Epicuro, filósofo griego de la antigua Grecia, nació en 341 a.C. en Samos y desarrolló una filosofía profundamente influenciada por el contexto histórico de fin de la Grecia clásica y el dominio de monarquías tras las conquistas de Alejandro Magno. Este cambio político generó un sentimiento de abandono entre los ciudadanos, quien pasaron de sentirse protegidos por sus ciudades a ser subjetos de una autoridad lejana, lo que los llevó a buscar la felicidad de forma autónoma. Para Epicuro, la felicidad no consiste en el goce momentáneo de placeres, sino en la ausencia de dolor físico y psicológico, alcanzada a través de la "imperturbabilidad" o "ataraxia". Esta se logra al satisfacer necesidades naturales y esenciales —como comer o beber— y rechazar deseo de cosas superfluas, como la riqueza, la moda o el estatus social. Distingue tres tipos de deseos: necesarios, naturales pero no necesarios y no naturales, y enfatiza que el exceso en cualquiera de ellos genera inquietud. Además, rechaza el miedo a la muerte y a los dioses, argumentando que la muerte implica ausencia de conciencia y que los dioses no intervienen en la vida humana. Su ética se basa en el conocimiento, ya que la certeza sobre la naturaleza elimina temores, y su visión de la vida sugiere que la calidad, no la duración, debe ser el objetivo principal. Este pensamiento, aunque formulado hace más de dos mil años, sigue siendo relevante hoy en la reflexión sobre la felicidad, la libertad y el bienestar personal.
Hoy viajamos nuevamente a la antigua Grecia y en esta ocasión lo hacemos con motivo
de conocer el pensamiento de uno de los filósofos más extraordinarios, más sugerentes de toda
la historia, de la filosofía, diría yo, hoy nos acercamos a las ideas del gran épicuro
de Samos. Epicuro vivió una época de grandes transformaciones políticas y sociales y
dedicó una parte de su filosofía a analizar una preocupación que sigue plenamente vigente
más de dos mil años después y que seguida vigente, mientras el ser humano lo siga siendo,
esta preocupación es la búsqueda de la felicidad, que necesitamos realmente para ser felices
y que ocurriría si algunas cosas que perseguimos para alcanzar la felicidad, fueron precisamente
las que nos impiden conseguirla. Hoy hablaremos aquí de placer, de dolor, de la riqueza,
del poder, del sexo, de la amistad, entre otros muchos temas, nos detendremos también
en algunos de los grandes temores humanos, especialmente el miedo a la muerte, sobre el que
el épicuro desarrolló una reflexión verdaderamente original. En definitiva, vamos a conocer
una filosofía que pese haber sido formulada tiempo atrás, plantea cuestiones que siguen siendo
muy reconocibles en nuestras vidas y que quizá pueda ayudarnos a reconsiderar algunas de
nuestras concepciones sobre lo que significa vivir bien. Hoy en filosofía y pimienta hablamos
de épicuro y de su concepción de la felicidad.
Me hace una ilusión muy especial, la verdad, hablar aquí de "picuro" del grandísimo,
del gigante "epicuro" desamos, un filosofo por quien no voy a esconder, que tengo una inclinación
diría que natural, desde la primera vez que lo leí, una figura inmensa, una figura
que merece, que amerita, detenernos bien en el contexto histórico en el que brotó, lo
cual siempre es interesante, siempre contribuye a marcar el pensamiento de un autor, pero diría
que en este caso lo esto todavía más. De modo que comenzaremos con que "epicuro" nació
en el año 341, antes de Cristo, nos hallamos en los últimos compases de la Grecia Clásica,
y que "epicuro" decía desarrolló su filosofía y ha iniciado el periodo elenístico. Es importante
tenernos en esta visagra entre la Grecia Clásica y el periodo elenístico. La Grecia Clásica,
esa época que "epicuro" deja atrás, abarca, agoroso modo, los siglos "quinto" y "cuarto",
antes de Cristo. Claro, los historiadores suelen coincidir en ubicar el inicio en el año 479,
año en el que los riegos en el contexto de las guerras médicas contra los persas vencen en la
segunda guerra médica a los ejércitos persas en las batallas de platea y de mícala. Comienza,
entonces, este periodo clásico, donde lo importante, lo relevante, a los efectos al tema que
nos trae hoy, pasa por notar que la Organización Política, la Organización Social, giraba alrededor
de las ciudades estados, de las llamadas "polis griegas". Cada "polis", cada ciudad
estado, digamos, constituía una unidad política, una unidad política con un importante rado de
independencia, que confería a sus ciudadanos una robusta identidad, es decir, un ciudadano,
era ante todo ciudadano de su polis, esa era su comunidad de pertenencia y la comunidad que le
confería que le torturaba una cierta protección. Pues bien, esta estructura comienza a reesquebrar
ajarse, a tambalearse, con la errupción de un personaje poderoso, como lo fue Alejandro Magno,
Alejandro Nación el 356, ocupó muy jovencito el trono que dejó su padre, el rey Filippo II de
Macedonia, y desde que Cato Poder ya mostró un ánimo expansivo, es el anzón, como está bien
documentado, como es bien sabido, a la conquista de nuevos territorios, especialmente por el Oriente,
su gran expedición comenzó en el año 334 y se prolongó hasta su muerte en el 323. Bien,
no sabemos a ciencia cierta, si la intención de Alejandro cuando inició las conquistas era
ya la de conformar una suerte de monarquía universal, pero es luego cierto es que tras sus rápidas
conquistas, las ciudades estadolas polis pierdan la importancia que tenían antes como unidades
políticas independientes y la organización política adquiere un tinte unas dimensiones
mucho mayores, no es que las polis desaparezcan, siguen existiendo, conservan y explican
buena parte de la vida política y social, pero ahora se encuentran condicionadas por grandes
monarquías territoriales. Digamos en cierto sentido que las conquistas de Alejandro contribuyen
a propagar un ideal cosmopolita, una visión cosmopolita del mundo, se procura ahora elenizar
a pueblos que hasta entonces habían sido considerados barbaros, de manera que se desdibuja
esa separación tradicional, esa barrera que los griegos tenían entre su propio mundo,
entre el mundo griego y el mundo de los barbaros. Estos prejuicios étnicos en Aristóteles
en su obra en la política, y lo anoto porque Aristóteles resulta que fue instructor
de Alejandro Magno durante alrededor de tres años, pero sin embargo Alejandro no parece
que se dejar a calar por esas ideas o al menos no con demasiada intensidad, puesto que en sus
conquistas Alejandro incorporó a persas en la administración adoptó algunas costumbres
orientales y promovió también matrimonios entre ciudadanos Macedonios, entre ciudadanos
griegos y mujeres persas. Bien, en lo que nos interesa en este tránsito, en esta modulación
de la organización política, desde el punto de vista de un ciudadano griego, podemos
comprender cómo pasa de sentirse bajo la protección de la polis, han parado por esa
unidad política, a verse ahora más como un súbdito, como alguien sometido a unos gobernantes
lejanos, dejado de la mano de Dios, olvidado por ellos, sin esa protección, sin ese
amparo, y esta asensación de abandono cambia completamente la noción griega y explica las
nuevas preocupaciones filosóficas. El filólogo italiano Ettore Vinyone (imagino que se pronunciará)
cuando condensa, así dice "el individuo pasa a encontrarse solo antes y mismo", bien
podría haber dicho que cada uno ahora tendrá que buscarse las habitualas.
