#257 Agencia (I): cárceles cochambrosas, trampas en el casino y adultos mitológicos
20m 30s
El podcast explora el concepto de "alta agencia", una cualidad que define a las personas capaces de resolver problemas imposibles, como sacar a alguien de una cárcel en un país lejano. Se trata de una mezcla de autonomía, iniciativa y la firme creencia de que siempre hay algo que hacer, sin esperar permisos ni culpar a las circunstancias. Según George Mack, la alta agencia combina tres habilidades: pensar con claridad, orientarse a la acción y desafiar las normas establecidas. Mack propone cinco principios para cultivarla: no hay problema irresoluble (si no viola las leyes de la física, es posible), no hay un único camino (como demuestran Nadal, Federer o Dylan), no hay adultos (no existen figuras divinas que nos salven), no existe la normalidad (lo extraordinario perdura) y solo existe el ahora (aprovechar el presente, como aprendió Kevin Smith tras la muerte de su padre). Aunque la baja agencia es el modo por defecto, se puede entrenar. La alta agencia se relaciona con el locus de control interno, que implica sentir que controlamos nuestra vida, pero se advierte que un exceso puede llevar a la culpabilización. El episodio invita a reflexionar sobre cómo ser esa persona a la que otros recurrirían en momentos críticos, sin caer en idealismos vacíos.
Imagina por un momento que despiertas en una celda cochambrosa, en una cárcel de algún país lejano y poco desarrollado. "Empezamos fuerte hoy, soy consciente." Pienso ahora en todas las personas que conoces. Si sólo pudieras elegir a una para sacarte de allí, ¿quién sería? ¿Lo tienes claro? Bien, ahora viene la pregunta interesante. ¿Por qué esa persona y no otra? ¿Qué tiene de especial? Normalmente, cuando los ponen en una situación así, pensamos en personas con una característica que no es sencilla de definir. Gente, que tiene algo, una chispa que les hace conseguir lo que se proponen. Son esas personas a las que darías un problema aparentemente imposible de resolver, sin ningún tipo de instrucciones, y aún así apostarías a que lo iban a lograr. Esa gente tiene lo que en inglés suele llamarse "high agency". Que traducido al castellano sería algo así como "alta agencia", que suena a inmobiliaria del ojo, lo sé. Pero la idea es potente. Es una mezcla de autonomía e iniciativa y una profunda convicción de que pase lo que pase hay algo que pueden hacer. No esperan permisos, no se esconden detrás de las circunstatias. No delegan su destino en el azar, el sistema o el. Es que yo soy así. Es una cualidad que cuesta definir con precisión, pero que reconocemos al instante cuando la vemos, o cuando nuestra salida de una cárcel horrible depende de ello. Y de eso va el capítulo de hoy. ¿De qué es exactamente esto de "blata agencia"? De cómo se entrena y de por qué es probablemente uno de los superpoderes más infravalorados que puedes desarrollar en la vida. Soy Jaime Rodriguez de Santiago y esto es "Kaisen". El podcast para mente sin quietas en el que te acercó a personas, ideas y artécnicas fascinantes de las que aprender cada día. Hace unos meses me encontré por internet con una guía que escribió un tipo llamado George Mac sobre esta idea de "la alta agencia". Según él es, seguramente, la idea más importante del siglo XXI. ¿Qué igual es un perín exagerado? No nos flipemos, pero sí es una idea y una capacidad que a mí me parece absolutamente esencial para vivir bien en un mundo como el vuestro. En palabras del propio Mac, la persona a la que llamarías para sacarte de una cárcel horrible en el tercer mundo es, casi por definición, la persona con más alta agencia que conoces. Y ahora imagina que metemos a todas esas personas, a las que tú llamarías, a las que yo llamaría, a las que cualquiera llamaría, en una misma habitación y las analizamos una por una. ¿Qué tendrían en común? No es desde luego la edad ni la raza ni el género ni su educación ni su trabajo ni su ideología política, tampoco es el optimismo o el pesimismo. Las personas optimistas ven el aso medio hielo. Las pesimistas lo ven medio vacío y las personas con alta agencia son el grifo. Porque eso es lo que tiene en común. No son gente a la que le pasen cosas en la vida. Son gente que hace que en su vida pasen cosas. No ven en futuro como algo fijo, inamovible o escrito en piedra. Lo ven como algo que puede ser moldeado por la acción humana. Un tipo extraño del que hemos hablado en el podcast alguna vez, Eric Weinstein, lo define así. Si alguien te dice que algo es imposible, ese es el final de la conversación o ese en comienzo de un segundo diálogo en tu cabeza sobre cómo demostrar que se equivocan. Volviendo