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4x10 ¿Hablamos de salud mental?

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4x10 ¿Hablamos de salud mental?

El texto aborda el auge de la salud mental tras la pandemia, destacando un aumento del 25% en ansiedad y depresión a nivel mundial, según la OMS, con mayor afectación en mujeres y jóvenes. La autora, una psiquiatra, explica que las causas incluyen el aislamiento social, el miedo, el duelo y las preocupaciones económicas, que generaron una "intoxicación de cortisol" y una dependencia de gratificaciones dopaminérgicas. Sin embargo, critica el uso generalizado de la etiqueta "salud mental", que resulta ambigua y reduccionista, ya que mezcla patologías psiquiátricas graves (como esquizofrenia o trastorno bipolar) con el "malestar de la vida" cotidiano, caracterizado por ansiedad, insomnio y agotamiento. Señala que España lidera el consumo mundial de benzodiacepinas y supera los 4 millones de tratamientos mensuales de antidepresivos, lo que refleja una medicalización excesiva de problemas emocionales y una intolerancia al sufrimiento. Aunque la medicación puede ser útil como "grúa" para salir de crisis, insiste en que es un parche insuficiente y aboga por terapias integrales, rutinas saludables, deporte, vínculos sociales y un proyecto personal (ikigai) para prevenir y tratar el malestar. Finalmente, enfatiza la necesidad de acompañar a quienes sufren patologías graves y de fomentar una comprensión más profunda de uno mismo para lograr una vida plena y equilibrada.

