El narrador comienza relatando la despedida de su jefe en París, un hombre extrovertido que obtenía energía de las interacciones sociales. Esto lo lleva a reflexionar sobre su propia introversión y cómo las relaciones sociales lo agotan, a diferencia de su jefe. Aclara que la introversión no es timidez, sino una respuesta diferente a los estímulos: mientras los extrovertidos necesitan más interacción para activarse, los introvertidos se saturan fácilmente. Explica el modelo OCEAN de personalidad, que incluye apertura, escrupulosidad, extroversión, amabilidad y neuroticismo, y señala que estos rasgos son espectros. También menciona las cuatro fuentes de energía (física, emocional, mental y espiritual) y cómo se relacionan con la personalidad. Luego, aborda la importancia del capital social y las redes de contacto para el éxito, citando estudios que muestran que, en trabajos donde el rendimiento no es fácil de medir, las relaciones son clave. Finalmente, ofrece una receta para el networking: aumentar la exposición (sin forzar la introversión), ser auténtico (mostrando vulnerabilidad) y practicar la buena educación (respeto y amabilidad). Concluye que, aunque la ansiedad social es inevitable, se puede superar con práctica y técnicas como recordar que "no pueden comerte".
Hace unas semanas, viaje a París para la despedida de mi jefe, que se iba de la empresa atrás más de 10 años. Él es un tipo muy carismático, con una enorme energía. A veces de hecho podría parecer que incluso demasiado. Y es que daba igual el momento del año o del día las horas de viaje o de trabajo que llevar a acuestas siempre estaba dispuesto a otra reunión, a discutir ideas o a lo que hiciera falta. También a llamarte a cualquier hora del día o de la noche. Eso sí. Muchos nos preguntábamos cómo aguantaba el ritmo. Y ese día, en su discurso de despedida, nos dio la clave. Sacaba su energía de los demás. No en plan vampiro. No en malinterpretes. Hacido un muy buen jefe, esto no es en absoluto una crítica. Él dijo literalmente que siempre se había sentido rodeado de gente mejor que él. Gente que sabía mucho más que él y que su forma de aportar había sido dar el 200%. Y que esa energía la se acaba de interactuar con otros, de ir a la oficina o de llamarnos por teléfono y hablar y trabajar juntos. Y mientras él decía todo esto, yo lo miraba y pensaba. Y a mí, ¿por qué me agotan las interacciones sociales? Y de las vueltas que le días a pregunta paseando por París, Rumbu a mi cama, tras haber hecho lo que en España llamamos, una bomba de humo en toda regla nació este capítulo. Que tiene un punto inevitablemente personal, pero en el que vamos a hablar de introversión y extroversión, de gestión de la energía, de relaciones sociales y hasta del networking. Soy Jaime Rodriguez de Santiago y esto es Kaisen. El podcast paramente sin quietas en el que te acercó personas, ideas y artécnicas fascinantes de las que aprender cada día. Que dicho muchas veces en el podcast que soy anti social, pero no es del todo verdad. En realidad, disfruto de muchas de las mismas interacciones sociales que mi jefe destacaba. Me gusta conocer gente nueva y me gusta trabajar y pensar junto a otros. Me encanta grabar podcasts en directo y charlar con quienes venís de público. Disfruto muchísimo de los encuentros de la comunidad Kaisen. Pero es cierto que, siendo acabar agotado e inevitablemente, mi cuerpo trata de protegerse de ese agotamiento de formas incluso inconscientes. Una buena amiga me dijo una vez que cuando estoy en grandes grupos, siempre parezco a punto de irme. De hecho, literalmente suelo estar físicamente orientado hacia la puerta sin darme cuenta de ello y muchas veces acabó es cabulléndome por ella, como en la fiesta de mi jefe. Es posible que te haya reconocido en algunas de estas cosas que acabo de decir. También es posible todo lo contrario, que escuchándome hayas pensado que soy un siel o alguien que no sabe divertirse y es que la vida se vive de forma muy diferente en función de si uno es introvertido o extrovertido, aunque creo que hay matices importantes en todo esto. Pero, empecemos con unas definiciones básicas. Porque a veces confundimos la introversión con la timidez y aunque puede ir de la mano, no tienen por qué hacerlo. La timidez es una sensación de miedo, de incomodidad o de inseguridad, que se siente al relacionarse con otras personas y que hace que no nos desembolvamos libremente en situaciones que involucren la iteración