#270 Saltos al vacío: el arrepentimiento y las decisiones que nos cuesta tomar
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El episodio comienza con la historia de Giovanni Drogo, un joven teniente que llega a la fortaleza Bastiani con la intención de quedarse temporalmente, pero termina pasando cuatro décadas esperando la llegada de los tártaros, un enemigo que nunca aparece. Esta novela de Dino Buzzati sirve como metáfora de cómo la espera pasiva puede convertirse en un proyecto de vida, impidiendo tomar decisiones reales. A partir de ahí, se exploran ideas sobre la elección y el arrepentimiento, citando a Kierkegaard, quien sostiene que toda decisión conlleva un coste y que el arrepentimiento es inevitable, por lo que la pregunta clave no es cómo evitarlo, sino de qué queremos arrepentirnos. Se menciona el libro "Los cinco arrepentimientos de los moribundos", donde el mayor lamento es no haber vivido fiel a uno mismo, y la estrategia de Jeff Bezos de minimizar el arrepentimiento futuro. También se recuerda la fábula de Ícaro, que advierte tanto del exceso de audacia como de la falta de ella. Finalmente, se concluye que no hay una respuesta única sobre cuándo dar el salto, pero que la esperanza, entendida como la certeza de que algo tiene sentido más allá del resultado, es necesaria para actuar. El episodio invita a reflexionar sobre qué se está dispuesto a renunciar para ser quien se quiere ser, recordando que "hoy es el mañana de ayer".
Un teniente joven recién salido de la Academia, sube a lomos de su caballo hacia el lugar al que nadie quiere ir, la fortaleza Bastiani, un puesto militar al borde de un desierto, más allá no hay nada, o más bien nada conocido. Su nombre es Giovanni Drough, tiene 22 años, y se ha dicho si mismo que su paso por la fortaleza va a ser algo temporal, que pedirá el raslado en cuanto ayer. Araméritos demostrará lo que vale, y en unos meses estará de vuelta en la ciudad, cerca de los suyos, con una brillante carrera por delante. Cuando atraviesa las puertas de la fortaleza, lo que ve le desconcierta. Los hombres llevan allí años, hay una rutina extraña casi hipnotica. ¿Se levantan, hacen guardia, comen, duermen, miran el desierto? Nada pasa, nada ha pasado en mucho tiempo. Pero todos esperan algo. La fortaleza existe para defenderse de los tártaros, unos enemigos que, según dicen, podrían llegar en cualquier momento. Nadie los ha visto, pero podrían venir. Ante la vergüenza de pedir un traslado demasiado pronto, Droughgó decide aguantar unos meses, y después un poco más, y otro poco, porque los tártaros tal vez estén a punto de llegar, y ese será su momento. Y pasa un año, y otro, y muchos más. Y Droughgó asciende y hace amigos y los pierde, y acaba conociendo la fortaleza como la palma de su mano mientras espera. Y así se van cuatro décadas, y la vejez le vence, cuando tiene ya el cuerpo roto y la vista cansada, entonces, que haga la noticia. Un ejército avanza por el norte. Ha llegado su momento, lo que tanto ha esperado, lo que da sentido a todos esos años. Pero a estas alturas, Droughgó ya no puede luchar. Ya no pueden ni estar de pie. Lo traslada a una posada de pueblo para que muera tranquilo, lejos de la fortaleza. Giovanni Droughgó nunca existió. Lo inventó del escritor italiano Dino Butsati en 1940, en una novela llamada "El Desierto de los Tártaros". La leí unos meses en la comunidad Kaizen, y es un libro agobiante, porque te hace sentir cómo a alguien se le pasa la vida mientras espera algo que nunca llega, y cómo es incapaz de reaccionar. Seguro que conoces a gente así. De hecho, todos somos así a veces. Nos aferramos a una historia, a un objetivo o a una identidad, y nos sentimos incapaces de cambiar el rumbo. Por eso hoy, vamos a hablar de saltos a lo hacía. Soy Jaime Rodriguez de Santiago, y esto es Kaizen. El podcast para mente sin quietas, en el que te acercó personas, ideas y técnicas fascinantes de las que aprendé cada día. En las últimas semanas, me he visto en distintas conversaciones algunas de ellas, con oyentes de podcast, en las que había una misma pregunta de fondo. ¿Cómo sé si es el momento de dar el paso? Y ese paso a veces es dejar un trabajo o empezar un proyecto que llevas años maquinando, o mudarte, o apostar por una relación o acabar con ella. Aunque muchas veces es algo más difuso, simplemente es la sensación de que la vida que estás viviendo no es exactamente la que quieres vivir, y que sientes que te acecha la pregunta de si ya es demasiado tarde, o si aún no es el momento. O si el problema es que el momento nunca llegará solo. Supongo que todos le damos vueltas a estas cosas de vez en cuando. Yo he dado algunos saltos en mi