Transcription

4286 Words, 25598 Characters

Spanish
El auge de la salud mental tras la pandemia Una de las afirmaciones más comunes de estos últimos años es que tenemos que cuidar la salud mental. Se habla en los medios, se habla en los podcast, se habla en los libros, en las entrevistas, en la radio. Incluso a nivel político. La convivencia con el COVID-19 ha provocado, según muchos estudios, un importante repunte de las enfermedades mentales, según un informe de la Organización Mundial de la Salud del 2022 durante el primer año de pandemia, la prevalencia mundial. De la ansiedad y la depresión aumentó un 25%. Seguro que no te sorprende porque te ha sucedido a ti o conoces a alguien que ha atravesado un problema psicológico psiquiátrico en los últimos tiempos. Este informe también señala que las enfermedades mentales crecieron más entre las mujeres que entre los hombres y en los jóvenes más que en los adultos. La Agencia sanitaria de la ONU entiende esta situación como un toque de atención y emplaza a todos los países. A mejorar el apoyo que le prestan a este tipo de afecciones. Indirectamente, la pandemia. También ha expuesto las deficiencias en los sistemas públicos de salud y esto ha generado nuevos desafíos y presiones. ¿Cuáles son las causas? Pues seguro que me las has escuchado en muchas ocasiones porque llevo tiempo hablando de estos temas. Esto se debe a varios factores. El primero, un estrés sin precedentes provocado por el aislamiento social de las medidas contra la pandemia. Con las limitaciones a la hora de trabajar, la falta de relación con la familia y los amigos, la ruptura con las relaciones comunitarias, la falta de salidas de viajes, de vernos lo que ya conocemos, lo que sucedió en la pandemia que yo siempre lo llamo esa intoxicación masiva de Cortisol. ¿Qué sucedió? La soledad, el miedo a sufrir, la infección, el sufrimiento, la muerte tanto propia como de los seres queridos. Nos intoxicamos de cortisol, nos intoxicamos de dopamina y nos prohibieron la oxitocina. Efectivamente, había miedo, es decir, había cortisol y veíamos enganchados a las pantallas y a la gratificación de la dopamina que nos daban los videojuegos o las vías de escape, porque queríamos evitar a toda costa esa sensación de sufrimiento y lo que nos salva, que son las relaciones humanas, las salidas, el deporte. Vernos con los demás estaba prohibido. A esto sumamos. El dolor tras el duelo, las preocupaciones económicas y que la salida de la pandemia no fue fácil para muchas personas. Todos estos elementos emocionales y psicológicos, los medios de comunicación los engloban bajo una etiqueta única, salud mental. Y quizá no me acaba de convencer esta etiqueta porque a veces resulta ambigua, reduccionista y en muchos casos estigmatizadora. Es decir, hoy en día hablamos de salud mental para referirnos a demasiadas cosas. Diferenciando patologías graves del malestar cotidiano Puede ser esquizofrenia, que autismo, que TDH, que problemas psicológicos de la vida corriente que no sabemos gestionar es una generalización problemática. Cada trastorno mental tiene sus propias características, causas y manifestaciones únicas. ¿Por ejemplo, la ansiedad y la depresión son 2 condiciones comunes, pero difieren significativamente en sus síntomas y enfoques de tratamiento, haciéndolo simple, que sabéis que me gusta? Hacer de lo complejo algo fácil de acceder y de entender la ansiedad es, pues, una preocupación excesiva, miedo, ataques de pánico, síntomas físicos, pensamientos intrusivos que no nos dejan en paz. La depresión es una profunda tristeza, falta de interés, muy poca energía, pocas ganas de vivir. No olvidemos algo clave. No existen suicidios ni intentos de suicidio sin depresiones o sensaciones de tristeza muy profundas, pero también cuando hablamos de salud mental nos referimos. Al trastorno bipolar, a la esquizofrenia, a los trastornos de la alimentación, al TDHA, las adicciones, al autismo. Cada uno merece una atención individualizada. Meterlos todos en este baúl llamado salud mental me parece algo reduccionista y también corre el riesgo de que todos nos diagnostiquemos de algo, es decir, de que todos estemos atravesando realmente un problema de salud mental. Por una parte, es importante fomentar un entorno comprensivo y libre de prejuicios para que las personas puedan hablar sobre estos temas. He dicho en muchas ocasiones que lo único bueno que trajo la pandemia es que se empezó a hablar de verdad sobre salud mental. Recuerdo hace unos años, cuando empecé a impartir sesiones en empresas que llegaba y cuando me iban a presentar me decía el director o la persona encargada de la conferencia, si no te importa, no vamos a decir que eres psiquiatra. Diremos que eres médico especialista en emociones, pero queda raro decir que un psiquiatra viene a hablar a una empresa o que un psiquiatra viene a hablar a una universidad. Y yo decía, no, es que lo que yo quiero es que se empiece a hablar de la mente, de la neurociencia, de las emociones, de la psicología y de la psiquiatría. Es decir, igual que lo largo de los años se ha hecho prevención para enfermedades del