Bien, el hecho de que el individuo se había desprotegido, que ya no pueda contar con
la comunidad, por lo menos con la misma intensidad con la que podía contar antes, de nota
o dispara una preocupación por alcanzar de forma autárquica la felicidad, es decir,
la pregunta ahora general del pesamiento griego pasa a ser la siguiente. ¿Cómo puedo yo
ser humano alcanzar la felicidad por mí mismo? ¿Cómo puedo encontrarla sin depender
de mi contexto? Y esta preocupación es transversal a las escuelas elenísticas que compiten
y coinciden en el tiempo con el épicureismo. Tenemos entonces las cuatro grandes corrientes
filosóficas del momento, tenemos en primer lugar a los cínicos o la escuela cínica con
diógenes de sínope como su representante quizá más célebre, tenemos épicuro, tenemos
en tercer lugar a los estoicos, otra de las grandes escuelas que también persigue en esa
felicidad del individuo predicando la fortaleza de carácter y, en fin, una serie de
carácteres que hoy están muy enboga y tenemos también en cuarto lugar a los scepticos cuyos
antecedentes son anteriores realmente a la época elenística, pero, en fin, florece
en esta época. De manera que en este sentido la clave es comprender que épicuro es
un hijo de su tiempo, las preocupaciones de épicuro, las preocupaciones que muestra
épicuro sobre cómo el ser humano encuentra la felicidad, son preocupaciones compartidas
por sus coetáneos, aunque, como veremos, su camino sea muy original, distinto del resto
de las escuelas y merezca un tratamiento distinguido. Y ahora que ya conocemos el terreno,
que conocemos el mapa, nos centramos en épicuro, quien, como defiamos, nació en el 341 en
la isla de Samos, era hijo de Neoclesi, que eres trata, un matrimonio ateniense que
se había establecido allí. Cuenta diógenes la herción que su madre podría ser una especie
de maga o de adivina o, en cualquier caso, una experta en rituales de purificación.
aquí en Epicuro, de joven, debía de acompañar de casa en casa.
En cualquier caso esta noticia procede de autores bastante hostiles al Epicuroismo,
así que hay que tomar la concautela, o en cualquier caso, o decir que si así fue,
si la madre de Epicuro tuvo alguna tendencia hacia el Espiritismo, hacia el Mysticismo,
no parece que impregnara la doctrina de Epicuro. Bueno,
a la edad de 18 años, con 18 años, Epicuro se traslada a Tenas, a la ciudad de donde eran
oryundos sus padres, posteriormente residió también en otras ciudades, en colofón, en
Mitilene, en Lampzaco, en estas dos últimas ciudades, desarrolló su actividad docente
y reunió un buen puñado de discípulos. De la formación que él recibió, podemos destacar
un par de influencias por un lado pánfilo, era un filósofo platónico, de quien habría
recibido algunas enseñanzas, pero lo cierto es que vemos que hay muy poco de Platonismo
en el pensamiento de Epicuro. Quizá fue más importante, a buen seguro que lo fue,
Neusifanes de Teos, un seguidor del Atomismo de Demócrito. El Atomismo era esa doctrina,
esa corriente, que sostenía que toda la realidad estaba compuesta de Atomos o de Atomos
y vacío. Bien, el caso es que cuando Epicuro tenía alrededor de 35 años, es decir, estamos
en el 307, 306, antes de Cristo, Epicuro adquirió una propiedad en Atenas, en las afueras
de Atenas, y fundó una escuela conocida como el jardín, el quepos en griego, quepos.
Este jardín estaba situado, como decía, alejado de Atenas, apartado del tumulto de la
vida pública, más próximo, al silencio de la campiña y allí vivió Epicuro, rodeado
de sus seguidores, de sus amigos, que eran todos ellos conocidos como los filósofos
del jardín. Y una de las características, quizás más importantes de esta escuela, de
los Epicurios, era su apertura a personas de diferentes condiciones sociales. En el jardín
había nobles y plebeños, había libres y esclavos, había hombres y mujeres, incluso
etairas. Las etairas eran cortesanas, eran mujeres de compañía, pero no solamente, en
el sentido afectivo sexual, sino que algunas, muchas de ellas, participaban activamente
en la vida intelectual. Hay varios casos documentados de mujeres vinculadas al jardín, por
ejemplo, Leóncia, o Leóncia, también llamada, una etaira que llegó a escribir, según
cuentan las fuentes, una obra filosófica contra Teofrastro, el sucesor de Aristóteles
al frente del Liceo, y también encontramos a otras mujeres como temista y batis, también
vinculadas a la escuela. Y esta apertura social, diría que encaja con una idea que vamos
a desarrollar. La idea es que si todo el ser humano aspira a la felicidad, así la felicidad
es un deseo común a todos los individuos, entonces no hay motivo para apartar a nadie del
jardín, todos pueden participar en esa búsqueda filosófica. Aunque quede decir aquí, como
contra punto ese talante aperturista de la escuela de Picuro, de los filósofos del jardín,
que la doctrina del maestro se transmitió con notable fidelidad y literalidad, es decir,
los discípulos no se escapan apenas de las enseñanzas del fundador, no la modifican.