vida que salieron bien, otros que salieron regurar y otros que casi prefiero nos recordar. Pero creo que la conclusión más honesta a la que he llegado es que la pregunta en si, es si es el momento o no, no es demasiado útil. Al menos no como solemos hacerla, porque muchas veces parecemos asumir que llegará un instante en el que pegar ese salto será seguro, evidente o indudable, y creo que eso no suere suceder. El filósofo dan es Sorén Kirkegaard, escribió en 1843 un libro un poco extraño, titulado o lo uno o lo otro. En él trata de responder a la pregunta que en el fondo está realmente detrás de todas esas dudas que tenemos. ¿Cómo deberíamos vivir? En ese libro hay un pequeño fragmento que uno yente del podcast me recomendó por tu yte de hace poco. Voy a resumirlo un poco, pero básicamente dice lo siguiente. Cásate, te arrepentirás. No te cases, también te arrepentirás. ¿Te cases o no te cases? En ambos casos te arrepentirás. Obiente casas, obien no te casas. En ambos casos te arrepientes. Riete de las ocuras del mundo. Te arrepentirás. Yora por ellas. También te arrepentirás. Te rías de las ocuras del mundo hoy llores por ellas. Obiente rías de las ocuras del mundo. Obien lloras por ellas. Cígate, te arrepentirás. No te cuelgas. Te cuelgas o no te cuelgas. Obiente cuelgas o bien no te cuelgas. En ambos casos acabas arrepintiéndote. Esto, señores míos, es la quinta esencia de toda sabiduría. La alegría de la huerta del amigo Kirchegard. Desde luego lo último que queremos oír cuando no sabemos qué hacer es que hagamos o que hagamos, vamos a acabaros prepintiéndonos. Pero eso no es lo que está diciendo, o al menos no es todo lo que está diciendo. Lo que Kirchegard hace con esta pequeña crueldad es destruir una ilusión muy concreta, la ilusión de la opción sin coste. La idea de que, en algún lugar, entre todas las posibilidades que tienes delante, existe una que sale completamente gratis, una que no implica renuncia. Una, que, si la encuentras, te protegerá de la arrepentimiento. Y lo que él dice es que esa opción no existe que toda elección tiene precio, que elegir una cosa siempre significa no elegir la otra. Y que eso siempre deja algo de nostalgia, de duda, de si yo hubiera. No porque hayas elegido mal, sino porque elegir implica perderte la otra vida. Esto encaja perfectamente con lo que te contaba hace unas semanas cuando hablábamos del difícil arte de convertir el sufrimiento en fortaleza. Por más que queramos protegernos, lo cierto es que no podemos vivir a una distancia de seguridad de la vida. Y esto que a primera vista puede parecer deprimente, en realidad tiene un punto liberador, porque nos ayuda a romper con esa espera infinita que a veces nos atrapa, porque si vas a repentirte de todas formas y el arrepentimiento es inevitable, entonces ya no tiene sentido buscar un camino correcto que no duela. La pregunta deja de ser cómo evito el arrepentimiento y pasa a ser algo, creo que, mucho más interesante, de qué quiero repentirme. Lo que muchas veces llamamos "esperar" el momento adecuado, no es prudencia, es, en el mejor de los casos, una forma de aplazar el arrepentimiento y, en el peor, una forma de elegir sin parecerlo, elegir quedarte donde estás, elegir no saltar, pero, haciéndolo de manera tan gradual y tan silenciosa, que nunca sientes que tomaste una decisión. Yo van y drogo, no decidió quedarse en la fortaleza. Simplemente, nunca decidió irse. Porque Dino Butsati no escribió esa novela a hablar de un militar raro que se quedan una fortaleza en mitad de la nada. La escribió sobre algo mucho más universal. El mecanismo psicológico por el que convertimos la espera en un proyecto de vida. Todos tenemos nuestras fortalezas bastiani, dan estructura nuestras vidas, nos dan identidad, dan la sensación de que estamos en posición de hacer algo grande en cuanto llere el momento. Y mientras tanto, la vida pasa. Los amigos de drogo en la ciudad se casan, tienen hijos, fracasan, se reacen, construyen cosas, él no, él espera. Y lo más escalofriante de la novela es que drogo no es exactamente un covard, tampoco es un vago. Es alguien que acaba arrastrado por su falta de agencia y que termina elegiendo, sin querer hacerlo, una espera eterna. Hace mucho tiempo ya, creo que en la primera temporada del podcast hablamos de las cosas de las que nos arrepentimos antes de morir. Lo hicimos a partir del libro que escribió una enfermera australiana tras pasar años trabajando en cuidados paliativos, acompañando a personas en las últimas semanas de sus vidas, charlando con ellas y apuntando lo que lamentaban. Ese libro se llama "The Five Regrets of the Dying". En Castellano creo que alguien decidió que podía