colesterol, cardiovasculares, enfermedades neurológicas o de algunos tipos de cáncer, yo lo que buscaba hace ya muchos años. ¿Es que se pudiera hablar sin tapujos de salud mental? ¿Qué pasa, que como a lo largo de estos años, la salud mental ha englobado tal cantidad de síntomas, tal cantidad de afecciones? No hay un límite Claro sobre lo que es salud mental y no es salud mental. Si tú abres el libro del DSM 5. De la CIE 10, que son los manuales de psiquiatría y de psicología, estoy segura que acabas diagnosticándote a ti mismo y a todo tu entorno. Todos tenemos algo, todos tenemos rasgos. O trastornos o síntomas de muchas patologías o síntomas o trastornos psiquiátricos y psicológicos. Cada trastorno es un mundo y, además, las experiencias de las personas con estos problemas son variadas y complejas. Cada individuo tiene su propia historia, su propio contexto, sus desafíos, sus traumas. Algunas personas se enfrentan a trastornos de ansiedad, mientras que otras lidian con trastornos del estado de ánimo, como la bipolaridad o la depresión mayor. Cada experiencia es única. Y las causas de muchos problemas de salud mental también varían. No todo se puede atribuir al mismo factor. Existe el origen biológico, psicológico, social traumático o la combinación de los factores. etiqueta salud mental es útil para abordar este tema. Cuando cualquier periodista, político, médico, psiquiatra, profesor, alumno habla de salud mental, sabemos a qué nos estamos refiriendo. Y ha servido para hacer más visibles los problemas que durante mucho tiempo se mantenían en la sombra. Pero es importante reconocer la diversidad y la complejidad de las afecciones que engloba. Hace un tiempo leí un artículo muy interesante publicado en el país por el psiquiatra Guillermo Laera, profesor titular de psiquiatría de la Universidad de Alcalá y jefe de sección en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias. Le admiro, me gusta su visión de la salud mental y como aborda estos temas tan importantes de la mente y de las emociones. Él y yo compartimos un aspecto fundamental y es que en psiquiatría hay que distinguir 2 afecciones, 2 tipos, por un lado, la psiquiatría, las enfermedades de la mente graves, las que hemos conocido toda la vida y lo que él denomina el malestar de la vida o lo que yo llamo la patología de la vida corriente para las enfermedades graves psiquiátricas de toda la vida. Necesitamos medios, tratamientos eficaces, investigación, ayudar. Me refiero a la esquizofrenia, al autismo, al trastorno bipolar, a las depresiones graves, a las adicciones. Es decir, esa psiquiatría que ha tratado mi abuelo, mi padre a lo largo de muchísimos años, los pacientes psiquiátricos graves que se veían en la unidad de psiquiatría de los hospitales hasta hace unos años. Para esa patología de la vida corriente necesitamos integrar perspectivas y un análisis más amplio de nuestra época. Cuando hablamos de esa patología psiquiátrica grave, tenemos el problema de la lucha para llevar a cabo una vida plena. De esas personas que sufren afectadas por un trastorno mental grave, como ese trastorno obsesivo compulsivo, depresión mayor recurrente o los trastornos de la alimentación o la psicosis. Son trastornos que a veces incapacitan, alteran la vida, hacen sufrir tanto al que lo padece como a los familiares y son el resultado de una compleja interacción de distintos factores de tipo biológico y psicosociales. Las instituciones y los profesionales debemos facilitar el acceso a estos pacientes. A los tratamientos empíricamente validados y a todas las ayudas sociales que faciliten su plena integración en la Comunidad. No son tratamientos fáciles, requieren un seguimiento estrecho, terapeutas que conozcan estas enfermedades, que tengan experiencia, que conozcan las actualizaciones en los fármacos y que tengan un buen acceso a recursos que ayuden a paliar ese sufrimiento. Muchas de estas personas que sufren no solo requieren de un psiquiatra que sepa de medicación, sino también que puedan acceder a hospitales de día, a tratamientos integrales, a facilitar el deporte u otras actividades que puedan ayudar a paliar los síntomas graves que ellos padecen en la patología de la vida corriente. Síntomas y causas de las patologías de la vida corriente Me refiero a síntomas que están surgiendo cada vez más frecuentes en el día a día que transcurren con ansiedad, depresión, insomnio, obsesiones, vías de escape. Algunas adicciones, pero que no son la patología psiquiátrica grave de la que hablaba anteriormente. Esta patología de la vida corriente tiene mucho que ver con la frustración, la saturación, el agotamiento, la insatisfacción con la vida, la sensación de vacío, la búsqueda de vías de escape y esa famosa intoxicación de cortisol de la que tantas veces te he hablado. Me refiero a personas que aparentemente son sanas. Pero que debido a las circunstancias con las que conviven, por la conciliación, por un tema hormonal, por el estrés mantenido por dificultades en su vida personal o profesional, por dificultad a la hora de conciliar con sus hijos y con su trabajo, y activan ciertos síntomas físicos