No tenemos constancia y probablemente no hubo algo así como una prohibición formal de
disentir. Probablemente lo que ocurrió fue simplemente una tendencia natural a que los
seguidores quienes se veían, no solamente los seguidores del jardín, sino quienes fuera
del jardín se veían interesados por esa doctrina y pretendían entrar en el jardín,
pues si lo hacían era efectivamente porque compartían el grueso de las ideas y sino y los
que no, pues quizá se mudaban a otras escuelas. Bien, y en cuanto a la obra escrita, sabemos
de nuevo por diógenes la hercio, que Picuro escribió más de 300 libros, a volúmenes o
rollo. En fin, es una producción en cualquier caso inmensa, entre esas obras se ocurraría
un gran tratado titulado sobre la naturaleza, pero lo que ocurre la desgracia es que hasta
la actualidad nos han llegado muy poquitas de sus obras. Mi impresión es que si nos hubieran
llegado más, si hubiéramos tenido disponibles todas sus obras o muy buenas partes de ellas,
hablaríamos, creo yo, de un filósofo a la altura de los más grandes de la historia, quizá
ya lo sea, pero creo que lo equiparíamos con Aristóteles y con Platón, no solamente por
sin fluencia, por la influencia que sabemos, a ciencia cierta que dejó en sus estípulos
a lo largo de los siglos, sino por el contenido tan denso que propone y por el contra punto
que establece precisamente frente a las teorías de esos dos grandes, especialmente frente
a Platón. Bien, lo que sí sabemos con certeza, gracias a diógenes, la hercio es que
Picuro escribió tres cartas, las tenemos integras, en primer lugar la carta aeródoto, que
está dedicada fundamentalmente a analizar la concepción de la naturaleza y de la realidad,
luego tenemos la carta a Pitocles, que está dedicada a los fenómenos celestes y meteorológicos,
esta es una carta muy entretenida, por ejemplo, hay Epicuro contemplar la posibilidad de
que las corrientes de aire de que el viento intervengan los movimientos del sol y la luna
de alguna forma. Y luego tenemos, por último, la carta a Meneceo, que es una carta dedicada
principalmente a la moral, a la ética, a la búsqueda, a la felicidad y a la forma en
la que hemos de conducir nuestra vida, esta es la carta en la cual nos centraremos especialmente
hoy. Y también conservamos otros fragmentos, un compendio de ellos se llama, se conoce
como las máximas capitales, que son 40 sentencias breves que se han conservado y tenemos también
las sentencias baticanas, que es una colección de pequeños aforismos, de tradición Epicura,
son de Epicura, son de algunos de sus discípulos, y esta colección fue descubierta ya con posterioridad
en un manuscrito en la biblioteca baticana. Y tenemos también una prueba documental que
me parece un aprobarco lógico que me parece especialmente interesante, y es que en el
año 1884 se descubrieron en un pueblito de Turquía, llamado Enuanda, se descubrieron allí
los restos de una enorme inscripción filosófica grabada en piedra, tallada en piedra. Estamos
hablando según tengo yo constancia de la mayor inscripción filosófica de la antigüedad,
la habría mandado construir un seguidor de la doctrina de Epicura, no podemos decir
que ya un discípulo, porque pasaron muchos siglos, pero la habría mandado construir
un tal diógenes, diógenes de Noanda, y aquí si me permiten voy a detenerme un momento
porque es el tercer diógenes, que menciono es el tercer diógenes que asoma la cabeza
en pocos minutos de manera que aclaramos. El primer diógenes que he mencionado es
diógenes, bueno el primer diógenes en sentido cronológico es diógenes de sinope, que es
uno de los principales representantes de la escuela cínica de pensamiento. Este diógenes
de sinope es el que posteriormente dará nombre al síndrome de biógenes. Lo comento
brevemente. Los cínicos, como diógenes, consideraban que el ser humano debía vivir, rechazando
las convenciones sociales y desprendiéndose de bienes superfluos. Y bien, tan al límite
llevó estas ideas diógenes de sinope que decidió vivir en una tinaja, decidió vivir dentro
de un barril. Seguro que tenéis en mente esa imagen de diógenes ahí rodeado en su barril
como expresión de que ese contenedor, de que esa suerte de hogar era todo lo que necesitaba.
Bien, pues el término de síndrome de diógenes se introdujo en 1975 para definir a alguien
que está, en fin, en grave situación de abandono, de falta de gine personal, de aislamiento,
ya vez se ha acompañado de acumulación de basura o de muchísimas pertenencias. Bien,
no sabemos realmente dónde se distorte, sino la historia, porque diógenes precisamente
afirmaba que lo conveniente era vivir con pocas pertenencias, pero bueno, quizá esa imagen
de alguien que vive dentro de un barril y que dentro de ese barril tiene sus pocas pertenencias
ahí tiradas o desparramadas, contribuyó a que luego se acuñara su nombre, el síndrome
de diógenes, para alguien que acumula demasiado bien.
