en una leyenda, que fue sufriendo transformaciones con el paso del tiempo, al igual que el individuo que fue montado en ella durante un buen puñado de años. Desde los 11 años hasta los 16, recuerdo que le cambié los guardabarros originales que eran de metal, por unos de plástico, vale, el delante, así más levantado, dándole un aspecto más de cros, a una motocicletra que en su origen era de trial. Pues anteriormente se le puso un peñón más grande y un plato más pequeño para que en teoría correse más, luego un cargurador del 18, y un tubarro de femurcia que hacían ruido que te caas. Todas estas clipo y edades se las hice porque otros sabales también lo hacían, pero sinceramente la moto iba como el culo. Mucho ruido, pero pocas nueces pero en fin, eran los principios de los 80s y primaba el macarreo y dar la nota. Luego vendría el punk y con las pintadas con los nombres de algunos de mis grupos favoritos, por toda la carrocería. Pintadas que hice con un bote de esmalte blanco que tenía mi viejo en su garage y un pincel que también había por allí. Después vino la etapa Skinged, más pintadas y alguna pelatina. Viajes nocturnos a la playa por puertos de montaña, trayectos de 60 o 70 kilómetros aproximadamente, sin móvil porque no existían, obviamente. Sin apenas gasolina y con dos duros en el bolsillo, todo ello no versidad ridícula porque esa moto ya estaba seriamente perjudicada. Un riesgo cada día de hoy pues no sumiría, pero cae ceda y en esa época de destroya y desenfreno. No era consciente de que me podía haber quedado tirado en medio de la montaña a las tres de la madrugada sin medio alguno para pedir ayuda. En fin, por otro lado recuerdo que el circulado en esta moto tres tíos fumados hasta arriba por la ciudad, moviéndonos de garito en garito y bueno pues el tema multas, pues unas cuantas la verdad, pero eran los 80's no ahora y las sanciones eran ridículas y la verdad que nos la sudaba todo. Y por último ya en la tapa final que tuve esa moto, un sábado por la noche, estaba yo en la puerta de una discoteca, sentaba en ella. Y en fin pues estaban a punto de cerrar y esperaba la salida de la peña para ver si nos trasladamos a otro lugar para seguir la juega. Se me acercó una chica y me dijo si podía llevar a su amiga a otra disco cercana. Como todos si vamos allí pues le dije que de acuerdo y la amiga de esta muchacha se suyó a la moto ya que nos fuimos. Pasaron unas cuantas horas y cuando cerraron la discoteca, la chica desconocida que se suyó a mi moto y yo acabamos enrollado en casa de un colega. De eso han pasado casi 41 años y a día de hoy pues seguimos juntos. Raro verdad. Y bueno pues yo un momento en que me desconecté de mi cota 49. Habían pasado muchos años, muchas vivencias, muchos excesos y yo estaba otras cosas. Pasaba de la moto porque realmente estaba echada una mierda. Y bueno entonces pues aún vivía con mis padres, con mi padre apenas hablaba porque nos llevamos muy bien. Todo por mi culpa, lo reconozco porque era un golfo. Y al final pues mi viejo vendió la moto y ahí se acabó la historia. Una historia que duro casi 10 años. Y bueno pues para concluiros, diré que al tiempo me hallaba yo un día entre semana en un bareto con los colegas viendo un partido de fútbol. De lo que por aquel entonces se llamaba Copa de Europa. Y al descanso del mismo pues nos salimos a la calle para fumarnos un cigarrillo. Y en eso nos vemos subir por la cuesta que llevaba hasta el van a un chaval empujando la moto. Y cuando yo a nuestra altura le preguntamos que había pasado, el chaval nos dijo que la moto se le había jodido y que no había manera de poner la marcha. Y en eso tanto es mi, tanto mis coregas como yo nos quedamos mirando la moto. Y resulta que era una montesa cota 49 pintada de color arena, porque la original era de color rojo. Y todavía se le notaban el leve de algunas letras que en su día llevo escritas. Era mi puta cota 49. No pudimos más que descojornarnos y el chaval siguió su camino. Perplejo cuesta arriba. Y nada más. Como siempre, gracias por la escuchar, que tengáis un buen día, ¡se felices! ¡Chao!

Podcast Summary

Key Points:

  1. El narrador recuerda las motos que ha tenido, empezando por las de su padre (Bespino rojo, Derbi, Montesa, Vespa Primavera).
  2. Su primera moto propia fue una Montesa Cota 49 cc, comprada a los 11 años, usada solo en verano sin carnet.
  3. La modificó estéticamente (guardabarros de plástico, pintadas punk y skinhead) y mecánicamente (carburador, tubo de escape), aunque empeoró su rendimiento.
  4. Vivió experiencias arriesgadas con ella
  5. Conoció a su pareja actual al llevar a una amiga en la moto desde una discoteca; llevan 41 años juntos.
  6. La moto se vendió años después, y el narrador la reencontró siendo empujada por otro chico, irreconocible pero con restos de sus pintadas.

Summary:

El narrador hace un repaso nostálgico de las motos que marcaron su vida, comenzando con las de su padre: un Bespino rojo que fue robado varias veces, una Derbi, una Montesa de 75 cc y una Vespa Primavera 125 que él transformó al estilo mod. 000 pesetas. Sin carnet, solo la usaba en verano por caminos de tierra, pero al cumplir 16 años pudo conducirla legalmente y la modificó con guardabarros de plástico, un carburador más grande y un escape ruidoso, aunque el rendimiento empeoró.

La decoró con pintadas de sus grupos favoritos, reflejando las modas de los 80 (punk, skinhead). Con ella vivió aventuras temerarias: viajes nocturnos de 60 km sin móvil, multas insignificantes y hasta llevar a tres personas. En una noche de discoteca, una chica le pidió llevar a su amiga a otro local; esa amiga es ahora su pareja desde hace 41 años.

Tras años de abusos, la moto se estropeó y su padre la vendió. Tiempo después, en un bar, el narrador vio a un chaval empujando una moto idéntica, con restos de sus pintadas: era su vieja Montesa. Actualmente tiene una Vespa PX 299 y una Kawasaki GPZ 400, pero la Cota 49 sigue siendo su recuerdo más emblemático.

FAQs

Fue una Montesa Cota de 49 centímetros cúbicos, que su padre le compró de segunda mano cuando tenía 11 años.

Porque solo tenía 11 años y no tenía carnet de conducir. Solo la usaba en verano por caminos de tierra.

Le cambió los guardabarros de metal por unos de plástico, le puso un piñón más grande, un plato más pequeño, un carburador del 18 y un tubo de escape que hacía mucho ruido.

Una noche, una chica le pidió que llevara a su amiga a otra discoteca. Esa amiga se subió a la moto, pasaron horas juntos y desde entonces siguen juntos, más de 41 años después.

Su padre la vendió porque el narrador ya no la usaba y estaba en mal estado. Años después, el narrador la vio siendo empujada por otro chaval, aún con restos de las pintadas que él había hecho.

Tuvo un educativo rod de dos y medio, una Vespa PX299, y una Kawasaki GPZ de 400 centímetros cúbicos, todas de segunda mano excepto la Vespa.

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