y psicológicos que les impiden tener una vida plena, esta patología de la vida corriente se expresa con ansiedad y depresión, como te decía. Con problemas para conciliar el sueño a veces dificulta el trabajo y tienen que pedir bajas laborales. Hay desbordamiento ante las múltiples adversidades de la vida y esto tiene un nombre, los trastornos adaptativos. Es decir, cuando nuestro cerebro se ha saturado porque está lidiando constantemente contra problemas físicos, psicológicos, la conciliación, el estrés mantenido, circunstancias económicas complicadas, circunstancias familiares. Todo ello desemboca en síntomas psicológicos. ¿Por qué te quiero hacer esta distinción hoy? Porque me parece importante en un momento dónde tanta gente habla de salud mental, en podcast, en entrevistas, en libros. En la vida todo el mundo pasa a una cena y la gente te habla de los problemas psicológicos. La gente está preocupada. Por fin hemos puesto este tema en la palestra, pero a veces pienso que no estamos sabiendo distinguir bien la patología psiquiátrica de toda la vida con este malestar de la vida, como habla el doctor la Hera. ¿Podemos repasar algunas cifras de una macroencuesta realizada en el año 2021 por el CIS? ¿En el 2021 estábamos saliendo de la pandemia, por lo tanto, en un momento difícil recuerdo en marzo del 2020, estaba yo confinada con mi padre? Bueno y con toda mi familia, y cuando vimos que se iba a confinar España y que nos iban a encerrar y lo que iba a suceder, mi padre, mi hermana Isabel y yo nos miramos y dijimos, Ay, las consecuencias psicológicas de esto. Recuerdo que al cabo de unos minutos, mi padre, mi hermana y yo nos sentamos y nos pusimos a hablar de lo que esto podría significar a nivel psicológico. Veníamos estresados, veníamos con cronopatía, veníamos de una etapa donde empezábamos a hablar de salud mental y la pandemia abrió las puertas de la presa y todos esos síntomas psicológicos que muchos de ellos estaban retenidos. ¿Se desbocaron en España el 41,9% de la población en el año 2021? Había sufrido problemas de sueño desde el inicio de la pandemia, casi la mitad de la población y el 38,7% reconocía haberse sentido cansado y sin energías. Probablemente me estás escuchando y estás pensando, a mí me pasó a mí. Mariano también me sucedió. Durante la pandemia hubo días de no dormir, de preocupaciones, de agotamiento, de saturación, de no poder más. Los profesionales prescribieron prescribimos más del doble de psicofármacos que antes. Sobre todo ansiolíticos, antidepresivos e inductores del sueño. El 35,1% de los españoles admitió que había llorado en el último año y medio. He dicho muchas veces que esas lágrimas a veces son buenas porque parte de las lágrimas es cortisol y nos ayuda a sentirnos más relajados, pero es un síntoma importante que demuestra saturación, cansancio y agotamiento. España no es una excepción. The Lancet, una de las revistas más prestigiosas del mundo. Señalaba que los casos de depresión y trastornos de ansiedad en el mundo habían aumentado un 28% en la depresión y un 26% en la ansiedad. ¿Hay una tendencia al alza en el consumo de psicofármacos en España? En el año pasado superamos los 4000000 de tratamientos mensuales de antidepresivos. Repito, la cifra 4000000 de tratamientos mensuales de antidepresivos. España encabeza el consumo de psicofármacos en Europa. Sobre todo las benzodiacepinas, los relajantes, los ansiolíticos. Muchos. Cuando os cuento esto me preguntáis cuál es la razón. Son variadas, pero una de ellas es que es fácil acceder a ellas. ¿Es fácil acceder a estos fármacos? Recuerdo cuando trabajaba en Londres que tuve una contractura muscular y me acerqué al hospital a pedir un relajante, un valium, un diazepam. Yo era médico del hospital y no me lo dieron. Me dijeron que era un fármaco difícil para acceder a él y que no me lo daban si no traía un informe de que realmente lo necesitaba. No podía mover el coño, así que accedí a un traumatólogo del hospital y le pedí que me lo prescribiera, me hizo un informe y me valoró y llegué a la farmacia con ese papel y en un bote me dieron 2 pastillas. Es decir, hay países en el mundo donde es mucho más difícil acceder a los fármacos que en España. De hecho, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupacientes, un organismo internacional independiente que se encarga de la fiscalización de las drogas. Señala que España es el país que más benzodiacepinas consume del mundo. Las benzodiacepinas, que son el alprazolam, Lolazepam, Diazepan y todos los derivados entran en el organismo, inducen el sueño, relajan, bajan la ansiedad, cada uno tiene su propio mecanismo de acción. Sin embargo, sostenidas en el tiempo, generan a la larga tolerancia, abuso y dependencia y la retirada a veces es un problema. Seguro que conoces a alguien que lleva toda la vida tomando su lexatín para dormir, su lorazepam, su orfidal. Y ya están acostumbrados y no lo pueden dejar. Incluso te dicen, ya no me hace efecto, pero si me lo Quito me genera un gran malestar. Este aumento en el consumo de psicofármacos responde en muchos casos a la medicalización de problemas cotidianos y