Bien, el segundo diógenes, es diógenes la hercio, es el cronista, ya hablamos de él cuando
tratamos en el primer episodio a tales de miletó y de es gracias al cual tenemos constancia
de la mayor parte de las obras conservadas de picuro. Y luego tenemos, entonces, hasta
hacer diógenes, diógenes de noanda, que fue quien mandó construir el segradísimo muro
que venía comentando. Este muro está hoy de ruido, las piedras aparecen dispersas enterradas,
se mienterradas, se han recuperado algunos de sus fragmentos, pero todavía falta la mayor
parte. El caso es que si lo percibíéramos en su estado original, veríamos un muro de
80 metros de largo, es decir, tan largo, como un campo de fútbol, prácticamente, con unos
dos metros de altura, casi dos metros y medio en algunos de sus puntos, y con una extensión
tallada de unas 25 mil palabras. Pero no es la extensión lo extraordinario, creo lo más
extraordinario del hallazo, sino lecho de que fue mandado construir, por diógenes de noanda
de fía durante la primera mitad del siglo XII.
segundo, después de Cristo, es decir, habían pasado ya cuatro siglos, algo más,
desde la muerte de Picuro, y aquí tenemos la prueba de que sus enseñanzas seguían vivas,
tan vivas como que este seguidor se encargó de fijarlas en piedra, de fijarlas a prueba de
olvidadizos para que perduraran y fueran leídas públicamente por los siglos de los siglos.
Tanto por el contenido de las obras que nos han llegado íntegras, como por las pistas que
advertimos de alrededor, Picuro sabemos que descubrió sobre todas o prácticamente todas las
facetas de la filosofía en el alcance de su tiempo. Picuro tiene una teoría sobre cómo es la
realidad, o sea una teoría ontológica, tiene también una teoría sobre cómo conocemos ese
realidad, o sea una teoría epistemológica, y dispone también de una teoría ética o moral,
una teoría en cuanto que es lo correcto en cuanto a cómo debe actuar el ser humano para alcanzar
sus fines últimos. Hoy nos centramos fundamentalmente en esta última cuestión, pero para que los hilos
queden bien tejidos, daremos unas preves notas antes sobre cómo era su concepción de la realidad.
Bueno, a Picuro podemos relacionarlo o ubicarlo en el atomismo, esa teoría popularizada por
demócrito de abdera, que afirmaba en esencia que la realidad es material y que esta realidad está
compuesta de átomos y de vacío. Vivimos, podemos decirlo así, en una sopa de átomos, o no es que
vivamos nosotros dentro de la sopa de átomos, sino que nosotros mismos somos parte de esa sopa de
átomos. Incluso nuestra alma, esa parte tan singular, que tanto juego da a los filósofos, incluso nuestra
alma considerará a Picuro que está compuesta por átomos. Unos átomos que sean algo distintos tienen
algunas características más particulares, pero que son, al fin y al cabo, eso átomos. Aquí no hay
espíritus inmateriales, no hay animas o sopros de viento, folotando por ninguna parte, todo se
juega en el terreno de los átomos y del vacío. Esto, como veremos, se deja luego claro, en su
noción de que el universo no ha sido creado a partir de la nada, porque la tecismaterialista indica
que nada pueden hacer de la nada, ex nihil o nihilifeet, solamente la materia se crea o se transforma y si
genera en otros modos de materia. Bien, en cualquier caso, 100 ontologías, sin esta rama de la filosofía,
Epicuro es un protomaterialista, en cuanto al modo de conocer la realidad, en cuanto a esta rama de
la epistemología, Epicuro será una suerte de empirista, es decir, para Epicuro el conocimiento lo
obtenemos mediante la experiencia, mediante lo que nos dicen los sentidos. De hecho, es interesante,
poético, como Epicuro llamó a los sentidos los mensajeros de la verdad. Los sentidos, la información
que nos transmiten es genuina, es pura, no tiene intención de gayarnos. Las sensaciones son verdaderas
en cuanto tal, aunque luego podamos equivocarnos emitiendo juicios sobre aquello que percibimos. Y aquí es
donde aparece, donde queríamos llegar, porque aquí aparece el puente con la ética. Bien,
si Epicuro creía que toda la realidad era material y se afirmaba que conocemos esa realidad material,
gracias a la experiencia o gracias a los sentidos, entonces tiene lógica que Epicuro considere que lo
correcto y lo incorrecto lo bueno y lo malo en ética esté vinculado justamente a esas experiencias,
justamente a esas sensaciones que pueden ser positivas o que pueden ser negativas a esas sensaciones que
experimentamos. Y resulta obvio que experimentamos por un lado placer y por otro dolor, es obvio que
experimentamos sensaciones placenteras y displacenteras, positivas negativas, agradables y desagradables,
de forma que Epicuro vendrá a considerar como criterio axiológico, como criterio moral, que
le placer es bueno en sí mismo, es deseable en sí mismo, mientras que el dolor es malo en sí mismo y es
indeseable. Es decir, nuestras experiencias, nuestros sentidos nos chivan hacia donde hemos de
dirigir nuestras acciones, los sentimientos de placer y dolor funcionan pues como una especie de
brújula moral, de modo que la consecución de la felicidad es balance entre placer y dolor,
constituirá para Epicuro el destino al cual hemos de dirigir nuestro comportamiento.
Llegamos entonces a la cuestión fundamental, ya sabemos que Epicuro, al igual que el resto de
escuelas elenísticas, va a tratar de esbozar un camino con el cual ser humano pueda encontrar la
felicidad. Y en qué consistía la felicidad para Epicuro? Bueno, se le considera, se le considera por
lo general un autor hedonista y efectivamente lo era aunque con algún matiz particular. No era
un hedonista en sentido puramente esensual, no era o no pretendía que el ser humano
buscara constantemente experiencias placenteras momentáneas, experiencias pasajeras, no quería que viviéramos
de su bidón en su bidón. Esto lo deja muy claro cuando en la epístola a Meneceo dice lo siguiente y
voy a leer textualmente. Cuando afirmamos que el gozo es el fin primordial, no nos referimos al
gozo de los viciosos y al que se basan el placer como quieren algunos que desconocen o que no
comparten nuestros mismos puntos de vista o que nos interpretan mal, sino que nos referimos
continúa, sino que nos referimos al no sufrir en el cuerpo ni estar perturbados en el alma.
