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#263 La vía del eterno aprendiz

18m 23s

#263 La vía del eterno aprendiz

En este episodio, se explora cómo la curiosidad puede renovar nuestra vida y darle sentido, más allá de la mera supervivencia biológica. Se parte de la idea de que el sentido no se encuentra como un tesoro, sino que se construye con nuestras experiencias, afectos y decisiones. John Gardner advierte que este proceso se detiene cuando perdemos la curiosidad, cayendo en la inercia y convirtiéndonos en "lápidas vivientes". Para evitarlo, se propone recuperar la mirada infantil, como sugiere C.S. Lewis, y superar dos guardianes: la falta de confianza en nuestra capacidad de aprender (recordando la lección de Dune: la certeza de que podemos aprender) y la arrogancia de creer que ya lo sabemos todo (adoptando la "mente de principiante" del zen). La curiosidad real, ejemplificada por Richard Feynman, no consiste en acumular datos, sino en comprender y asombrarse, buscando ese "qué curioso" que indica una grieta en nuestro mapa mental. Incluso en los momentos oscuros, la curiosidad nos permite mirar los fragmentos de nuestra vida y decidir qué construir con ellos. El episodio concluye con las instrucciones de Mary Oliver: prestar atención, asombrarse y contarlo, recordando que siempre podemos decir "todavía no" (madadayo) al cansancio y la rutina.