social. La mayor parte de nosotros la experimentamos en un grado u otro a lo largo de la vida y normalmente se relaciona con algún tipo de ansiedad por lo que otros piensen o por qué podamos meter la pata de algún modo. Sin embargo, la introversión y la extroversión tienen que ver con cómo respondemos a los estímulos sociales, con cuánto podemos procesarlos sin saturarnos o a través cuanta energía nos dan. Nosotros hemos visto diferentes explicaciones a por qué unas personas son de un modo o de otro. Junc defendía que el origen era fisiológico, que había diferencias en el cerebro de las personas que eran introvertidas o extrovertidas. Hans Eisen propuso una teoría, según la cual, este rasgo de la personalidad estaría relacionado con la activación cortical. De alguna forma, venía a decir que el cerebro de un introvertido es como un motor que ya está revolucionado de serie. Masta con muy poco estímulo externo para estar en nuestro punto óptimo. Si le sumas música, luces y 100 personas hablando a la vez, el motor se sobrecalienta y nos agotamos. Según esta misma teoría, las personas extrovertidas, como mi jefe, tendrían un nivel de activación cortical mucho más bajo. Lo que implica que las interacciones sociales no solo tardan más en llevarles a un punto de saturación, sino que les sirven de combustible para activarse. Aunque muchas de sus ideas han sido superadas, las teorías de Eisenk fueron precursoras del modelo Ocean, también conocido como Big Five, los cinco grandes, sobre la personalidad humana. Que dentro de que los testes de personalidad en general tienen una fiabilidad poco mayor que el horoscopo, es el que mayor respaldo científico ha tenido. Y aunque puede que en algún otro momento hablemos más en detalle del tema, vamos a decir solo tres cosas de momento. La primera es que Ocean se llama así por las siglas de los cinco grandes rasgos de personalidad. La O es de Openness, que es la apertura de la experiencia. Se relaciona con, en un extremo, la preferencia por lo práctico, lo convencional o lo rutinario, y en el otro, por la búsqueda de la exploración, la curiosidad y la independencia. La C es de, a ver si se le capace decirlo bien, Conscientiusness. Que vendría a ser algo así como la orientación de una persona a ser concienzuda, aunque suelter traducirse como escrupulosidad. En un extremo de este rasgo estaría la impulsividad, la despreocupación, el desorden, y en el otro, la orientación a la organización y a la predictabilidad. La E es de extrovesión, de la que ya hemos dicho muchas cosas, y vamos a decir más, así que vamos a pasarla de momento. La es de Aclio Boulness, algo así como la tendencia al acuerdo, que en un extremo se manifiesta con el inconformismo, la capacidad crítica, la suspicacia, y en el otro, con la orientación a ayudar a confiar y la empatía. Y la E es de Neurotisism, que se relaciona con lo que va de la calma y la autoconfianza, a la tendencia a la ansiedad o las emociones negativas. La segunda cosa que te quiero decir es que, aunque siempre hablamos de extrovertidos frente a introvertidos, todos estos rasgos son, en realidad, espectros. Y la mayor parte de nosotros estamos en un punto más o menos intermedio de cada uno de ellos. Y la otra cosa que te acercera es que, como casi todo en el mundo de la psicología clásica, hay muchas dificultades para replicar y demostrar científicamente que estos rasgos realmente sirvan para predecir nuestro comportamiento con algún tipo de precisión. Principalmente porque los humanos somos muy complejos, y aunque tengamos determinadas tendencias más o menos consistentes, nos comportamos de formas muy diferentes según el contexto. Pero volvamos a lo de la interacción social y, sobre todo, la gestión de la energía, ya unos quedan muchas cosas que decir. Hay un libro casi esotérico desde mi punto de vista que suelen usar muchos gurus del coaching, llamado "The Power of Full Engagement", de Jim Lawyer y Torish Rards. En español me parece que lo han traducido como "el poder del pleno compromiso". En ese libro distinguen cuatro fuentes de energía. La primera es la energía física, que es la que obtenemos de respirar bien, de comer adecuadamente, de hidrotarnos, de dormir lo suficiente, de descansar en nuestras sesiones de trabajo y de hacer ejercicio. La segunda es la energía emocional, la que tiene que ver con acceder a emociones positivas, gestionar las emociones negativas, realizar actividades placenteras, cultivar relaciones