Bien, aquí Epicuro se distancia deliberadamente de la escuela cirenáica, la escuela cirenáica
fundada por Aristipo de Cirene, este era discípulo de Sócrates, luego las doctrinas de esta escuela
fueron sistematizadas y ampliadas por el nieto de Aristipo de Cirene, que era Aristipo
el joven. Y esta escuela los cirenáicos sí que eran hedonistas en este sentido más
sensual, sí que defendían la búsqueda de los llamados placeres cinéticos, placeres que se
experimentan con movimientos o cambios placenteros como experiencias positivas concretas. Estos
placeres cinéticos que eran fundamentales para los cirenáicos no lo serán para Epicuro,
que coincidía más valor al placer catastémático, el placer entendido como un estado estable
de bienestar, lo cual no significará que Epicuro rechace todos estos placeres momentáneos
los admitía, pero no conformaban el tronco de su ideal de felicidad. Entonces ¿qué consiste?
Hemos dicho que no consiste la felicidad para Epicuro, vamos con ya la respuesta positiva.
Bien, si hubiera que lanzar así sídónimos a Bola Pluma, diría que para Epicuro la felicidad
es sinónimo de imperturbabilidad o de reposo o de sosiego, es decir tranquilidad en una
palabra, la tranquilidad que es lo que más se valora, como bien sabemos. Bien, la felicidad
en este sentido es el estado que se alcanza cuando la persona se libera de dolores y
desensaciones negativas que le perturban. De forma que este estado de tranquilidad, de
imperturbabilidad, requiere que se convinen dos elementos. Por un lado, requiere de ausencia
de dolor físico, lo que Epicuro llamará "aponía", o que se llamaba así en griego "aponía",
y requiere también de una ausencia de dolor psicológico, lo que sería lo que será llamado
como ataraxia. Es decir, cuando uno goza de "aponía" y de ataraxia, cuando uno no padece
ni dolores físicos, ni psicológicos, entonces está feliz o por lo menos está en condiciones
de disfrutar la felicidad. El objetivo es disponer de una plataforma estable y constante
de reposo, no se trata de estar continuamente por las nubes, sino de no tener nada que
detreiga por la calle de la amargura. Pero tampoco diríamos, porque puede parecer no diríamos
como luego trataremos de comentar o de ahondar que Epicuro defienda a un placer o una noción
mojigata de la felicidad. Podemos anticipar que Epicuro señala que debemos apreciar la belleza,
la veritud y las cualidades de índole semejante. Lo debemos hacer siempre que proporcionen
gozo y si no lo proporcionan hay que decirles a Dios muy buenas y dejarlas ir.
Bien, esta concepción de felicidad, el hecho de perseguir primordialmente la ausencia
de dolor físico y psicológico, creo que coincide con algunas impresiones bastante intuitivas.
Por ejemplo, cuando uno padece un pequeño dolor físico, pensemos en un dolor de muelas,
resulta muy difícil que disfrute de otro tipo de placer. Resultará muy complicado que
se emocione con una película o que disfrute plenamente de una conversación con amigos,
o de modo contrario, cuando uno está afligido por la muerte de un ser querido, o cuando
tiene algún enfrentamiento, algún desencuentro con alguien, es difícil que pueda centrarse
en paladear un buen marjar. En esta línea, para el picuro debemos identificar el placer,
estable completo con esa ausencia.
de dolor, tanto corporal como psicológico.
Bien, y cómo se alcanza esa tranquilidad?
Jaros que estamos poniendo como distintos pedaños en la escalera.
Hemos dicho que la felicidad se alcanza con la imperturbabilidad o con la tranquilidad.
Y ahora, ¿cómo se alcanza esa tranquilidad?
Bien, pues esto estaría de la sabiduría práctica, es decir,
de aquel comportamiento que debe desplegar el ser humano
para que le conduzca hacia el estado de ese recetario que debe de seguir.
Y la tranquilidad se alcancería de forma importante gracias a la verdad.
Gracias a la obtención de conocimiento.
La obtención de conocimiento o la obtención de certezas es un elemento que conduce a la felicidad.
Y ¿por qué? Pues por la simple razón de que quien no conoce la verdad,
quien no posee certezas sobre asuntos que le puedan preocupar,
entonces se hallará turbado, se hallará inquietado por la excertidumbre.
La excertidumbre, el desconocimiento, es algo que nos mantiene en ese asosiego.
Es curioso, porque los escepticos, otra escuela elenística,
ellos creen que si se puede alcanzar cierto estado de tranquilidad o desosiego,
suspendiendo el juicio sobre las cuestiones que no podemos conocer con certezas.
Pues bien, desde la perspectiva de Picuro, esto parece bastante inalcanzable.
La suspensión del juicio difícilmente nos serviría para eliminar
aquellos temores que justamente dependen de falsas creencias sobre la realidad.
De modo que la felicidad está vinculada al conocimiento que elimina las causas de nuestras turbaciones, de nuestras inquietudes.
Es decir, conocer la naturaleza de las cosas permite eliminar nuestras temores
y nos despliega una alfombra roja hacia la felicidad.
Esto explica, por ejemplo, que Picuro investigarán las causas de los fenómenos celestes
o el funcionamiento de la naturaleza en general.
Y este interés por la física tiene también una finalidad práctica,
que es, como luego veremos, la deliberarnos de temores infundados.
Y con esto llegamos a algo muy interesante, muy comentado, muy famoso de Picuro,
que son los tres tipos de deseos que existen y que están, digamos, al alcance de los seres humanos.
Picuro distingue tres tipos de deseos y nos dice cuál es de ellos con bien es satisfacer
para alcanzar ese estado de felicidad tranquila, de felicidad, de imperturbabilidad, asociada,
y nos dice también cuál es debemos de evitar.
Esta estratificación de los deseos, esta clasificación es la siguiente.
Primero, primer bloque.
De deseos naturales y necesarios.
Naturales y necesarios.
En segundo lugar, deseos naturales y no necesarios.
Y en tercer lugar, deseos no naturales y no necesarios.
Como veremos, unos favores en la felicidad, y otros nos alejan de ella y conviene estar muy atentos
para actuar bien en la vida.
Bien, empecemos con el primer bloque deseos naturales y también necesarios.
