Go back

#268 Todo es televisión

17m 27s

#268 Todo es televisión

El texto analiza cómo las redes sociales, los podcasts y la inteligencia artificial están convergiendo hacia un modelo de "televisión constante", donde el flujo de vídeos cortos y continuos domina el consumo digital. Según el autor, esto ha transformado las plataformas sociales en medios de entretenimiento pasivo, donde el algoritmo prioriza la retención visual sobre la conexión humana. Además, se señala que esta tendencia refuerza la superficialidad, la soledad y la polarización, al tiempo que degrada la capacidad de atención y el pensamiento profundo. La escritura y la lectura, bases del razonamiento lógico, están siendo reemplazadas por contenidos diseñados para ser consumidos de forma distraída. Sin embargo, el autor propone que no se trata de abandonar la tecnología, sino de usarla con intención, asumiendo el esfuerzo de mantener la profundidad intelectual y emocional en un entorno que invita a la inmediatez. La clave está en ser deliberados, elegir el camino difícil de vez en cuando y no delegar por completo nuestro pensamiento en las máquinas, para así preservar una vida interior rica y conexiones auténticas.

Transcription

2911 Words, 17217 Characters

Spanish
Te has fijado que las redes sociales son cada vez menos sociales. Hace unos meses, durante una investigación sobre prácticas anticonpetitivas, meta la empresa propietaria de Instagram y Facebook, hizo una extraña confesión. Para justificar que no tenían una posición dominante en el mercado de las redes sociales, dijeron que no son una red social. Son una empresa de medios. Explicaron que hoy en día más del 90% del tiempo que pasamos en Instagram y más del 80% del que pasamos en Facebook, lo dedicamos a ver contenidos de gente que no es parte de nuestros contactos. En concreto, la inmensa mayoría de ese tiempo, lo pasamos en huyendo vídeos cortos de personas que no conocemos absolutamente de nada, elegidos por un algoritmo diseñado para que no apartemos la mirada. Las redes sociales han dejado de ser un lugar de conexión para convertirse simple y ya la mente en un nuevo tipo de televisión. Esta idea no es mía, es de un artículo brillante de Derek Thomson, al que llevo un tiempo dando vueltas. Y es que según él estamos asistiendo a una convergencia inesperada. Absolutamente todo lo que no era televisión se está convirtiendo en televisión. Porque esto no está pasando solo con las redes sociales. Yo tengo un ejemplo muy cercano, los podcast. Empezaron como una especie de radio en internet, que es un formato que a muchos nos gusta porque puedes escuchar mientras hace otras cosas. Por ejemplo, mientras vas de aeropuerto en aeropuerto y de avión en avión, que es exactamente lo que me sucedía a mí cuando decidí empezar con este podcast. Porque quise hacer algo parecido a aquello que tanto me gustaba. Con una ventaja adicional, cuando solo haces audio, te puedes enfocar en la sustancia de lo que comunicas, en las palabras que liges, en los mensajes, en contar una historia de forma más o menos profunda, sin preocuparte demasiado por cosas como la iluminación, la calidad de la cámara que tienes, o incluso si estás o no peinado o las hojeras que tienes. En eso fallo siempre. Pero desde que yo empecé hace más de siete años ya, las cosas han cambiado mucho. Los podcast más exitosos hoy en día se están convirtiendo en programas de YouTube. Los podcast con vídeos están creciendo 20 veces más rápido que los de audio. Más de la mitad de los más populares del mundo tienen su versión en vídeo. Yo me resistí cuanto pude, pero desde hace dos o tres años creo, también tengo un canal de YouTube donde hago lo que puedo. Creo que no es mi medio más natural, pero es que la realidad es tozuda. Los podcast se están convirtiendo en televisión. Y por si fuera poco vivimos en plena explosión de la inteligencia artificial. Las herramientas para crear vídeos sobre cualquier temática que te imagines, con un aspecto absolutamente profesional, avanzan a una velocidad vertiginosa. Hay quien piensa que esto va a resultar en una especie de florecimiento de la creatividad, en el que cualquiera se va a dedicar a crear pequeñas obras maestras de entretenimiento adaptadas a su propio gusto. Puede que ese sea el futuro, aunque también puede que se parezca más a lo que tradicionalmente ha tenido lugar en casi todas las actividades humanas. El 90% de los usuarios, más o menos, consumiendo contenidos que el 9% más o menos de nuevo ha remescrado y recomendado, pero que en realidad sólo vienen del 1% de los usuarios. Pero de una forma u otra parece que nos estamos adentrando en tiempos de inteligencias artificiales convertidas en creadores incansables de vídeo. Porque la inteligencia artificial también se puede convertir en televisión. En matemáticas hay una palabra