sociales y con expandir nuestra capacidad emocional. Es decir, con experimentar un rango completo de emociones. Por cierto, se relaciona mucho con ese diálogo interior al que hemos dedicado varios capítulos en el pasado y por lo tanto con cómo nos hablamos y cómo nos narramos lo que sucede en nuestras vidas. El tercer tipo de energía es la energía mental, que según ellos tiene que ver con el optimismo, la visualización, con desarrollar nuestra creatividad y de nuevo con el ejercicio físico y el descanso, porque, claro, son esenciales para nuestra capacidad cognitiva. Y el cuarto tipo es lo que ellos llaman la energía espiritual, que consiste en vivir según tus valores, comprometerte con propósitos superiores, mantener la integridad y la honestidad y dedicar tiempo a la autocuidado. Bueno, pues si te fijas todas estas fuentes de energía, si vinculan con mucho de lo que hemos dicho sobre las dimensiones que los rasgos de personalidad pueden tener. ¿Cómo procesamos las relaciones sociales, cómo gestionamos nuestra ansiedad, cuánto nos importan los detalles o encontrar un acuerdo o cuánto de abiertos estamos a experimentar emociones nuevas, todo eso va a hacer que nos yenemos o nos vaciemos de energía de forma diferente, según cómo seamos cada uno de nosotros. Y esto no es ni bueno ni malo, esto es simplemente una señal más de lo importante que es tratar de conocernos a nosotros mismos. De hecho, en el programa de desarrollo directivo y liderazgo que llevo varios años haciendo y de que pronto anunciaremos la siguiente edición, hablamos mucho de autoconecimiento entre otras cosas por esta. Y hablamos también de la importancia de las relaciones sociales desde el punto de vista de nuestra carrera profesional. Hace unos cuantos años, en una escuela de negocio muy conocida de Francia, demostraron una visualización muy simple sobre cómo evolucionaba nuestra carrera profesional y qué cosas tenían importancia en cada momento. Básicamente es un rectángulo dividido por una diagonal que va desde la esquina superior izquierda hasta la esquina inferior derecha y esto hace, claro, dos triángulos. El eje horizontal es nuestra carrera profesional. El primer triángulo que va de más a menos es lo que llaman capital individual, la importancia que tiene nuestros conocimientos en nuestra carrera profesional. el segundo triángulo que va de menos a más.
y es nuestro capital social, la gente que conocemos, las relaciones que hemos construido y la reputación que nos hemos ganado. Al terminar nuestros estudios y empezar a trabajar, lo único que tenemos normalmente es conocimientos. Nos han enseñado una serie de cosas que podemos aplicar. No tenemos ni experiencia ni, por supuesto, muchas conexiones con otras personas. Con el paso del tiempo, el conocimiento tiende a volverse obsoleto, sino piensa en cuánto ha cambiado lo que aprendiste. Yo ya no sé si plutones un planeta o no es un planeta. Por poner un ejemplo. Y eso con el conocimiento que utilizas, porque hay que no, se olvida. Tengo que admitir con toda la vergüenza del mundo que pese a cinco años en ingeniería, a día de hoy soy absolutamente incapaz de hacer un integral medianamente complicada. Pero es que además, el conocimiento que no se queda obsoleto y que no se olvida, corre bastante riesgo de como ditizarse, de que lo pueda hacer cualquiera. Y si no, mira la inteligencia artificial. ¿Qué es lo que nos queda entonces, a medida que avanza nuestra carrera? Pues, principalmente, dos cosas. La primera es la experiencia, que no deja de ser otra forma de conocimiento, pero poco estructurada, que sirve muchas veces para generarnos atajos a la hora de evaluar situaciones, tomar decisiones o actuar. Y la segunda, las conexiones sociales, personas en las que podemos apoyarnos para actuar cuando no sabemos cómo, para encontrar opciones o para desbloquear oportunidades. Gente en la que confiar y que pueda confiar en nosotros. Muchas veces, incluso a mis tades. Si escuchaste los capítulos que dedicamos al éxito, hablamos de un libro de Albert Láslo Barabasi, llamado "Deformula", la fórmula del éxito. Que era el resultado de una serie de investigaciones sobre cómo hay unos cuantos patrones que definen cuando y cómo se alcanza el éxito, pensando ya sea como ventas, likes, salarios, fama o reconocimiento de cualquier tipo. Y lo cierto es que prácticamente todo empieza por los demás, aunque nos gusta pensar que la calidad o el esfuerzo equivalen al éxito, la realidad