Transcription

3096 Words, 17539 Characters

Spanish
"Instrucciones para vivir una vida". Presta atención, asombrate, cuéntalo. Hay muchos temas recurrentes en este podcast, algunos más obvios y otros menos, pero creo que con el paso de los años y las temporadas, hay una pregunta que se repite una y otra vez, cómo vivir una vida que merezca la pena. Le hemos dado muchas respuestas diferentes a esa pregunta a lo largo de los capítulos, y también hemos hablado mucho de la curiosidad en el podcast, pero hasta ahora creo que no nos habíamos asomado a eso de lo que habla la poeta Mary Oliver en el micro poemas con el que he empezado, el papel que la curiosidad puede jugar para dar sentido a nuestra vida. Y es que pienso que a veces confundimos seguir vivos con sentirnos vivos. Lo primero es biología, es que el corazón lata y los pulmones se inflen. Lo segundo es algo más espiritual, si me permite esa palabra. Tiene que ver con evitar que se nos oxide el alma. Así que hoy vamos a hablar precisamente de eso, de cómo evitar convertirnos en espectadores pasivos de una existencia que se va oxidando, vamos a hablar de la auto renovación a través de la curiosidad. Y para ello vamos a seguir un camino que nos va a llevar a las dunas de Rakis, a la filosofía de Nietzsche, y también de vuelta a la guarderia. A Simov, a Feynman, como no, a la mentalidad de los artesanos japoneses y a nuestros peores días. Una mezcla muy curiosa. Claro. Soy Jaime Rodriguez de Santiago, y esto es Kaizen, el podcast para Mendes Inquietas en el que te acercó a personas, a ideas y a técnicas fascinantes de las que aprender cada día. Empecemos de arribando un mito que nos han contado desde pequeños. Solemos hablar de encontrar el sentido de la vida, como si fuera una especie de santo gría, lo un tesoro escondido debajo de una piedra. Vivimos con la esperanza secreta de que si buscamos en el sitio correcto, si leemos el libro adecuado, o si hacemos el viaje perfecto, nos tropezaremos con el sentido de nuestra vida. Nos lo guardaremos en el bolsillo y todo solucionado. O al contrario, nos agobiamos porque, por más que lo busquemos, no aparece por ningún lado. John Gardner dio un discursor mítico en los años 90, titulado Self-Rinwold, autorrenovación, en el que nos peda un pequeño baño de realidad. En sus propias palabras, el sentido no es algo con lo que te tropiezas, como la respuesta a un afertijo o el premio en una búsqueda del tesoro. El sentido es algo que construyes en tu vida. Lo construyes a partir de tu propio pasado, de tus afectos y lealtades, de la experiencia de la humanidad que te ha sido transmitida, tú eres el único que puede mezclar los ingredientes para esa tarta única que es tu vida. Nadie más puede hacerlo por ti. Es decir, que volviendo un poco a la idea de agencia que tratamos hacia unos capítulos, no somos solo seres en cuyas vidas pasan cosas, sino que con las cosas que nos pasan y las que hacemos que pasen, construimos el sentido de nuestra vida, lo hacemos a partir de nuestras vivencias, de nuestras ilusiones, del dolor y de la felicidad, de lo que creemos y de aquellos a quienes queremos. Pero Gardner no dice solo eso, dice también que ese proceso se detiene cuando perdemos la curiosidad y dejamos de aprender. Normalmente bajo el peso de los hábitos y del día a día. Porque no es algo que suela pasar de golpe. Seguramente todos recordamos la infinita curiosidad que sentíamos cuando éramos niños. Desde luego, cuando uno tiene hijos ve como a esas edades vivimos el mundo con una fascinación permanente. Pero seguramente también, todo se hemos sentido como con el paso de los años, esa curiosidad se va adormeciendo. Muchas veces enterrada bajo montañas de responsabilidades y de rutinas. La forma más extrema de esto es lo que algunos llaman, de forma bastante cruel, lápidas vivientes. Gente arrastrada por la inercia, que se morirá siendo prácticamente igual a como es hoy. Aunque eso suceda dentro de muchos, muchos, muchos años. Aunque también hay ejemplos maravillosos de lo contrario. A Quiracurosaba, titulo "A su última película "Mada daio", que es una expresión japonesa que se usa en un juego parecido a les condite, donde él que busca pregunta, "Estás listo" y el que se esconde responde así, "Mada daio", que significa "todavía no". En la película, esta es la respuesta que el protagonista, un profesor jubilado, da al paso del tiempo y a la muerte con cada cumpleaños que pasa. "Mada daio". Aún, no estoy listo para irme. Curosaba tenía 82 años cuando la roda y es claro su propia respuesta al paso del tiempo. La auto renovación de la que hablaba al carner, como forma de dar sentido a la vida, es, en parte, el producto de sentir, que aún no le quedan cosas por hacer. Pero también es un esfuerzo consciente, de liberado y, a veces, incómodo, derromper el molde que se va solidificando a nuestro alrededor. Y entonces, cómo rompemos esos moldes? Para empezar, lo hacemos evolucionando. Decían "H" que atravesamos tres transformaciones a lo largo de la vida. Primero, nuestro espíritu se convierte en un camello. Ya sé que, en español, esto suena aún más raro de lo que es. Pero el camello representa un animal de carga, porque atravesamos una etapa en la que nos echamos a la espalda el peso de la tradición, de las responsabilidades, de las expectativas de los demás. El mundo nos dice, "Tienes que estudiar esto, tienes que conseguir este trabajo, tienes que comportarte así". Y nosotros, como buenos camellos, aguantamos y cargamos con el peso. Pero según Nietzsche, si el espíritu es fuerte y evoluciona, se revela y se transforma en un león que quiere conquistar su propia libertad. Y lo hace rompiendo las cadenas y luchando contra las reglas anteriores, lo cual está muy bien, pero tiene un problema. Sive más para destruir, que para construir, no sirve para crear valores nuevos. Su identidad depende