a George Mc, dice que la alta agencia es difícil de definir porque es en realidad la combinación de tres habilidades que rara vez se encuentran juntas. Uno, pensar con claridad. Dos, orientarse a la acción. Y tres, tener capacidad para llevar la contrario. Para sacarte de tu hipotética cárcel, necesitas alguien que piensa con claridad. Porque si no, se lanzará de cabeza al primer plan malo que se lo ocurra. Necesitas también a alguien orientado a la acción, que no se quede atrapado en la teoría ni en debates eternos, sino que sea capaz de llevar las ideas al mundo real. Y por último necesitas alguien con capacidad para llevar la contrario. Porque si no, se rendirán el minuto uno en cuanto a alguna autoridad, real o imaginaria, le diga que eso no se puede hacer. A estas alturas, no normales, que te estés preguntando si tú tienes alta agencia. Si tus amigos te llamarían a ti para sacarlos de una cárcel terrible. Y aquí vienen las malas noticias. Lo más probable es que no. Según George Mack, la baja agencia es el modo por defecto para la mayoría de nosotros. He redamos cerebros diseñados para sobrevivir en la escasez de pequeñas tribus cazadoras recolectoras, pero vivimos en un mundo de relativa abundancia. Y por si fuera poco, hemos pasado por un sistema educativo, pensado originalmente para crear trabajadores o ve dientes para las fábricas de la revolución industrial. Como demonios va a ser la alta agencia en nuestro modo de funcionamiento por defecto. Ahora, también hay buenas noticias. Tienes agencia sobre tu agencia. Toma ya. Ese es precisamente el objetivo del ensayo de George Mack. Empujarnos a ser esa persona a la que nuestros amigos llamarían para que los rescatarán. Voy a resumir algunas de sus ideas más importantes y también las voy a mezclar con otras que me parece que encajan bien. Pero, por si quieres leer de la guía original, te dejo el enlace en las notas del capítulo. Mack dice que las personas con alta agencia no se limitan a mirar el mundo a través de los ojos de otros. De alguna forma, han conseguido instalar cinco líneas de código fundamentales en el software de sus cabezas. Porque podemos hablar de cinco principios esenciales para la alta agencia. Uno, no hay problema y resolublé. Dos, no hay un único camino. Tres, no hay adultos. Cuatro, no existe la normalidad. Cinco, sólo existe el ahora. Vamos a verlos uno a uno, empezando por eso de que no hay problema y resolublé. El cerebro humano es una máquina de responder preguntas. Si le preguntas qué tiene de buena mi vida, encontraras respuestas. Si le preguntas qué tiene de mala mi vida, también encontraras respuestas. La clave está por lo tanto en qué preguntas haces. Cuando te enfrentas a un problema y le preguntas a tu cerebro, esto deshacía las leyes de la física. En el 99,9% de los casos, la respuesta será "no". Y es, en ese momento, cuando ocurre algo maravilloso, empiezas a generar ideas, absurdas, ridículas, casi impracticables, pero ideas al fin y al cabo. Aproximar los problemas desde una postura posibilista desde la premisa de que, si se puede, despierta la creatividad. Porque si algo no viola las leyes de la física, no es imposible. Puede ser difícil, carísimo, lento, incómodo, pero no imposible. Y aquí Mac pone un ejemplo glorioso de uno de los personajes más especiales que han pasado por este podcast. Claude Shannon. Te hable de N en el capítulo, creo que 50. Es el padre de la teoría de la información y un ingeniero brillante y bastante tan verro. En 1961, Shannon y el matemático Edward Thorpe se plantearon un reto aparentemente imposible. Ir a el casino y tener la certeza de ganar a la ruleta. No era un problema que violara la termodinámica, no contradecía a Newton y Einstein podía dormir más o menos tranquilo. Solo requería cierta creatividad. La solución fue un cachorro del tamaño de una cajetilla de tabaco escondido en los zapatos. Con los dedos de los pies, introducían datos sobre la velocidad de la bola y la rotación de la ruleta. El dispositivo recibía la información y predecía donde iba a caer. Mejoraron su acierto con un 44% y ganaron a la casa. Sí, me puedes decir que hicieron trampa, pero la creatividad casi siempre empieza pensando más allá de las reglas establecidas. Luego ya llega a las leyes, los árbitros y los adultos para meternos en veredas. Pero el mensaje principal es que si algo no incumple con las leyes de la física, no existe una limitación fundamental para que los en sus humanos podamos conseguirlo. David Doich suele poner de ejemplo el hipotético caso en el que descubriramos que un asteroide va a chocar contra la tierra dentro de exactamente un año. Si los pingüinos estuviesen a cargo de la