suele ser un poco diferente. El rendimiento, por supuesto, que influye en el éxito, pero en aquellas actividades en las que el rendimiento no es fácil de medir, las redes que tenemos a nuestro alrededor, las redes de personas que tenemos a nuestro alrededor, son las responsables de nuestro éxito. Si eres un tenista o una leta, tu rendimiento suele ser inmediatamente responsable de tu éxito porque es muy fácil de medir. Corres más o menos que el de al lado, y ganas más o menos puntos que el de enfrente. Es sencillo. Pero si te vas al otro extremo y eres un artista, el rendimiento no es tan sencillo de medir. ¿Quién tuvo mejor rendimiento? Velazquez o voy a. Los rolling o los videos. Jake Rowling o Tolkien. Todos fueron éxitosos, pero no hay una forma objetiva de compararlos y de responder. Y lo mismo sucede en muchísimos de los trabajos que hacemos cada uno de nosotros. Sí, tenemos objetivos que alganzar, pero muchísimas veces no dependen estrictamente de nosotros y no es tan fácil medir nuestro rendimiento. Y en estos casos lo que importa son las personas que tenemos a nuestro alrededor, que nos den el apoyo necesario, que si somos artistas nos den a conocer, por ejemplo, y que generen a nuestro alrededor un movimiento que nos empuje hacia arriba. Y todo esto de lo que estamos hablando nos lleva inevitablemente a algo que también tratamos en ese programa de desarrollo directivo y liderazgo del que te hablaba antes. El "p*n-networking". Que yo suero presentar con estas palabras y con el MMS que es posible que hayas visto alguna vez, de un tipo solo en una esquina de una fiesta, con un gorrito puesto y un vaso en la mano, mientras todo el mundo estaba hilando y pasando se lo vien, "El piensa, hay". Si esto supieran que soy campeón de mi barrio del FIFA, o cualquier otra habilidad secreta normalmente absurda. Lo solo presentar así porque creo que esta idea de construir relaciones sociales y de hacer networking es particularmente difícil para algunas personas, especialmente para quienes somos introvertidos. A mí, desde luego me ha pasado, y supongo que a más gente también estar en otra ciudad para un evento y acabar volviendo a mi habitación, sintiéndome un lúster por no haber vencido mi introversion. Pero también creo que hay esperanza. ¿Por qué luego vas aprendiendo cosas? Aprende es que el networking no es ser el alma de la fiesta, ni siquiera el más sociable. De hecho, no necesitas conocer a todo el mundo de golpe, porque al final en los entornos profesionales, nos acabamos moviendo todos en los mismos círculos y lo más probable es que volváis a coincidir. Así que, relajate. Mi segundo aprendizaje de todo esto es que no hace falta generar una grandísima impresión. Suele bastar con recordar y ser recordado, con preguntar, con escuchar, y con encontrar algunos puntos comunes, porque siempre hay puntos comunes con cualquier otra persona. Y sobre todo, y casi más importante, creo que muchas veces el networking nos bloquea, porque sentimos que tenemos inmediatamente que hablar de trabajo o vender algo o contarle a la persona en frente lo que hacemos. Y creo que esto no es en absoluto unidimensional. Puedes conectar con cualquier persona con temas muy diferentes y en niveles muy diferentes. Y suelo comentar en esa clase, ¿cuál es mi receta para networking? ¿Qué es la misma receta que trato de utilizar en medía a día, dentro y fuera del trabajo? Y es la combinación de tres cosas, exposición, autenticidad y buena educación. Vamos a desvanarlas un poquito, empezando por esa idea de exposición. Hay un concepto relacionado, que me gusta mucho, que es el de área superficial o área de superficie. Este concepto se utiliza en múltiples disciplinas para hablar de literalmente ¿cuál es la exposición que tenemos al exterior? Hay ocasiones en las que lo ideal es maximizar el área superficial, maximizar nuestra exposición. Por ejemplo, nuestros pulmones o nuestros intestinos tienen una enorme área superficial para aumentar la absorción de obsiceno y de nutientes. Pero en otras ocasiones, lo que queremos es reducir el área superficial. Los sistemas informáticos, sin ir más lejos, tratan de tener el menor número de puntos conectados al exterior a redes externas para así reducir las vías de ataque. Creo que esta es una metafora muy buena, a la hora de pensar en cómo de abiertos o de cerrados estamos cada uno de nosotros al resto del mundo. Porque si vamos a conclusión de que debemos exponer los más, hay muchas