emocionales, y también a la intolerancia al sufrimiento. Este es uno de los temas que surgen en varias ocasiones en mi nuevo libro, recupera tu mente, reconquista tu vida, te explico la razón por la cual cada vez tenemos menos tolerancia y la ansiedad. Al dolor, al sufrimiento y al malestar. ¿Y qué pasa? Que nuestro cerebro nos pide relajarse, nos pide una vía de escape fácil y las pastillas, los ansiolíticos y los antidepresivos a veces lo son. La necesidad de terapias y soluciones integrales El hecho de tomar tantos psicofármacos responde también a la ampliación de los límites de lo que consideramos trastornos mentales. Por eso te traigo este asunto hoy a mi podcast. Estos límites ahora son mucho más difusos que hace unos años y un factor importante que por supuesto influye es la dificultad de acceso a intervenciones no farmacológicas. Y a terapias que no se basen en los medicamentos. Y no todo es achacable. Las consecuencias de la pandemia. Muchas cosas podrían tratarse con una buena terapia, pero no hay tiempo, no hay profesionales. Las listas de espera son interminables y es más fácil dar una pastilla que atender durante horas a resolver problemas, ayudar a encajar, a encauzar las distintas problemáticas que cada uno trae. Entender que uno tiene activado un trauma en su vida y que ese trauma se reactiva cada vez generando ansiedad y depresión. Que circunstancias adversas en el día a día, que saturan, bloquean, agotan, que el estado de estrés mantenido impide descansar y, por lo tanto, el hecho de no dormir genera mayor irritabilidad y ansiedad a lo largo del día. Que a veces la conciliación no es fácil. Entre la vida personal y profesional que todos tenemos batallas en nuestra vida que nos hacen sufrir y la forma en la que gestionamos esas batallas influye poderosamente nuestra salud física y psicológica. La medicación es una solución rápida, como te decía, barata, y no requiere mucho compromiso del paciente ni de su entorno, pero es insuficiente. Es un parche. Además, cuando deja de dar el resultado que uno quiere, provoca a Menudo un injusto discurso antimedicación. Hay muchas personas que como han tenido mala experiencia con los fármacos o que han visto familiares suyos enganchados a las medicaciones, pues tienen algo contra ello. Hace unos meses acudió a mi consulta un paciente con una depresión muy grave con Ideación Autolítica. Quería morirse. Tiene una situación familiar muy compleja. Su padre se suicidó hace unos años, su madre tiene una depresión y lleva toda la vida medicada. Tiene un hermano en las drogas que ha ingresado varias veces en clínicas de desintoxicación y una sobrina suya con anorexia. Cuando llegó a mi consulta y vi lo mal que se encontraba, estuve escuchándole durante varias horas. ¿Al terminar le dije, pero te tengo que pautar una medicación? Y me dijo, Yo no quiero ningún tipo de pastilla, nadie en mi familia. Las medicaciones le han ayudado, todo lo contrario, viven enganchados, no las pueden soltar y ninguno de ellos mejora. Intenté convencerle. Intenté explicarle, en cada caso de sus familiares, por qué la medicación podía no estar funcionando, pero no logré convencerle. De hecho, me contó que siempre dejaba de acudir a los médicos y a los psiquiatras y a los psicólogos cuando le recomendaban tomar algún tipo de medicación. Marian. Intentamos otra cosa y le dije, lo vamos a intentar. Por supuesto que sí, pero tienes una depresión grave con ideas de suicidio y esto sería mala praxis por mi parte. Si yo no te diera una medicación no quiso, me pidió que lo intentáramos hacer de otra manera. Me preocupa, Claro que sí, pero trae un discurso anti medicación fuerte. ¿Al día siguiente, cuando volvió al cabo de unas semanas a su siguiente cita, me trajo artículos y libros, explicándome por qué la medicación destroza el cerebro de las personas y de los pacientes? Hay mucha gente que opina de esta manera y yo creo que como en todo, en el equilibrio, en el justa medida está la solución. Es como tantas cosas en la vida. Por supuesto que los analgésicos no hay que abusar de ellos y hay muchas personas que abusan a la mínima, que sienten un malestar, se toman una pastilla para el dolor, pero eso no significa que en ciertas ocasiones tener algo que palía el dolor es fundamental. Yo suelo comparar la medicación a las grúas, yo explico que la depresión es caer en un agujero, estás en el hoyo. Y la grúa te ayuda a salir. Sales porque de la otra manera te intentas subir tú a pelo con tus manos, agarrándote a las rocas, te resbalas, te vuelves a caer, todavía te haces más daño. Por lo tanto, hay diferentes tipos de maneras de salir, unas lanzándote una cuerda, otras pues con una grúa, diferentes maneras, pero todas ellas ayudan a salir de forma fácil. El tema es que cuando uno ya está a punto de salir, hay que intentar de la mejor manera posible ayudar a que esa persona no vuelva a recaer, dándole pautas, tips. Intentando que entienda cuál es la razón por la que cayó en un primer momento o en 1 segundo o en 1/3. Intentando que no solo dependa de la medicación para no recaer y sentirse bien. Y para eso a veces hay que sanar