respuesta, podrías estimar con absoluta certeza lo que iba a pasar con el planeta. Pero si fuéramos los humanos, puede pasar cualquier cosa, somos capaces de azañas increíbles y de estupidez monumentales. Antes ese asteroide podemos elegir la baja agencia, residenarnos o la alta agencia. Construir rayos laser, desviar su trayectoria o enviar a Bruce Willis a hacer de minero espacial. Vamos a por la segunda idea. No hay un camino. Cuéntame escritor británico Matthew Sire, creo que se pronuncia así. Y cuando observaba a Nadal a Jokovitch y a Federer calentar antes de Winvendon, veía cosas completamente diferentes. Nadal era pura recibidad, corría adelante y atrás como un poseso con su camiseta completamente empapada en su dor incluso antes de empezar a jugar. Jokovitch era la calibración casi científica y meticulosa de cada golpe. Y a Federer se le oía reír antes de llegar. Se dedicaba a hacer golpes difíciles y a explorar su creatividad. Los tres llegaron al acima, pero por caminos radicalmente distintos. Es como aquella historia de Leon al Cohen y Bob Dian que te conté hace mucho tiempo, en el capítulo a que él sobre creatividad en el que te hablaba de la diferencia entre los innovadores conceptuales y los innovadores experimentales. En una ocasión, Dylan le preguntó a Cohen, ¿cuánto había tardado en escribir una de sus grandes canciones? A la elella. Una canción que en realidad a Cohen le había llevado cerca de siete años terminar, pero que con un poco de ver o cuanzas respondió que un par de años. Y después Cohen le preguntó a Dylan cuánto le había costado escribir, "Just like a woman". Y Dylan contestó que unos 15 minutos. Las dos son maras.
labiosas, pero el camino que llevó hasta cada una de ellas no puede ser más distinto. 3. No hay adultos Dice George Mack que si profundizas en lo que hay detrás de quienes piensan con baja agencia, a menudo te encuentras con la creencia de que hay una especie de clase adulta, casi divina superior a ellos, que es como si la perspectiva que tenían de niños se hubiese congelado, como si quienes hiciesen que el mundo funcionara, fue un grupo de adultos que saben exactamente lo que hay que hacer y a aquellos no pertenecen. Esta es una de las trampas de la baja agencia, la de poner a otros en pedestales y sentir que no podemos llegar a su altura, pero cuando rascas un poco, descubres que los heros son humanos, demasiado humanos. Steve Jobs intentó superar un cáncer a base de sumos de zanahoria y acupuntura hasta que fue demasiado tarde. Mozart nos había gestionado su dinero y acabó completamente endeudado y escribiendo a todos sus amigos para pedirles ayuda. Niconatezla terminó sus días rodeado de palomas, incluso hay quien dice que se enamoró de una de ellas. No pongas a nadie en un pedestal, desastre de tus gurus, cambia de mentalidad, no hay ningún adulto que vaya a salvarte, son figuras mitológicas que no existen. Cuarta idea, no existe la normalidad. Uno de los mayores obstáculos para la agencia es el deseo de ser normales, el deseo de encajar y de gustar a otros, y estas son las grandes paradujas del ser humano. Tratamos constantemente de ocultar nuestras ráezas y de actuar con normalidad para gustar a otros, pero a la vez, deseamos ser únicos y destacados. Los comportamientos normales no cuesta nada en el corto plazo, pero acaban enterrados en el olvido. Normalmente, los comportamientos poco convencionales si tienen un coste en el corto plazo, pero acaban convertidos en historias que otros recuerdan en el futuro. Si te cruzas medio planeta para ir al cumpleaños de un amigo, su relación más normal sería no hacia falta que hiciera eso, pero seguramente esa sea la historia que cuente en tu oda. Cuando eres capaz de decirle a alguien con empatía pero con sinceridad, que su idea de negociar no tiene sentido, quizás se enfade contigo en el corto plazo, pero en el largo, sabrá que eres una persona en la que puede confiar. En los funerales, nunca nos acordamos de las cosas normales que hicieron otros. Siempre recordamos lo extraordinario, lo diferente, lo especial, los momentos en los que rompieron con los moldes de la normalidad y se mostraron de forma auténtica y única. Si habitualmente ocultas tus rarezas para encajar en la tribu, te presente que solo conseguirás ser uno o una más. Lo normal se olvida, solo los raros sobrevive. Y la última idea, cinco, sólo existe el ahora. O en palabras de mi querido Robé, para algunos, la vida se alopara un camino en pedrao de horas, minutos y segundos. Si no nos metemos en cosas extrañas de la mecánica cuántica, el pasado ya no existe. Es solo un recuerdo que se nos aparece ahora. El futuro tampoco existe todavía, y es solo