formas muy distintas de hacerlo. Ir a ventos es una de ellas, pero también participar en programas de formación, hacer deporte o tocar música, o incluso no salir de casa, pero construir en público, contar a todo el mundo lo que estás haciendo. Este podcast, sin ir más lejos, es eso, una forma de construir en público, de alcanzar a otros, de aumentar mi área de exposición, sin necesariamente someter demasiado estrés a mi introversion. El segundo punto de mi receta es la autenticidad. Creo que también he dicho muchas veces que los seres humanos tenemos constantemente un radar en nuestras cabezas, que está tratando de detectar si la persona que tenemos en frente nos la está jugando, si nos está intentando engañar. Por eso, la autenticidad o incluso la vulnerabilidad de mostrarnos como somos con nuestros temores incluidos, suele ser una buena forma de conectar con los demás. De hecho, creo que es la mejor forma que tenemos de diferenciarnos, porque al final cada uno de nosotros somos únicos y por lo tanto de que nos recuerden. Ahora, sobre esto tengo malas y buenas noticias. Las malas son que, cuanto más auténticos y más vulnerables tendemos a mostrarnos, más fáciles que nos asalte el miedo a la crítica. La ansiedad por el que dirán, por qué pensarán, o por si haremos las cosas bien. Y esto creo que es inevitable. No hay más remedio que aceptarlo, y bueno, buscar alguna fórmula para vencerlo y convivir con ello lo mejor posible. En la época de la pandemia, se puso muy de moda un app que se llamaba Clubhouse, en la que se realizaban charlas online espontáneas. Un día entre en una sala en la que hablaban del síndrome del impostor, y estaba en ese momento hablando iban ferreiro, el cantante de los piratas. Y resulta que la chica que organizaba la sala me conocía a mí y me invitó a participar al ver que yo había entrado. Así que, acabé hablando con él de esto del síndrome del impostor, que es algo de lo que hemos hablado mucho en el podcast en el pasado. Y me llamó muchísimo la atención como él contaba las muchísimas dudas que aún hoy, después de décadas de carrera, le asaltaban antes de salir al escenario. Y esto es algo que le pasa a muchísima gente por muy veterana que sea en lo que sea que hagan. Henry Fonda, por ejemplo, vomitaba antes de cada actuación. Y justo aquí empiezan las buenas noticias. Porque sí, es inevitable y además afecta mucho a mucha gente, pero estos ejemplos que son incluso un poco extremos demuestran que se puede vencer. Para eso hay muchas técnicas y podemos hablar otro día de ellas, pero seguramente el mejor consejo que conozco es el que solía dar el fundador de una empresa llamada GoDaddy. Recuerda, no pueden comerte. Y ahora vamos a ir terminando con el último ingrediente de la receta. Eso que yo he llamado buena educación. Creo que el tweet más exitoso que he escrito nunca era uno de los más simples que he podido hacer, pero por algún motivo resono con mucha gente. Lo escribió un día reflexionando sobre ¿por qué había tenido determinadas oportunidades de ascender en distintos momentos de mi carrera profesional? Y decía literalmente lo siguiente. Abilidad laboral inflavalorada. Dos puntos. Ser educado. Educado de verdad. No, de postureo. Educado de respetar al de al lado. Intentar hacerle la vida fácil, hacerle sentir bien. Dar las gracias. Llevar la contrariación sin atacar. Sonreir. Que sea ese el mínimo con el que trata a todos. Y es que mi conclusión fue que cuando logras hacer la vida más fácil a quienes tienes alrededor, sin renunciar a tus ideas ni al conflicto necesariamente. Pero, haciéndolo de forma amable, mucha gente acaba queriendo que te vaya bien. Si ascienden, piensan en ti. Si te ascienden, lo suelen ver con buenos ojos. No digo que no hayan vidas ni que. Tienes que gustar a todo el mundo. Pero mi experiencia es que en ese equilibrio mucha gente acaba confiando en ti. Y en los relativos networking, todo esto tiene que ver con. por dar valor con ir más allá del interés que tengamos, aunque ese valor soloseal de una conversación genuina en la que la otra persona se sienta bien, y tiene que ver también con ayudar, con conectar a unas personas con otras cuando creemos realmente que van a salir beneficiadas ambas partes. Pero bueno, supongo que en el fondo todo este capítulo podría resumirse en que, al final, los humanos, introvertidos o extrovertidos, somos seres sociales, aunque de distintas maneras nos necesitamos los unos a los otros para ser felices. Y