traumas, hay que modificar hábitos, hay que intentar introducir rutinas, lo que yo llamo rutinas vitamínicas que ayudan a que esa persona se sienta cada vez mejor, meter deporte, quitar hábitos tóxicos, aprender a gestionar a las personas del entorno, intentar diagnosticar cómo es esa voz interior que uno tiene. La autoestima no es un proceso fácil, pero de esa manera no solo dependemos de la medicación para sentirnos bien y tenemos que saber algo muy importante. Y es que las medicaciones y los fármacos no siempre curan. En muchas ocasiones las pastillas, como decía, son un parche, son una grúa, son esa cuerda. Pero hay personas que no responden a la medicación y aquí los psiquiatras, los investigadores, las personas dedicadas al mundo de la salud mental tenemos que buscar y muchas veces no es fácil, otras maneras, otros mecanismos. Para ayudar a paliar esos problemas. Esto sucede tanto en la patología psiquiátrica grave como en esa patología que yo llamo de la vida corriente. A veces hay personas que te vienen y te dicen, Marian, la medicación no me ha hecho nada, tanto en la patología grave como en la patología menos grave, y uno busca maneras de todo tipo para ayudar a que esa persona salga, adelanta. Pero en salud mental todavía estamos en pañales, se avanza, pero en el cerebro todavía hay mucho por lo que investigar. Hay muchas cosas que van a salir en los próximos 10 años, estoy segura. Y si en estos próximos 10 años sigo en este mundo del podcast y de la divulgación, hablaremos de esto, de cómo la investigación ha mejorado para ayudarnos a potenciar nuestra mente, a evitar los problemas psiquiátricos. Al menos intentar paliar los síntomas más graves. Porque eso ayuda a que la familia, que el entorno, a que la pareja, que los hijos puedan funcionar de forma mucho más adecuada. Esto ha significado una gran reflexión para mi Libro Nuevo. Herramientas prácticas para una mente sana y plena Y si a toda esta crisis de salud mental, esta crisis de la patología, de la vida corriente, del malestar de la vida intentáramos, frenar, analizar, pensar que nos está sucediendo, sea intoxicación de cortisol por miedo, por incertidumbre, por soledad, sea intoxicación de Dopamina que entenderás en el libro que genera un enorme vacío existencial, una frustración. Una sensación de insatisfacción vital que nos hace buscar vías de escape, dopaminérgicas y nos mete en una rueda donde cada vez tenemos menos tolerancia al dolor y al sufrimiento. Y, por supuesto, potenciar esos vínculos oxitocinicos. Hay que volver a pensar, profundizar, ser capaces de hacernos preguntas, intentar encontrar soluciones, pensamientos, rutinas que aporten salud mental a nuestra mente, no dejar el deporte, conocer cómo somos. Entender si tenemos algún trauma que podemos ir sanando y conocer nuestra personalidad. No hay soluciones fáciles para esta llamada epidemia de salud mental, pero está en nuestras manos mejorar nuestra salud y la de nuestro entorno. Intenta no abarcar demasiado, aprende a renunciar sin culpa, vive el momento presente, saborea la naturaleza, la playa, el mar, la montaña de vez en cuando, haz deporte, muévete. Sabemos cada vez más que es la mejor vacuna contra la salud mental. Todo esto te ayudará a sentirte de verdad pleno. Y podrás tener más bienestar si eres una persona que atravieses una patología grave psiquiátrica, lo tienes en tu familia OA tu alrededor, alguien que lo tiene no le sueltes, ayúdale. Acompáñale, son momentos de muchísima soledad y a veces de frustración porque faltan tratamientos realmente que ayuden a paliar esos síntomas tan graves si eres de los que padeces ese malestar de la vida. Usa patología de la vida corriente con ansiedad, depresión, insomnio, saturación, agotamiento, intoxicación de cortisol. ¿Y estás escuchando este podcast? ¿Es porque quieres prevenir o al menos entenderte? Sabes que lo he repetido muchas veces, que comprender es aliviar. Conócete intenta entender qué le pasa a tu cerebro para haber llegado a ese momento de saturación, de agobio, de insomnio. Intenta ver si hay algún trauma sin resolver alguna cosa de tu personalidad, sensibilidad, obsesiones, perfeccionismo, impulsividad. Que puedas matizar o paliar para sentirte mejor. No hay soluciones fáciles, pero hay pequeños tips que siempre ayudan. Intenta no abarcar demasiado. Hablábamos en el podcast anterior de esa búsqueda de la mujer pluscuamperfecta que pretende llegar a todo. Aprende a renunciar sin culpa, elige con alegría, vive el momento presente, intenta saborear la naturaleza, la playa, el mar, la montaña. De vez en cuando, haz deporte. Es la mejor vacuna y el mejor tratamiento que existe contra el malestar mental. Todo eso te abrirá grandes sensaciones que llenarán tu vida. De verdad intenta tener un proyecto personal, ese ikigai, ese sentido de vida. A veces no es fácil encontrarlo y hay que frenar para hallarlo. Planifica y ten tus puntos de referencia, esas personas vitamina que te ayudan a encontrar La Paz en los momentos de incertidumbre, de soledad y de miedo, esas personas que te inyectan de oxitocina. Cuando te encuentras intoxicado de cortisol.