mejorar el título y lo llamaron "los cinco mandamientos para tener una vida plena". Hay mucha creatividad ahí fuera. Se llame como se llame, una de las cosas que llaman la atención del libro es que casi nadie lamentaba lo que había hecho, pero casi todos lamentaban lo que no había hecho. Es más, el arrepentimiento más frecuente, el número uno, era este. Ojalá hubiera tenido el valor de vivir una vida fiel a quien soy y no la vida que otros esperaban de mí. No es ojalá no me hubiera arriesgado tanto. Ojalá hubiera sido más cauto. Es más bien, ojalá hubiera saltado más. Jeff Besos suele contar una historia sobre cómo decidió dejar su trabajo en Wall Street para fundar Amazon. Tenía 30 años, un trabajo muy bien pagado y una idea que le parecía absurda y obvia a la vez, vender libros por internet. Todo el mundo a su alrededor le decía que era una locura. El mismo no estaba seguro. Y según él se imaginó con 80 años mirando hacia atrás y se hizo una pregunta muy sencilla. ¿De qué me voy a arrepentir más? De haber intentado esto y haber flacasado o de no haberlo intentado. Lo llamó el marco de minimización del arrepentimiento. Es una forma de saltar en el tiempo, en lugar de preguntarte si el santo es seguro ahora, te preguntas qué ve
desde el final de tu vida. Y desde ahí muchas veces la decisión se vuelve sorprendentemente clara, aunque tampoco nos engañemos, besos podría perfectamente haber llamado a esto la forma de autocombrarte de hacer algo que ya sabes que quieres hacer, porque en muchos casos más que una perspectiva objetiva es una manera de racionalizar tu decisión. Pero, oye, si funciona no se de yo que te diga que no lo hagas. Otro libro que leímos hace unos meses en la comunidad Kaizen fue "Shifting the Silence", desplazando el silencio. Es un librito pequeño y extraño que recogen las últimas reflexiones de una poeta libanesa llamada etel-atnan en sus últimos años de vida. Entre las frases que yo deje su pralladas de ese libro hay una que creo que encaja muy bien aquí. De joven mueres muchas veces es una aventura a la que te lanzas de Kaizen, el gran descubrimiento de la perdida. Luego los años pasan o se acumulan, te llevan sobre sus aguas y te enseñan que la próxima vez la muerte será definitiva. Esas muertes de la juventud a las que se refiere etel-atnan es lo que pasa cuando tomas decisiones. Dejas atrás una versión de ti, abandonas una vida posible para entrar en otra. Y cuanto más jovenes somos, más lo vivimos como una aventura como un descubrimiento, pero poco a poco perdemos esa emoción por el cambio. Puede ser por un buen motivo, a veces simplemente las piezas encajan y lo que queremos es preservarlas. Pero otras veces es solo el peso de los años pasados y el miedo a decidir. Y en parte ese miedo es normal. A todos os han contado la fábula de hícaro para advertingos de que no se hamos demasiado ambiciosos. Si tratas de volar demasiado cerca del sol, tus alas se detenjan y caerás al vacío. Es una buena advertencia, te ayuda a valorar lo que tienes y te previene frente a arriesgarlo todo en un movimiento estúpido. Pero eso es un extremo. Dedalo, el padre de hícaro, también le advirtió de que no volara demasiado bajo, porque la humedad del mar pesaría sobre sus alas y lo arrastraría. Siempre nos quedamos con la parte de la historia que habla del peligro de atreverse demasiado y nos olvidamos de la otra mitad. El peligro de no atreverse lo suficiente. Y aquí, soy consciente, nos acercamos peligrosamente a la psicología positiva y al pensamiento Mr. Wondelfull, que tanto he criticado. Así que déjame ser claro. El universo no conspira para que logres tus sueños. Es más, al universo lo más probable es que no limportemos ni tú, ni yo, un carajo. Las cosas como son. Pero eso no es incompatible con entender que hay muchas situaciones en las que creer al menos un poco que algo va a funcionar, es una condición necesaria para que funcione. No suficiente. Ojo, pero sí necesaria. Si no crees que puedes hacer algo, normalmente ni lo intentas. Y si no lo intentas, nunca sabes si habrías podido. La esperanza necesaria para apostar por una posibilidad antes de tener garantías no es un lujo irracional. A veces es el único camino disponible, recuerda la definición de Baclaf Hubble. La esperanza no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo sandrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido independientemente de cómo resulte. Vale, hemos dicho muchas cosas. Pero ¿cuál es la conclusión de todo este capítulo? No creo tener una respuesta definitiva a cuando dar o no dar cada salto. Esa pregunta hay que responderla cada vez, cada uno de nosotros. Pero creo que sí hemos dado algunas respuestas