hasta aquí el capítulo de esta semana, Caizen y yo volveremos a que viene, pero como siempre te animo a suscribirte y recomendar el podcast allá donde los cuches o veas, pero especialmente a tus amigos, que creo que es la mejor forma de que siga creciendo. Además, si quieres apoyarlo económicamente y ayudarme a que pueda hacer más y mejores contenidos, puedes unirte a la comunidad Caizen, que tiene también un montón de ventajas. Tendrás acceso a un foro en el que encontrarás a otros curiosos compulsivos. En recomendaciones de cientos de libros y películas, tendrás acceso a contenidos exclusivos, como los guiones del podcast, y a un fit privado para escucharlo sin publicidad y antes que nadie. También podrás reservar sesiones de mentoria conmigo, participar en los encuentros virtuales que hacemos cada mes y tener acceso prioritario a las lavaciones en directo. Vamos, que aunque pienso que el principal valor de verdad es ayudar a que el podcast sea adelante, he intentado que tengas muchos motivos para unirte. Si quieres hacerlo solo tienes que entrar en mi web, JaimeRodilecesanDiago.com y hacer click en el banner rojo. 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Podcast Summary
Key Points:
El narrador reflexiona sobre su introversión contrastándola con la energía de su jefe extrovertido, quien obtenía energía de las interacciones sociales.
Define la diferencia entre timidez (miedo social) e introversión/extroversión (respuesta a estímulos sociales y gestión de energía).
Explica el modelo de personalidad OCEAN (Big Five) y cómo la introversión/extroversión es un espectro, no una categoría binaria.
Introduce las cuatro fuentes de energía (física, emocional, mental y espiritual) y su relación con la personalidad.
Destaca la importancia del capital social y las redes de contacto para el éxito profesional, especialmente cuando el rendimiento es difícil de medir.
Propone una receta para el networking
Summary:
El narrador comienza relatando la despedida de su jefe en París, un hombre extrovertido que obtenía energía de las interacciones sociales. Esto lo lleva a reflexionar sobre su propia introversión y cómo las relaciones sociales lo agotan, a diferencia de su jefe. Aclara que la introversión no es timidez, sino una respuesta diferente a los estímulos: mientras los extrovertidos necesitan más interacción para activarse, los introvertidos se saturan fácilmente.
Explica el modelo OCEAN de personalidad, que incluye apertura, escrupulosidad, extroversión, amabilidad y neuroticismo, y señala que estos rasgos son espectros. También menciona las cuatro fuentes de energía (física, emocional, mental y espiritual) y cómo se relacionan con la personalidad. Luego, aborda la importancia del capital social y las redes de contacto para el éxito, citando estudios que muestran que, en trabajos donde el rendimiento no es fácil de medir, las relaciones son clave.
Finalmente, ofrece una receta para el networking: aumentar la exposición (sin forzar la introversión), ser auténtico (mostrando vulnerabilidad) y practicar la buena educación (respeto y amabilidad). Concluye que, aunque la ansiedad social es inevitable, se puede superar con práctica y técnicas como recordar que "no pueden comerte".
FAQs
La timidez es miedo o incomodidad al relacionarse con otros, mientras que la introversión se refiere a cómo respondemos a los estímulos sociales y cuánta energía nos dan o nos quitan.
Según Eysenck, los introvertidos tienen un cerebro con alta activación cortical, por lo que se saturan rápido con estímulos externos, mientras que los extrovertidos necesitan más estímulos para activarse y obtienen energía de las interacciones sociales.
Son la energía física, emocional, mental y espiritual. Cada una se relaciona con aspectos como el descanso, las emociones positivas, la creatividad y vivir según los valores personales.
Con el tiempo, el conocimiento se vuelve obsoleto y el capital social (relaciones y reputación) se vuelve más importante, especialmente en trabajos donde el rendimiento no es fácil de medir.
No es necesario ser el alma de la fiesta; basta con recordar y ser recordado, preguntar, escuchar y encontrar puntos comunes. También se puede construir en público, como con un podcast, sin exponerse a situaciones estresantes.
Exposición (aumentar el área superficial), autenticidad (mostrarse como uno es) y buena educación (respetar, ayudar y ser amable).
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