Podcast Summary

Key Points:

  1. La pandemia de COVID-19 aumentó un 25% la prevalencia mundial de ansiedad y depresión en su primer año, según la OMS, con mayor impacto en mujeres y jóvenes.
  2. Se distingue entre patologías psiquiátricas graves (esquizofrenia, trastorno bipolar, depresiones mayores) y el "malestar de la vida" o "patología de la vida corriente" (ansiedad, insomnio, saturación por estrés cotidiano).
  3. El consumo de psicofármacos en España se disparó, superando los 4 millones de tratamientos mensuales de antidepresivos y liderando el consumo mundial de benzodiacepinas, lo que refleja una medicalización de problemas cotidianos.
  4. La medicación se compara con una "grúa" que ayuda a salir de un agujero, pero no es suficiente; se necesitan terapias integrales, rutinas saludables, deporte y vínculos sociales para una recuperación plena.
  5. Se critica la etiqueta única de "salud mental" por ser ambigua y reduccionista, pues cada trastorno tiene causas y manifestaciones únicas, y se aboga por una comprensión más matizada.

Summary:

El texto aborda el auge de la salud mental tras la pandemia, destacando un aumento del 25% en ansiedad y depresión a nivel mundial, según la OMS, con mayor afectación en mujeres y jóvenes. La autora, una psiquiatra, explica que las causas incluyen el aislamiento social, el miedo, el duelo y las preocupaciones económicas, que generaron una "intoxicación de cortisol" y una dependencia de gratificaciones dopaminérgicas. Sin embargo, critica el uso generalizado de la etiqueta "salud mental", que resulta ambigua y reduccionista, ya que mezcla patologías psiquiátricas graves (como esquizofrenia o trastorno bipolar) con el "malestar de la vida" cotidiano, caracterizado por ansiedad, insomnio y agotamiento.

Señala que España lidera el consumo mundial de benzodiacepinas y supera los 4 millones de tratamientos mensuales de antidepresivos, lo que refleja una medicalización excesiva de problemas emocionales y una intolerancia al sufrimiento. Aunque la medicación puede ser útil como "grúa" para salir de crisis, insiste en que es un parche insuficiente y aboga por terapias integrales, rutinas saludables, deporte, vínculos sociales y un proyecto personal (ikigai) para prevenir y tratar el malestar. Finalmente, enfatiza la necesidad de acompañar a quienes sufren patologías graves y de fomentar una comprensión más profunda de uno mismo para lograr una vida plena y equilibrada.

FAQs

Es un término que usa la autora para describir el estrés prolongado durante la pandemia, cuando el miedo y la incertidumbre mantenían altos niveles de cortisol, lo que satura el cerebro y afecta el bienestar emocional.

La ansiedad se caracteriza por preocupación excesiva, miedo, ataques de pánico y pensamientos intrusivos, mientras que la depresión implica tristeza profunda, falta de interés, baja energía y pocas ganas de vivir.

Son reacciones desbordantes ante adversidades como estrés laboral, problemas económicos o familiares, que generan síntomas como ansiedad, insomnio o agotamiento, sin ser una patología psiquiátrica grave.

Porque son de fácil acceso y se recetan como solución rápida a malestares cotidianos, a diferencia de países como Reino Unido, donde se requiere un informe médico especial para obtenerlas.

Recomienda terapia psicológica, rutinas saludables como deporte y contacto con la naturaleza, gestión emocional, sanar traumas y desarrollar un proyecto personal (ikigai), en lugar de depender solo de fármacos.

Es la postura de rechazo total a los psicofármacos, a menudo basada en malas experiencias. La autora lo ve injusto porque la medicación puede ser necesaria y útil, como una 'grúa' para salir de una depresión, aunque no sea la única solución.

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