de luchar contra algo. Por eso, el león no es el final del camino. Para que haya una verdadera auto renovación, el espíritu tiene que dar un paso más. La tercera etapa para Nietzsche es convertirse en el niño. El niño representa el olvido, representa un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí misma. El niño no carga ni lucha con el pasado. Y es el camino hacia todo eso del superhombre que la gente acabó interpretando de formas muy extrañas y en lo que nos vamos a meter hoy. Porque nos vamos a quedar con esa idea de la infancia, como un estado de posibilidades, al que aspirar, incluso cuando somos adultos. O como decía C.S. Lewis, el autor de las crónicas de Narnia, alguna vez fuiste un niño, alguna vez opiste para que servía indagar, hubo un tiempo en el que hacías preguntas, porque quería respuestas, y te alegrabas cuando las encontrabas. Vuelve a ser ese niño, incluso ahora. Hay una pequeña sutileza que me encanta en estas palabras. De niños hacemos preguntas porque queremos respuestas y nos alegramos cuando las encontramos. De adultos, muchas veces, preguntamos para confirmar lo que ya creemos o para demostrar los listos que somos. Y muchas veces las respuestas nos molestan, porque no encajan con nuestra forma de mirar del mundo. Así que autorre novarnos, tiene mucho que ver con volver a mirar el mundo como lo hacíamos de niños. ¿Cómo si fuera cansado y lo era? Entre nuestro yo adulto, a veces cínico y cansado y ese niño curioso, hay una puerta custodiada por dos guardianes que no nos quieren dejar pasar. El primer guardian es la falta de confianza, o para ser más exactos, nuestra falta de ganas de sentirnos incompetentes. Creo que alguna vez he mencionado las cuatro fases de la aprendizaje en el podcast. Esa idea de que cuando empezamos a aprender algo, estamos en una etapa de incompetencia inconsciente, no es que no se vamos a hacerlo, es que ni siquiera somos conscientes de cómo de lejos estamos de dominarlo. La siguiente etapa es la de incompetencia consciente. A medida que empezamos a aprender, nos vamos dando cuenta de todo lo que nos queda hasta dominarlo. Después viene la competencia consciente. Empezamos a ser bastante capaces de hacer lo que sea que estamos tratando de hacer, pero requiere toda nuestra atención. Y por último llega la competencia inconsciente. Es cuando podemos hacerlo, mientras pensamos en otras cosas. El mejor ejemplo que conozco de esto es aprender a conducir. Uno de niño ve a los adultos conducir y no parece necesariamente difícil. Luego llegan los 18 años y empiezas a dar clases y dependiendo de la pericia de cada cual, a veces necesitas más y a veces menos, pero lo más normal es que el coche se te cale bastantes veces al principio, que se te olvide poner los intermittentes o dar las luces, o incluso que te agobies de todas las cosas a las que hay que prestar atención. Pero poco a poco te vas haciendo más capaz y puedes llevar el coche bastante bien, siempre que no te hablen demasiado. Hasta que llega un momento en el que eres capaz de conducir, mientras manejas la radio y hablas con el copiloto. Pues bien, por lo general, el carne de conducir es una de las últimas veces, en las que muchos adultos se permiten sentirse incompetentes. Básicamente, porque tienen a ese primer guardian sus rándoles en el oído. Ya no tiene ese dá para aprender esto. Eres de letras, los números no son lo tuyo o a estas alturas de la vida, ya no vas a cambiar. Pero para derrotar este guardian, vamos a saltar de la filosofía alemana de Nietzsche, al fricismo más absoluto, yéndonos a Rakis. Porque tenía guardada desde hace mucho tiempo una cita de Dune, la novela de Frank Herbert, que a hablar del protagonista decía. Lo primero que le enseñaron fueron los fundamentos de la aprendizaje y la primera lección, la certeza de que podía aprender. es perturbador descubrir que mucha gente cree que no puede aprender y que más gente aún cree que aprender es difícil. El primer paso para ser eternos aprendices no es tener un cociente intelectual alto ni usar técnicas de estudio complejas, es pura y simplemente tener la certeza de que puedes hacerlo. Es casi imposible aprender nada si estás convencido de que tu cerebro es de cemento armado. Y si la falta de confianza es el primer guardian, el segundo es la robancia. El peligro de creer que ya sabes todo. Frente a ese peligro los japoneses tienen un término que seguro que no pronunció bien, pero que es algo así como "Shoshin" que podría mostrar como mente de principiante. El maestro Shunriu Sasuki, que fue uno de los que popularizó el zen en occidente, lo resumió en una frase. En la mente del principiante hay muchas posibilidades. En la del experto, pocas. Si lo recuerdas, hablábamos de algo de esto hace mucho, mucho tiempo. En el capítulo que dedicamos al pensamiento del liminal, cuando hablábamos precisamente de ese ejercicio de vaciar la taza, es decir, de aparcar todas tus asunciones y todas las cosas que crees saber y permitirte hacer las preguntas más obvias y más tontas. Esto significa dejar de lado tu currículum, tu ego y tu experiencia y acercarte a tu trabajo o a tu pareja o a un simple paseo por la calle, asumiendo que siempre hay algo nuevo que descubrir. Vale, recapitulemos un momento. Tenemos la actitud del niño, de la que hablaba a C.S. Creemos que podemos aprender, como nos enseñó D.Un y hemos dejado el ego y el currículum en la puerta para abrazar la mente del principiante del zen. Y ahora qué? ¿Qué hacemos con todo esto? ¿Cómo aplicamos esta curiosidad pura y renovadora en nuestro día a día entre reuniones de trabajo, atascos y lavadoras? Aquí es donde me vas a permitir que invoque a uno de los santos patrones de este podcast. A alguien que nunca puede fantasar cuando hablamos de curiosidad. Richard Feymann. Aunque no me voy a extender porque hemos hablado de él hasta la sociedad. Pero