Estos son aquellos que están directamente ligados a nuestro bienestar, como individuos corporios,
ligados a nuestra propia supervivencia, a nuestra propia vida, por ejemplo.
Es un deseo natural y necesario comer cuando se tiene hambre, o beber cuando se tiene sed,
o descansar cuando se está fatigado.
Estos deseos naturales deben satisfacerse, por supuesto que sí,
porque si permanecen en satisfechos, entonces padeceremos sensaciones negativas
que nos mantendrán en un estado constante de agitación, de necesidad, de perturbación.
De manera que el objetivo es satisfacer estas necesidades, suficientemente,
para eliminar el dolor que nos produciría su carencia.
Es decir, no se trata de comer, de beber o de dormir sin límite, sino de colmar nuestras necesidades.
Luego hablaremos de la amistad, porque la amistad también podría relacionarse
con estos bienes fundamentales para la vida.
Lo comentaremos después al final.
Bien, en el segundo bloque tendríamos a los deseos naturales y no necesarios.
Este segundo bloque, en este segundo bloque están deseos cuya satisfacción
si nos proporcionan placer, pero no resultan imprescindibles para nuestro bienestar.
Y en cualquier caso, conviene alejarse de satisfacerlos en exceso.
Con bienes y acaso satisfacerlos con moderación, porque pueden llevarnos a una búsqueda constante
que nos haga estar persiguiéndolos, persiguiendo este tipo de placer, como el burro,
que persigue la zanahoria que tiene enfrente de sus ojos.
Podemos estar continuamente metidos en esta rueda que nos aleja de la felicidad.
Y aquí da algunos ejemplos.
Por ejemplo, las comidas opulentas o demasiado sofisticadas o los licores especialmente elaborados.
Pensemos por traer a los tiempos modernos esta noción.
Pensemos en alguien que hoy día andé persiguiendo siempre en el nuevo restaurante de moda,
donde cocinan o elaboran los alimentos o los platos de la forma más extravagante posible.
Bien, hay quien parece que vive persiguiendo la siguiente estrella Michelin.
Bueno, pues esta persona no busca el alimento simplemente para saciar una necesidad y colmarla,
sino como una especie de recreación.
Y entonces corre el riesgo de quedar atrapado en esa tela araña,
en esa persecución constante de experiencias cada vez más sofisticadas.
Y sin nada, le parece suficiente y todo el aburre, entonces nunca alcanzará la tranquilidad.
Lo mismo podemos decir por ejemplo, de los vestidos demasiado rebuscados,
que es un ejemplo que Epicuro cita expresamente, ¿no?
Lo que podemos traer a nuestro tiempo como alguien que esté preocupado por emplear,
por vestir de forma muy rebuscada o queriendo llamar constantemente la atención.
Bien, pues según Epicuro tendría más sentido optar por una vestimenta más sobre,
quizá más a temporal, porque claro, si alguien vive preso del último grito en la moda,
entonces siempre va a sentir que su armario está desfasado,
nunca va a enconcerrarse satisfecho con lo que tiene y siempre andará intranquilo.
A partir de que hay también aquí un componente de reconocimiento social
que puede conducirnos al tercer tipo de deseos que ahora veremos.
Bueno, en conclusión, estos deseos naturales y no necesarios, se pueden satisfacer,
pero siempre con moderación, no conviene o no pueden convertirse en necesidades
de las cuales dependa nuestra felicidad constantemente.
La tradición Epicurea dice o resumen la idea así.
La riqueza consiste toda ella en comida, agua y un abrigo cualquiera para el cuerpo.
En esta segunda parte de la formulación podemos deducir que la riqueza superflap
puede provocar un aumento ilimitado de deseos.
La clave, yo creo que para distinguir si un placer es necesario o no,
puede observarse preguntándose lo siguiente.
Esto está en la sentencia baticana número 71,
la cual Epicuro nos propone que ante cualquier deseo nos preguntemos.
¿Qué me sucederá si lo satisfago y qué me sucederá si no lo satisfago?
Y entonces, claro, si deduzco o si pronostico que satisfaciéndolo alcanzar la tranquilidad
y no habrá consecuencias peores entonces adelante con la satisfacción del deseo.
Pero si pronostico que al satisfacerlo voy a crear otra nueva necesidad,
entonces quizá sea más inteligente abstenerse de perseguirlo.
Aunque también hay en algunos otros lugares donde Epicuro parece que no es precisamente moderado.
Luego veremos algunos puntos, por ejemplo, la cuestión de Epicuro en cuanto al amor,
el amor digo ligado a las pasiones y al sexo especialmente.
Lo reservaré esta idea para el final para que veamos si el sexo puede considerarse como un deseo natural
y necesario o como un deseo natural y no necesario.
Bien, vamos entonces con el tercer tipo de deseos que, como advertíamos,
son los deseos no naturales y no necesarios.
Este tipo de deseos son aquellos de los cuales conviene alejarse a toda costa
porque no responden directamente a necesidades naturales,
sino que van a depender del contexto social, del reconocimiento y en especial de nuestra posición en la sociedad.
Son, por ejemplo, el deseo de buscar el poder de perseguir el honor y el estatus.
El deseo de recibir galones, de recibir títulos, distinciones o menajes.
El deseo, en fin, de ocupar altos rasgos en los escalafones sociales.
El problema de perseguir este tipo de deseos, no es que sean malos en sí mismos,
sino que la búsqueda de reconocimiento se volverá siempre insaciable.
Quien crea que le felicita que la felicidad consiste en satisfacer su ego,
bueno, aumentar su estatus, siempre andará tranquilo, perturbado o agitado.
Es decir, siempre querrá alcanzar el siguiente escalafón en la vida mída social.
Nunca le parecerá suficientemente elevado a aquel que ya ocupa.
Siempre verá un pel daño más que subir y algún pez más gordo en el estánque.
De manera que conviene alejarse de ellos para alcanzar la felicidad.
Y aquí incluye, podemos incluir las aspiraciones políticas.