un sueño sobre algo posible que también se nos aparece ahora. La vida es una sucesión de horas. Eso sí, esa sucesión es finita y más nos vale aprovecharla. George Mack no tiene la suerte de conocer a extremo duro, así que lo explica a través de una historia bastante dura que Kevin Smith, el director de cine, contó en una ocasión acerca de su padre. Decía que su padre era un buen hombre que no hay demasiado saludados al mundo, pero que él era de los buenos. Un tipo que trabajaba en una oficina postal, poniendo ellos. Un trabajo horrible según Smith, pero que hizo durante años para poder pagar los gastos de su familia. ¿Quién sabe que suelos tenía su padre? Un día Smith recibió una llamada de su hermano a la 6 de la mañana que le dijo que fue securriendo al hospital. Al llegar a la sala de urgencia y abrir la puerta, cuenta que lo primero que vio fue a su madre, que parecía más asustada de lo que jamás él había visto a ningún ser humano. Había terror en su cara. Él había visto llorar a su madre tras veces a su vida, pero esto era diferente. Esto era casi como si alguien le hubiese puesto una pistonal a la cabeza, dice. Miró a su hermano que tenía una expresión seria y asintió lentamente con la cabeza, lo que significaba que su padre se había muerto. Y entonces su hermano le dijo una frase que la acompañaría durante toda su vida. "Papa, morío y gritando". Dice Smith que no podía comprenderlo. Preguntó si era una forma de hablar y su hermano le dijo que no, que literalmente había muerto entre gritos. Podía notar como a su hermano aquello le atormentaba. Smith cuenta que su padre no era un hombre blando ni de lejos y que nunca le había oído levantar la voz de verdad. Dice que pensar en él muriendo entre gritos le cambió la vida. Que se dio cuenta de que incluso un buen hombre, alguien que siguió la rela y que jugó siempre limpio, alguien que hizo todo lo que se suponía que debía hacer, podía terminar muriendo gritando. En ese momento Smith decidió que no tenía sentido no intentar cumplir cada sueño estúpido que tuviera. Incluso así, se trataba de tonterías. Que hay que perseguirlo todo y hacerlo todo porque todos podemos morir gritando y más vale que disfrutemos nuestro tiempo aquí. Así que como nada nos garantiza el futuro, tenemos el ahora. Y ahora que lo pienso, hoy me estoy cubriendo de gloria. No sé si ha sido peor empezar hablando de cárceles terribles o acabar con muertes espantosas. Para no quedarlos con este sabor de boca, vamos a terminar con una última reflexión. Hasta aquí hemos cubierto más o menos la primera mitad del ensayo de George Mack. Lo continuaremos en otro capítulo, pero creo que este es un buen momento para parar y pensar en lo que hemos dicho. Más que nada, porque si nos tomamos demasiado al pie de la letra, es bastante difícil de distinguir de esos mensajes de estilo Mr. Wanderfull de que persillas tus sueños y todas esas cosas. Yo sí creo en la agencia, por fe a que sea la palabra en castellano. Es algo que he visto muchas veces en mi vida, en el trabajo y fuera de él. Personas que tienen una chispa especial para hacer que las cosas sucedan, y creo que es una habilidad, una actitud o cómo queramos llamarlo que merece la pena cultivar. Se relaciona profundamente con un concepto procedente de la psicología del que hemos hablado muchas veces, el locust de control, que es básicamente la percepción que tenemos cada uno de nosotros acerca de dónde está la causa de lo que sucede en nuestra vida cotidiana. Dicho de otra manera, tenemos un locust de control interno, si creemos que lo que nos sucede es principalmente consecuencia de nuestros actos y que de alguna manera controlamos nuestra vida. Por otro lado, tenemos un locust de control externo cuando percibimos que los eventos suceden como un resultado de la azar, del destino, la suerte o el poder y las decisiones de otros, o otro montón de cosas que escapa a nuestro control y sobre las que no tenemos ninguna influencia. Generalmente, se suele considerar que tener un locust de control interno es positivo, porque las personas se sienten más responsables, tomar más iniciativas, o son más proactivas y tienen más autoeficacia. Incluso, hay estudios que asocian el locust de control interno, con mayores niveles de salud, de éxito educativo y de felicidad. Por el contrario, el locust de control externo conlleva que tendamos a culpar a otros o a la mala suerte y a senternos menos capaces de cambiar la situación en la que estemos. Incluso, puede conducirnos a la desesperación, pero habiendo le dado las vueltas que le hemos dado al libre anedrío en este podcast, quedarnos en este nivel sería demasiado superficial. Incluso, si abrazar la