para describir todo esto de lo que estamos hablando. Se llama "Atractor". Un atractor es el estado hacia el que un sistema dinámico tiende a evolucionar con el tiempo. Imagina que lanzas una cana de dentro de un bol. La cana dará vueltas y vueltas, subirá y bajará, pero si le das el tiempo suficiente, siempre acabará atraída al mismo sitio. El fondo del bol. Bueno, pues parece que el fondo del bol de nuestra cultura digital el atractor absoluto de todo el entretenimiento y la información humana es el vídeo continuo. Y de eso precisamente vamos a hablar hoy. ¿De qué pasa cuando todo se convierte en una televisión constante? Y lo más importante, qué efecto tiene este atractor en nuestra forma de pensar, en nuestra capacidad de prestar atención, y en una solidad que cada vez está más presente en la sociedad. Hay madre. Soy Jaime Rodriguez Santiago y esto es "Kaisen". El podcast para "Mentes inquietas" en el que te acercó personas, ideas y artécnicas fascinantes de las que aprender cada día. Antes de seguir hagamos una pregunta quizás absurda. ¿Qué es la televisión? Porque Direct Thompson habla de algo que va más allá de las cadenas tradicionales de televisión o incluso de Netflix, pero que curiosamente se basa en una definición aguantiva. En 1974, Raymond Williams publicó un libro llamado "Television", "Technology and Cultural Forum". Algo así como "Television, Tecnología y Forma Cultural". O no sé, yo no traduciría así. En el que decía que en todos los sistemas de comunicación previos a la televisión, los elementos esenciales eran discretos. Es decir, un libro está perfectamente delimitado y es finito. Existe por sí mismo, mientras que según él, la televisión cambió nuestra cultura y nos hizo pasar de consumir elementos discretos individuales como libros u obras de teatro, a ponernos frente a un flujo continuo de imágenes y sonidos. Usando esa misma definición, plataformas como YouTube o TikTok, son una forma aún más perfecta de televisión que la televisión tradicional, porque en la tele tradicional, o incluso en las plataformas streaming, uno puede conectarse a ver un programa o una serie concreta. Algo delimitado y bien definido. Pero en TikTok, cada vídeo individual importa bastante poco. El atractivo de la plataforma es la promesa de un flujo inacabable que se adapta a ti a través del algoritmo. El flujo es más importante que el contenido. Claro, que si todos está convirtiendo en televisión, es probable que tengamos demasiada televisión. Hasta el punto de que muchos de los contenidos se crean ya asumiendo que la audiencia va a estar siempre distraída y haciendo alguna cosa más a la vez. A los guionistas de Netflix, les suelen insistir en que hagan las tramas lo más obvias posibles. Para asegurarse de que quienes se ponen una serie o una peli, mientras miran algo en el móvil, no se pierdan. Y así, nos necesitas fijar, acabas con personajes que te anuncian lo que van a hacer. Lo hacen y por si a caso no te has enterado, después te explican lo que han hecho. Y de esta manera, nos hemos encontrado con cantidades ingentes de contenidos que no están realmente hechos para que les prestemos atención. Si no para convertirse en una especie de flujo, continuo que nos acompaña mientras saltamos de una pantalla a otra. Vale, pero ¿y qué más da que sea así? ¿Realmente importa? DirectZoneZone dice que a él le gusta la televisión, que sigue algunos canales de YouTube espectaculares. Y que de hecho no tienen el fondo nada en contra de que haya medios basados en vídeo, pero que le preocupa lo que sucede cuando todo se convierte en eso. Y le preocupa porque le parece que encaja muy bien con dos grandes tendencias que él detectan Estados Unidos y que yo creo que también suceden en muchos otros lugares del mundo. Por un lado, la epidemia de solidad y por otro, la renuncia a pensar. Sobre la relación entre la solidad y la televisión, se ha escrito mucho a lo largo de los años. Gracias a distintos avances entre 1965 y 1995, el americano medio anó unas seis horas de ocio a la semana. O lo que es lo mismo, unas 300 horas al año, que podrían haber dedicado a aprender cosas nuevas, a participar en actividades sociales, o a tener más hijos, pero que dedicaron casi exclusivamente a ver más televisión. De hecho, sucedió algo que a los de mi generación nos parece lo más normal del mundo, mientras que en 1970, sólo el 6% de los adolescentes tenían una televisión en su dormitorio para 1999 eran el 77%. Yo, desde luego, puedo decir que me crie pegado a la televisión. Para entonces, cuando algunos alertaban del peligro de que la televisión se cargaran nuestras capacidades sociales, otros decían que aquello era una exageración. Y que, en realidad, daba igual, porque iba a venir una nueva tecnología que no se iba a conectar a todos, con todos de formas que jamás lo habíamos imaginado. Internet. Y