Epicuro es especialmente. y diente o la cerante con aquellos que tienen pretesiones políticas por la
misma razón porque en definitiva quien desea medirar en política y alcanzar
cada vez posiciones más influyentes en el dominio de una sociedad se
ayerá en constante interanquilidad siempre buscando el pedaño más alto, de ahí
que en la sentencia bática en la 58, diga épicuro ycito textualmente, diga
hay que liberarse de la cárcel de la rutina y de la política, es un consejo
general que concuerda también con otro consejo atribuido a épicuro transmitido
por seneca que viene a decir "retire a teatimismo en el preciso momento en el que
te veas forzado a estar entre la multitud", es decir aprecia más que la vida del
medirar político aprecia la vida retirada a tranquilas relajadas como así
lo hacían los filósofos del jardín que precisamente vivían alejados del
mundo anal ruido, hay una máxima también asociada al épicuroismo que dice en
dos palabras "vive oculto", es decir aparte del portagónismo aparte de la lucha
por los unores y hay también otra sentencia que le quería rescatar porque me
parece bella, la mencionan real y anti-serie en su historia de la filosofía en
su famosa historia de la filosofía, aunque yo no encontrado esta traducción tal
cual en la traducción al español de la que dispongo realizada por José
Vara sobre las obras completas de épicuro, pero en cualquier caso diría así, según
épicuro, dos puntos, la corona de la ataraxia es incomparablemente superior a la
corona de los grandes imperios, la idea aquí es que entonces que ningún poder
político, ningún imperio, ninguna corona puede compensar esa perdida de
tranquilidad de quien se encuentra atrapado en esa rueda de la rata en esa lucha
permanente por conservar o aumentar su poder, hay una cuestión interesante en
este sentido y es que épicuro anticipa una noción que luego se estudiera en
economía, que es la de los bienes posicionales, la quería otra iracolación porque
me parece muy interesante, que son los bienes posicionales, bueno pues se llaman así a
los bienes que no aportan una utilidad intrínseca o sea aportan utilidad, no lo hacen solo por sus
características propias, sino porque a sus tenedores, a sus posedores les permite
situarse por encima de quienes no los tienen, les permite posicionarse por encima de quienes
no los tienen, por ejemplo, pensemos en determinadas joyas en casi cualquier artículo de lujo,
en el bien, o en el hecho de ser miembro de un club distinguido, en el poser un pas de
bib, o en haber recibido o recibido determinados premios, todas estas cosas pueden tener
una, o sea, tiene una utilidad posicional precisamente porque otros no las tienen, posicionan
aquí las tiene frente al que no las tiene, el problema es que para que tu destaque es
otros tienen que quedarse atrás, por ejemplo, que valor tendría haber estudiado en
la universidad de Harvard si todo fulano, si hasta la puntadora pudiera haber estudiado
en la universidad de Harvard, pues naturalmente no el mismo que tiene hoy, es decir, la
la formación recibida, seguiría teniendo valor, pero el título perdería buena parte
de su capacidad para distinguirnos de los demás, o qué placer, por ejemplo, que sensaciones
experimentaría el tipo que luce un Rolex si todo el mundo llevaron Rolex, bien, pues
las manijas seguirían dando la hora, pero el objeto perdería parte de su exclusividad,
por suerte la mayoría de bienes no son así, es decir, un helado refrescante, un helado
me refresca a mí mismo y me proporciona el mismo placer, independientemente de que otra
persona esté disfrutando de un helado similar, independientemente de que yo me cruce con
otra persona que está disfrutando de un helado idéntico al mío, de modo que si alguien encuentra
placer en estos bienes posicionales, en ese status, en esos elementos que lo distinguen,
que lo distinguen de los demás, corre el riesgo de vivir constantemente pendiente de comparaciones,
si alguien encuentra placer en tener, no sé qué se yo, un todo terreno, el último modelo
del todo terreno, solamente para restregarse el olvacino, entonces esa persona vivirá
siempre con un ojo puesto en la plaza de garage aljena para posicionarse por encima del
otro, en cuanto al vecino se compró no más grande, se habrá aguado la fiesta, y esta
persona siempre vivirá agitada, alerta, perturbada, nunca estará en reposo, y aquí también
incluye, discurio se quería comentarlo, el hecho de la riqueza épicuro también considera
que la riqueza es un deseo de riqueza, es un deseo no natural y no necesario, lo cual
puede ser algo más críticable, desde mi punto de vista, bien, épicuro no considera
aquí como la riqueza en sí, sino el deseo de enriquecerse, lo cual puede tener algo
de justificación, yo creo que así es como hay que entenderlo, es decir, quien siempre
esté persiguiendo enriquecerse, quien siempre busque aumentar su fortuna, nunca encontrará
satisfacción con el nivel de riqueza que alcance, y siempre deseará tener más la típica
canción de el que tiene un duro, quiere tener diez o algo así, no recuerda exactamente
como era, de manera que parece que la búsqueda de la riqueza nunca se asciera aquí en la
persigue, y desde luego esto, y bien, puede advertirse en la sociedad, más aún si uno busca
la riqueza para la estarla al momento, para consumirla, para gastarla en bienes, una experiencia
pasajera, tampoco, entonces la riqueza le llevará a la tranquilidad, pero no sé, pienso
que hubiera sido un detalle, que Picuro concebiera mayor importancia a lo positivo de tener
riqueza, y no me refiero a lo positivo desde mi punto de vista, que quizá también, sino
a lo positivo de tener riqueza, de acuerdo con el propio esquema de Picuro, y es que
tener riqueza acumulada puede generar una sensación de tranquilidad, disponer de unos ahorros
suficientes para vivir tranquilo, saber que tienes un soporte, un colchón que te permite
afrontar imprevistos, pues eso conducirá a su poseedor, a una sensación de mayor tranquilidad,
imperturpabilidad, de no alteración, etcétera, quizá también, esto quizás mucho pedir,