a cómo afrontar esas preguntas. Sí, saltar al vacío da miedo. Pero no saltar también. Así que necesitamos una cierta convicción de que hagamos lo que hagamos, el riesgo merece la pena. No podemos evitar la decisión ni el peaje de decidir. Así que, abracemosla. Mi querida amiga y compañera de aventuras en universo 42, Sara Rodriguez-Marim publicó hace poco en su newsletter una entrada que te recomiendo mucho. Se titula, somos a lo que renunciamos. Y casi al final hace una buena pregunta. Si hoy no eres que inquiere ser, ¿a qué renunciarías para conseguir serlo? Yo no tengo mucho más que añadir, así que voy a terminar con esa pregunta y con otra frase de Etel Atman, que espero que te anime a responderla. Hoy es el mañana de ayer. Y hasta aquí el capítulo de esta semana, caís en y yo volveremos a que viene, pero como siempre te animo a suscribirte y recomendar el podcast allá donde los cuches o veas, pero especialmente a tus amigos, que creo que es la mejor forma de que siga creciendo. Además, si quieres apoyarlo económicamente y ayudarme a que pueda hacer más y mejores contenidos, puedes unirte a la comunidad Caizen, que tiene también un montón de ventajas. Tendrás acceso a un foro en el que encontrarás a otros curiosos compulsivos. 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Podcast Summary
Key Points:
La novela "El Desierto de los Tártaros" de Dino Buzzati ilustra cómo la espera de un evento que nunca llega puede consumir la vida de una persona, como le sucede al teniente Giovanni Drogo.
Kierkegaard, en "O lo uno o lo otro", argumenta que toda elección conlleva arrepentimiento, destruyendo la ilusión de una opción sin coste y liberando al individuo para decidir de qué quiere arrepentirse.
El mayor arrepentimiento al final de la vida, según el libro "Los cinco mandamientos para tener una vida plena", es no haber vivido fiel a uno mismo, en lugar de haber tomado riesgos.
Jeff Bezos utilizó el "marco de minimización del arrepentimiento" para decidir fundar Amazon, preguntándose qué lamentaría más a los 80 años.
La fábula de Ícaro advierte tanto del peligro de volar demasiado alto como demasiado bajo, recordando que no atreverse lo suficiente también es un riesgo.
La esperanza no es optimismo ciego, sino la certeza de que algo tiene sentido independientemente del resultado, como define Václav Havel.
Summary:
El episodio comienza con la historia de Giovanni Drogo, un joven teniente que llega a la fortaleza Bastiani con la intención de quedarse temporalmente, pero termina pasando cuatro décadas esperando la llegada de los tártaros, un enemigo que nunca aparece. Esta novela de Dino Buzzati sirve como metáfora de cómo la espera pasiva puede convertirse en un proyecto de vida, impidiendo tomar decisiones reales. A partir de ahí, se exploran ideas sobre la elección y el arrepentimiento, citando a Kierkegaard, quien sostiene que toda decisión conlleva un coste y que el arrepentimiento es inevitable, por lo que la pregunta clave no es cómo evitarlo, sino de qué queremos arrepentirnos.
Se menciona el libro "Los cinco arrepentimientos de los moribundos", donde el mayor lamento es no haber vivido fiel a uno mismo, y la estrategia de Jeff Bezos de minimizar el arrepentimiento futuro. También se recuerda la fábula de Ícaro, que advierte tanto del exceso de audacia como de la falta de ella. Finalmente, se concluye que no hay una respuesta única sobre cuándo dar el salto, pero que la esperanza, entendida como la certeza de que algo tiene sentido más allá del resultado, es necesaria para actuar.
El episodio invita a reflexionar sobre qué se está dispuesto a renunciar para ser quien se quiere ser, recordando que "hoy es el mañana de ayer".
FAQs
Giovanni Drogo es un personaje ficticio del libro 'El Desierto de los Tártaros' de Dino Buzzati, que simboliza a alguien que pasa la vida esperando un momento que nunca llega, atrapado en la rutina y la falta de acción.
Kierkegaard dice que te arrepentirás tanto si tomas una decisión como si no, porque toda elección implica renunciar a algo. Esto destruye la ilusión de una opción sin coste.
El arrepentimiento más común es: 'Ojalá hubiera tenido el valor de vivir una vida fiel a quien soy, y no la vida que otros esperaban de mí'.
Es una técnica donde te imaginas con 80 años y te preguntas de qué te arrepentirías más: de haberlo intentado y fracasado, o de no haberlo intentado.
La esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido independientemente del resultado, a diferencia del optimismo que anticipa un buen resultado.
Pregúntate: 'Si hoy no eres quien quieres ser, ¿a qué renunciarías para conseguir serlo?'.
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