a ver, no puedo ser más fan de Internet, pero creo que en eso no ha funcionado exactamente como esperábamos. Nos sumergimos día tras día en esos lujos continuos de contenidos, mientras ignoramos a quienes tenemos alrededor. Tendremos a preferir comunicarnos de forma a síncrona por mensajes o por audios antes que llamar o ir a ver a alguien. Y buena parte de la polarización política que tenemos tiene que ver con que cualquier mensaje tiene que ser compartible en fragmentos minúsculos y llamativos que figen nuestra atención entre todo el ruido. Neil Postman escribió un libro llamado "Amusing or South to death" entre teniéndonos hasta la muerte. En él explicaba más o menos que cada medio tiene claves diferentes, que funcionan mejor diferentes formas de comunicación según el medio. La televisión tiene unas claves muy concretas y que todo se convierta en televisión significa que todas las formas de comunicación empiezan a adoptar esas claves. La inmediate, la emoción, el espectáculo, la privedad, pero esto tiene consecuencias. Cuando todo es urgente, nada es realmente importante. La política se convierte en un teatro. La ciencia en Storytelling es decir, en la habilidad para contar una historia, no para ser precisos. Las noticias se convierten en un espectáculo en un producto más diseñado para generar emociones como la indignación o el miedo que para informar. El resultado de todo esto, según Postman, es una sociedad que se olvida de cómo pensar en mí. párrafos y aprende a pensar en escenas. Pienzan esto en la próxima vez que analices el panorama político de tu país. Quienes triunfan tienden a ser quienes dominan la gramática de la televisión, especialmente la basada en mensajes, cortos y efectistas. Aunque esto va más allá de la política, porque para mucha gente el éxito produciendo vídeos cortos es literalmente lo mismo que el éxito en la vida. Año tras año la respuesta mayoritaria en encuestas sobre qué quiere ser de mayor la gente de la generación z es la misma. Influencer. Justo la vez que todo se convierte en esa televisión constante, nos enfrentamos a otro reto. Estamos renunciando a pensar. El propio Thompson tiene otro artículo llamado "The End of Thinking", y es que mientras nos ponemos serios y debatimos si las inteligencias artificiales acabarán con nuestros trabajos, estamos degradando nuestra capacidad para pensar, delegando nuestras mentes a las máquilas. Hace poco se hizo viral un artículo que decía básicamente que el sistema educativo se ha convertido en un duelo de prompts. Los estudiantes usan laía para escribir sus trabajos y los profesores se enfrentan a una crisis existencial, como evaluar la capacidad de pensar de alguien que solo sabe darle instrucciones a una máquina. En ese aciculo, un estudiante decía que la universidad se había convertido simplemente en ver cómo debían usar chatgipiti. Pero el problema real no es el aprobado fácil. El problema, según Thompson, es que escribir es pensar. No escribimos después de tener una idea. Escribir, dice, es el proceso mismo en el que entendemos algo. Al externalizar la escritura llenamos nuestras pantallas de palabras, pero vaciamos nuestras mentes de pensamiento. Por cierto, él habla de escribir, pero creo que se puede extender a cualquier forma de pensamiento en la que nos enfrentamos al reto de tener que convertir las ideas difusas que tenemos en nuestras cabezas en algo tangible y redisable. Pasa algo parecido cuando dibujamos o hacemos matemáticas o programamos. Pero bueno, lo preocupante es que este decliven la escritura viene acompañado de un abandono masivo de la lectura. Pero primera vez en décadas las puntuaciones en alfabetización están cayendo en todo occidente. Hay incluso quien se pregunta si hemos alcanzado el pico de capacidad cerebra humana justo en el momento en el que construimos máquinas para que piensen por nosotros. Lo cierto es que la alfabetización rediseñó la manera en la que pensamos. La combinación de lectura y escritura es la base del pensamiento lógico profundo. Y ahora estamos desconectando ese cableado cognitivo. Nos está quedando un capítulo de lo más intelectualmente apocalíptico. ¿Qué hacemos con todo esto? Porque la solución no es, desde luego, dejar de usar las increíbles herramientas que vamos inventando. Tenemos ejemplos de cómo, por ejemplo, para diagnosticar enfermedades raras, lasillas son ya mejores que muchos médicos. Así que no vamos a hacer que los médicos no utiliza las inteligencias artificiales. Pero tendremos que repensar como todos lo hacemos para que sean una manera de aumentar nuestras capacidades y no de sustituirlas. Thomson recurre un ejemplo del mundo del deporte, el tiempo bajo tensión. Imagina que tienes que hacer una sentadilla mientras sacarras una pesa en tus manos. Puedes hacer la sentadilla en 2 segundos o más lendamente