ilusión de control sobre la que reflexionábamos al final de la temporada pasada es, como yo creo, una manera más funcional de relacionarnos con el mundo, conviene no engañarse demasiado. De la misma forma que un locust de control externo excesivo, puede causar lo que a veces se llama "indefensión aprendida", es decir, la sensación de que no tenemos capacidad de cambiar las cosas por más que queramos, un excesivo locust de control interno, puede estresarnos y hacer que nos culpabilicemos cuando las cosas no van como nos gustaría que fuese. Y ese tampoco es el plano. Porque además, hay que pensar que no somos una cosa o la otra, no se trata de opciones binarias, fijas y permanentes. Esto es un gradiente, un espectro en el que, en determinados momentos y para determinadas circunstancias, estamos más en el lado del locust de control interno y en otros más en el del control externo. Como en todo esto va a encontrar el equilibrio, pero de cómo conseguirlo y de algunas reflexiones más sobre la alta agencia, hablaremos en otro capítulo. Y hasta aquí el capítulo de esta semana, Caizen y yo volveremos a que viene, pero como siempre tenemos a suscribirte y recomendar el podcast allá donde los cuches o veas, pero especialmente a tus amigos, que creo que es la mejor forma de que siga creciendo. Además, si quieres apoyarlo económicamente y ayudarme a que pueda hacer más y mejores contenidos, puedes unirte a la comunidad Caizen, que tiene también un montón de ventajas. Tendrás acceso a un foro en el que encontrarás a otros curiosos compulsivos. En comandaciones de cientos de libros y películas, tendrás acceso a contenidos exclusivos como los guiones del podcast y aún fict privado para escucharlo sin publicidad y antes que nadie. 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Podcast Summary
Key Points:
La alta agencia es una combinación de autonomía, iniciativa y la convicción de que siempre se puede actuar, incluso en situaciones extremas.
Se compone de tres habilidades
Existen cinco principios clave para desarrollarla
La baja agencia es el modo por defecto debido a nuestra biología y al sistema educativo, pero se puede entrenar.
Está relacionada con el locus de control interno, aunque un exceso puede generar estrés y culpa.
Summary:
El podcast explora el concepto de "alta agencia", una cualidad que define a las personas capaces de resolver problemas imposibles, como sacar a alguien de una cárcel en un país lejano. Se trata de una mezcla de autonomía, iniciativa y la firme creencia de que siempre hay algo que hacer, sin esperar permisos ni culpar a las circunstancias. Según George Mack, la alta agencia combina tres habilidades: pensar con claridad, orientarse a la acción y desafiar las normas establecidas.
Mack propone cinco principios para cultivarla: no hay problema irresoluble (si no viola las leyes de la física, es posible), no hay un único camino (como demuestran Nadal, Federer o Dylan), no hay adultos (no existen figuras divinas que nos salven), no existe la normalidad (lo extraordinario perdura) y solo existe el ahora (aprovechar el presente, como aprendió Kevin Smith tras la muerte de su padre). Aunque la baja agencia es el modo por defecto, se puede entrenar. La alta agencia se relaciona con el locus de control interno, que implica sentir que controlamos nuestra vida, pero se advierte que un exceso puede llevar a la culpabilización.
El episodio invita a reflexionar sobre cómo ser esa persona a la que otros recurrirían en momentos críticos, sin caer en idealismos vacíos.
FAQs
Es una mezcla de autonomía, iniciativa y la convicción de que siempre hay algo que hacer, sin esperar permisos ni delegar el destino en el azar. Se compone de pensar con claridad, orientarse a la acción y tener capacidad para llevar la contraria.
Son: no hay problema irresoluble, no hay un único camino, no hay adultos, no existe la normalidad y solo existe el ahora.
La alta agencia se vincula con un locus de control interno, donde se cree que los eventos dependen de las propias acciones. Sin embargo, un exceso puede causar estrés, por lo que se busca un equilibrio.
Porque nuestros cerebros están diseñados para la escasez tribal, y el sistema educativo fomenta la obediencia, no la iniciativa. La baja agencia es el modo por defecto.
Claude Shannon y Edward Thorpe crearon un dispositivo en los zapatos para predecir la ruleta, ganando a la casa. Muestra que si algo no viola las leyes de la física, es posible con creatividad.
Significa no poner a otros en pedestales ni creer que hay figuras superiores que resolverán todo. Todos son humanos, y debes confiar en tu propia capacidad.
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