tal vez recuerdes que en uno de los capítulos que le dedicamos contábamos cómo su padre había sido quien le había inculgado una forma muy específica de mirar el mundo, una que consistía en entender la diferencia entre saberse el nombre de las cosas y comprender las cosas. Y es que su padre solía llevarlo de paseo al bosque y le señala a un pájaro y le decía "¿Ves ese pájaro?" Puede saber su nombre en inglés, en chino, en portugués o en italiano. Pero cuando termines de recitar todos esos nombres, seguida sin saber absolutamente nada sobre el pájaro. Solo sabrás cómo lo llaman los humanos en distintos lugares. Así que en lugar de eso vamos a mirar qué está haciendo el pájaro. Y es que esa es una diferencia fundamental. La curiosidad real, la que nos renuva por dentro, no consiste en coleccionar etiquetas ni respuestas para el trivial. Tiene que ver con el deseo de entender y el ejercicio de pararte, a mirar el pájaro, a escuchar tu pareja o analizar un problema en tu trabajo o lo que sea. Decía y saque a Simov, que la frase más emocionante que se puede oír en la ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos no es "eureca", sino que curioso. Cuando en tus cerebros alta un "¿Qué curioso" o un "qué raro" cuando lo murmura frente a un problema es porque algo no te cuadra. Esa es la señal inequíboca de que has encontrado algo que no encaja en tu mapa mental. Una grita por donde entra la luz. Las lápidas vivientes de las que hablábamos al principio del capítulo, cuando ven algo que no encaja, miran para otro lado, porque les molesta, les supone un esfuerzo. Pero las mentes inquietas, las mentes de principiante, se asoman a las grietas con ilusión. Porque justo ahí, en esa extrañeza, es donde su vida se está renovando. A estas alturas del capítulo es posible que estés pensando que todo esto delamente del principiante, de Asimov y de pararnos a mirar los pájaros, suena precioso cuando la vida te sonríe. Pero a veces no es que nos hallamos a inquilosado porque sí, sino que los golpes de la vida nos han hecho perder la ilusión. Y esto enlaza directamente con el capítulo de hace unas semanas sobre cómo convertir el sufrimiento en fortaleza. Si lo recuerdas, hablamos de Victor Frankell y de Bucklack Hubble y de cómo, en el fondo, ambos habían utilizado su curiosidad para mirar hacia adentro de sí mismos y buscar mecanismos con los que dar sentido a sus penurias. Hace tiempo, Ole, y un artículo muy cortito en Farneham Street, el blog del que te ha hablado en muchos capítulos, que creo que es una encla perfecta para los momentos oscuros que todos tenemos. Pero lo voy a dejar en las notas, pero entre otras cosas nos recuerda una estadística de moledora. Tienes un porcentaje de éxito del 100% sobreviviendo a tus peores días. Y lo cierto es que, si estás escuchando este capítulo, es así. Hay pasado lo que haya pasado antes. Aquí estamos. Tú y yo. Bueno, yo estoy grabado, pero espero que cuando los escuches, yo también siga por aquí. Y estirando un poco la definición, la curiosidad también es una herramienta con la que mirar los pedazos de lo que sea que se ha roto nuestra vida y tratar de respondernos a qué podemos construir con ellos. En el fondo es lo que decía John Gardner al principio. Entre los ingredientes que nos da la vida, algunos a veces son amargos. No los hemos elegido nosotros, pero seguimos siendo nosotros los únicos responsables de decidir qué hacer con ellos. Y, puesto se va a volver al principio, te propongo que lo hagamos del todo para terminar y que tratemos de seguir al pie de la letra las instrucciones para vivir una vida de Mary Oliver. Presta atención. Deja el ego del experto a un lado y vuelve a mirar las cosas como si fuera la primera vez. Atrevete a preguntas como los niños porque de verdad quieres respuestas. Asombrate. Busca ese "mmm, qué curioso", del que hablaba Asimov en los pequeños detalles del día a día. Y cuéntalo. Compártelo con los demás que la curiosidad tiene un punto contagioso. Y cuando el paso de los años, el cansancio o la inercia del aburrimiento, intenten convencerte de que, ya lo has visto todo, recuerda curiosado. Mira de al espejo y di con una sonrisa madadayo. Todavía no. Y hasta aquí el capítulo de esta semana, caís en y yo volveremos a que viene, pero como siempre tenemos a suscribirte y recomendar el podcast allá donde los cuches o veas, pero especialmente a tus amigos. ¿Qué creo que eres la mejor forma de que siga agreciendo? Además, si quieres apoyarlo económicamente y ayudarme a que pueda hacer más y mejores contenidos, puedes unirte a la comunidad caísen que tiene también un montón de ventajas. Tendrás acceso a un foro en el que encontrarás a otros curiosos compulsivos. En recomendaciones de cientos de libros y películas, tendrás acceso a contenidos exclusivos como los guiones del podcast y a un fik privado para escucharlo sin publicidad y antes que nadie. También podrás reservar sesiones de mentoría conmigo, participar en los encuentros virtuales que hacemos cada mes y tener acceso prioritario a las lavaciones en directo. Vamos, que aunque pienso que el principal valor de verdad es ayudar a que el podcast sea adelante, he intentado que tengas muchos motivos para unirte. Si quieres hacerlo solo tienes que entrar en mi web, Jaime Rodríguez de Santiago.com y hacer clic en el banner rojo. Y desde esa misma web o desde mi twitter, @highmediumbajo.reds, puedes hacerme llegar tus comentarios, tus sugerencias, lo que tú quieras. Siempre contesto, aunque a veces tardo un poco y a veces mucho, ya veces muchísimo, me acabo contestando. Y recuerda que si quieres participar en el podcast puedes hacerlo enviando tus notas de audio por WhatsApp al siguiente número. 6-8-3-1-7-2-6-2-2 con el precio 34 y lo mandas desde fuera de España. Y esto es todo por hoy. Muchísimas gracias por estar ahí y hasta la semana que viene.