en 10 segundos. Obviamente, cuanto más tiempo pongas a tus músculos bajo tensión, más difíciles. Pero también es la forma de construir más músculo. El pensamiento profundo se beneficia de algo parecido al tiempo bajo tensión. Esto te sientas con paciencia delante de unas cuantas ideas más o menos desconectadas y te enfrentas al reto de tratar de unirlas mientras descubres nuevas fuentes, investigas o simplemente te peleas con el reto tu razonamiento mejora. Claro que todo esto puede hacerse utilizando inteligencias artificiales. De hecho, seguramente puede hacerse mejor que nunca. Igual que se pueden hacer películas o series increíbles y podemos incluso prestarles atención. Pero para que eso suceda, tenemos que poner de nuestra parte. Y supongo que esa es un poco la clave de todo lo que estamos discutiendo hoy. Mis conclusiones son algo diferentes de las de Thompson. Soy menos que si mista que él. Pienso que tenemos una larga trayitoria de usar la tecnología para ser cada vez más inteligentes y más capaces. Y creo que con todos los retos que trae tener internet es mucho mejor que no tenerlo. Y que al final, como en casi todo, lo que hagamos con el mundo que vivamos depende de nosotros. Cuando todo se convierte en televisión, lo que desaparece no es algo tan amplio como la inteligencia. Si no más bien la capacidad para tener una viga interior rica, de la misma manera, lo que sucede no es una soledad estricta. Seguimos estando conectados los unos con los otros, pero de una forma muy débil. Lo que nos dejamos por el camino cuando nos abandonamos a un flujo continuo de contenidos o delegamos nuestro pensamiento a una inteligencia artificial es la profundidad. Desconnecciones con los demás se vuelven superficiales. Muchas veces basadas en una utilidad inmediata. Nuestro pensamiento también se vuelve superficial. Nos quedamos con la pariencia de conocimiento de quienes que ha de producir algo sin entender lo. Así que lo que nos toca a cada uno de nosotros es entender cómo recuperar esa profundidad sin perder todo lo demás. Y no tengo todas las respuestas, pero sospecho que tiene que ver con ser deliberados en lo que hacemos, con asumir la ligera en comodidad de tomar el camino difícil. Al menos de vez en cuando. Con esforzarnos mientras todo nos invita a no hacerlo. Y hasta aquí el capítulo de esta semana, caís en y yo volveremos a que viene, pero como siempre se anima a suscribirte y recomendar el podcast allá donde los cuches o veas, pero especialmente a tus amigos, que creo que es la mejor forma de que siga agreciendo. Además, si quieres apoyarlo económicamente y ayudarme a que pueda hacer más y mejores contenidos, puedes unirte a la comunidad Caizen, que tiene también un montón de ventajas. Tendrás acceso a un foro en el que encontrarás a otros curiosos compulsivos. Recomendaciones de cientos de libros y películas, tendrás acceso a contenidos exclusivos, como los guiones del podcast y a un fit privado para escucharlo sin publicidad y antes que nadie. También podrás reservar sesiones de mentoria conmigo, participar en los encuentros virtuales que hacemos cada mes y tener acceso prioritario a las lavaciones en directo. Vamos, que aunque pienso que el principal valor de verdad es ayudar a que el podcast sea adelante, he intentado que tengas muchos motivos para unirte. Si quieres hacerlo solo tienes que entrar en mi web, hymeroly.gc.com y hacer clic en el ban es rojo. Y desde esa misma web o desde mi twitter, @hymeguyonbajo.rds puedes hacerme llegar tus comentarios, tus sugerencias, lo que tú quieras. Siempre contesto, aunque a veces tarden un poco y a veces mucho, y a veces muchísimo, me acabo contestando. Y recuerda que si quieres participar en el podcast puedes hacerlo enviando tus notas de audio por WhatsApp al siguiente número, 683172, 622, con el precio 34 y lo mandas desde fuera de España. Y esto es todo por hoy, muchísimas gracias por estar ahí y hasta la semana que viene.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Las redes sociales (Instagram, Facebook) han dejado de ser espacios de conexión para convertirse en plataformas de consumo de vídeos cortos, donde más del 90% del tiempo se dedica a contenidos de desconocidos.
  2. Todo el entretenimiento digital (redes sociales, podcasts, IA) converge hacia un "atractor": el vídeo continuo, similar a la televisión, donde el flujo constante es más importante que el contenido individual.
  3. Esta transformación tiene consecuencias negativas
  4. La alfabetización y la escritura están en declive, lo que debilita la capacidad de pensamiento lógico y profundo, mientras la IA externaliza procesos cognitivos clave.
  5. La solución no es rechazar la tecnología, sino usarla de manera deliberada para aumentar nuestras capacidades, manteniendo la profundidad en las conexiones humanas y el pensamiento.

Summary:

El texto analiza cómo las redes sociales, los podcasts y la inteligencia artificial están convergiendo hacia un modelo de "televisión constante", donde el flujo de vídeos cortos y continuos domina el consumo digital. Según el autor, esto ha transformado las plataformas sociales en medios de entretenimiento pasivo, donde el algoritmo prioriza la retención visual sobre la conexión humana. Además, se señala que esta tendencia refuerza la superficialidad, la soledad y la polarización, al tiempo que degrada la capacidad de atención y el pensamiento profundo.

La escritura y la lectura, bases del razonamiento lógico, están siendo reemplazadas por contenidos diseñados para ser consumidos de forma distraída. Sin embargo, el autor propone que no se trata de abandonar la tecnología, sino de usarla con intención, asumiendo el esfuerzo de mantener la profundidad intelectual y emocional en un entorno que invita a la inmediatez. La clave está en ser deliberados, elegir el camino difícil de vez en cuando y no delegar por completo nuestro pensamiento en las máquinas, para así preservar una vida interior rica y conexiones auténticas.

FAQs

Meta argumentó que no es una red social, sino una empresa de medios, porque más del 90% del tiempo en Instagram y el 80% en Facebook se dedica a ver contenido de desconocidos, no de contactos.

Los podcasts se están convirtiendo en programas de YouTube, ya que los que tienen video crecen 20 veces más rápido que los de audio, y más de la mitad de los más populares tienen versión en video.

Un atractor es el estado hacia el que un sistema tiende a evolucionar; en cultura digital, el video continuo es el atractor que convierte todo el entretenimiento e información en una forma de televisión.

Según Raymond Williams, la televisión cambió la cultura al pasar de consumir elementos discretos (como libros) a un flujo continuo de imágenes y sonidos, donde el flujo es más importante que el contenido.

La televisión constante fomenta la soledad al reemplazar interacciones sociales y reduce la capacidad de pensar al promover contenido superficial y delegar el pensamiento a máquinas.

Según Postman, todo se vuelve inmediatez, emoción y espectáculo, haciendo que la política sea teatro, la ciencia storytelling, y las noticias un producto emocional, olvidando cómo pensar en profundidad.

Chat with AI

Loading...

Pro features

Go deeper with this episode

Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.