Podcast Summary

Key Points:

  1. El sentido de la vida no se encuentra, sino que se construye activamente a partir de experiencias, afectos y decisiones propias.
  2. La curiosidad infantil es esencial para la autorrenovación; perderla lleva a una existencia pasiva y oxidada.
  3. Para renovarse, hay que superar la falta de confianza y la arrogancia, adoptando una "mente de principiante" (shoshin) que permita aprender siempre.
  4. La curiosidad genuina implica comprender, no solo etiquetar, y se manifiesta en la capacidad de asombrarse ante lo extraño.
  5. Incluso en momentos difíciles, la curiosidad ayuda a reconstruir el sentido, recordando que hemos sobrevivido a todos nuestros peores días.

Summary:

En este episodio, se explora cómo la curiosidad puede renovar nuestra vida y darle sentido, más allá de la mera supervivencia biológica. Se parte de la idea de que el sentido no se encuentra como un tesoro, sino que se construye con nuestras experiencias, afectos y decisiones. John Gardner advierte que este proceso se detiene cuando perdemos la curiosidad, cayendo en la inercia y convirtiéndonos en "lápidas vivientes".

S. Lewis, y superar dos guardianes: la falta de confianza en nuestra capacidad de aprender (recordando la lección de Dune: la certeza de que podemos aprender) y la arrogancia de creer que ya lo sabemos todo (adoptando la "mente de principiante" del zen). La curiosidad real, ejemplificada por Richard Feynman, no consiste en acumular datos, sino en comprender y asombrarse, buscando ese "qué curioso" que indica una grieta en nuestro mapa mental.

Incluso en los momentos oscuros, la curiosidad nos permite mirar los fragmentos de nuestra vida y decidir qué construir con ellos. El episodio concluye con las instrucciones de Mary Oliver: prestar atención, asombrarse y contarlo, recordando que siempre podemos decir "todavía no" (madadayo) al cansancio y la rutina.

FAQs

Son las instrucciones para vivir una vida que merezca la pena: prestar atención al mundo, asombrarse como un niño y compartir lo que descubres.

La curiosidad evita que nos oxidemos espiritualmente, permitiendo construir sentido en la vida al romper hábitos y rutinas, como dice John Gardner.

Primero somos camellos que cargan con tradiciones; luego leones que luchan por libertad; finalmente niños que crean posibilidades nuevas, olvidando el pasado.

El primer paso es tener la certeza de que puedes aprender, como se enseña en Dune. Sin esa confianza, es casi imposible avanzar.

Es una actitud zen que implica dejar el ego y la experiencia de lado para acercarse a cada situación con posibilidades nuevas, como si fuera la primera vez.

Saber el nombre solo etiqueta, mientras que comprender implica observar y entender el funcionamiento real, como mirar qué hace un pájaro.

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