pero podría Picuro haber advertido que el hecho de que existan personas codiciosas, personas
que busquen la riqueza por la riqueza, aunque ese deseo les conducirá a ellos a la imperturbabilidad,
con su sacrificio, con su malestar, se podrá generar efectos positivos en la sociedad,
puesto que quien se enriquece, siempre volvía legal, claro, quien desee enriquecerse a
toda costa y lo haga, trabajando duramente, o innovando o emprendiendo, esa persona contribuirá
en general a un mayor bienestar de la sociedad, porque pondrá a disposición de todos su talento,
su talento en forma de trabajo, u ofrecerá bienes de mejor calidad, o mejor precio, de manera
que su ánimo de codicia, aunque él de genere infelicidad, ese ánimo de lucro conducirá de forma
contributiva, pero conducirá a un mayor bienestar general, claro que si hubiera Picuro dado
además con esta tecla, pues quizá habría sido demasiado pedir, entonces a Dan Smith, con la
meta fuera de la mano invisible, habría sido un plagiador, y puede estar bien que cada filosofo
aporte su granito de arena, y quizá es de agradecer que Picuro dejara algo para los demás,
recapitulando los tres tipos de deseos que hemos comentado, podría parecer, podría presentarse
a Picuro como una suerte de ACT, o como alguien que un filosofo que repudiaba, en todo momento los
bienes materiales y desde luego los placeres de la carne, pero la verdad que no era así, o si en
alguna medida tenía esta intuición no lo era por razones astéticas, la razón de fondo es que
conviene colmar, en esencia, a los deseos naturales y necesarios, es decir, los del primer grupo,
porque estos cuando se satisfacen, tienen un límite, cuando se colman, no hay motivo para seguir
persiguiéndolos, y por tanto, uno puede hallarse, entonces en un estado de tranquilidad de
sosiego, y puede por lo tanto ser feliz, en la sentencia baticana a 33, Picuro condensa así, dice,
cito textualmente, el grito del cuerpo es este, no tener hambre, no tener sed, no tener frío,
y añade que quien consigue satisfacer esas necesidades, esos deseos y confía en seguir haciendo
en el futuro, podría competir incluso con feos en la cuestión de la felicidad.
Hemos comentado, ya hemos abordado el cogoio, la noción nuclear de la felicidad para
Picuro, ya sabemos que consiste para él la ética o el camino que el ser humano ha de seguir
si deseas ser feliz, pero tiene también el Picuro otras ideas muy interesantes, no las vamos
a abordar todas, pero he hecho una selección de las más sugerentes, que, aunque…
que no lo subraye, todas ellas están de alguna forma ligadas con la cuestión de la felicidad.
Por ejemplo, su concepción de la justicia, para evicuro, la justicia o el derecho o la ley
en definitiva, tienen un valor instrumental. Es decir, son válidas, son necesarias en la medida
en que son útiles en la medida en que contribuyen al bienestar de los seres humanos. La justicia
es, en esencia, un pacto de utilidad, reciproca, por el cual los seres humanos acordamos
no perjudicarnos los unos a los otros. Esto estará en las tripas, en las raíces del utilitarismo
moderno algún día, hablaremos del utilitarismo aquí. Por ejemplo, César E. de Caria, un jurista
italiano del siglo XVIII, escribió en su tratado titulado de los delitos y las penas,
una noción muy similar a la que tenía el pecuro. Y es que el placer y el dolor son los motores
de los seres sensibles, son las guías de nuestra moral. Por lo tanto, se comparte esta noción
de que la justicia ha de conducir, ha de adecuarse, a proporcionar un balance más adecuado
entre placer y dolor. De manera que, para el pecuro, todas las instituciones, las leyes, las
normas, han de evaluarse, han de someterse a test, siempre en función de la utilidad, en función
del impacto que producen en el bienestar de los seres humanos. Y así, por ejemplo, lo dice,
incluso va un poquito más lejos, en la máxima capital 37, la número 37, que dice así,
dice, si una ley deja de resultar útil para las relaciones humanas, pierde su carácter justo.
De manera que vemos aquí esta subordinación, en este caso de la ley o de la justicia a la felicidad,
pero es una subordinación, subordinación de las cosas, a las consecuencias, que se extiende,
incluso a la propia filosofía, que muchas veces está echada de inútil. Y aquí el pecuro dice,
"abro comillas, resulta a vano el discurso de aquel filósofo que no cure algún mal del
animo humano". Es decir, la filosofía, a su juicio, ha de servir para algo, debe contribuir,
adquirir conocimientos, que nos permitan, como decíamos, alejarnos de inquietudes, al cantar,
alcanzar certezas, y de este modo alcanzar la tranquilidad, el sosiego y la felicidad.
Por otro lado, pecuro va a razonar sobre algunos de los grandes temores, de los grandes miedos,
que tenemos, usualmente, las personas, porque, claro, en la medida que las personas tenemos miedo,
a ciertos ámbitos, a ciertas cosas, pues, nos hallaremos preocupados por esos miedos, y por lo
tanto, nos hallaremos alejados de ese estado de tranquilidad y de sosiego que es necesario para
disfrutar de la verdadera felicidad. Comienza, pues, argumentando "epicuro", ¿por qué no debemos tener
miedo al dolor físico? Bien, la distinción que propone es bastante sencilla, telegráfica y diría
que está un poco simplista, pero viene a decir, los dolores pueden ser leves o intensos, y en ningún
caso, conviene preocuparse por ellos, porque, primero, si son dolores leves, serán soportables,
y, en general, suelen ser pasajeros. Y por otro lado, si los dolores son intensos o extremos,
tampoco hay que preocuparse por ellos, porque estos dolores suelen conducir a la muerte. Y, claro,
alguno dirá, bueno, pero si el dolor extremo conduce a la muerte, entonces eso a mí sí que me
preocupa. Pero, claro, es que, según "epicuro", tampoco debemos tener miedo a la muerte, y esto es
el segundo miedo que tratará de descartar. Bien, "epicuro" sostiene que, bueno, o defiende que nada
teme quien a la muerte no le teme, si significa que comprende que la muerte no es temible, entonces
no tiene ningún miedo. Pero, ¿por qué no hay que temer a la muerte? Bueno, pues, porque la muerte,
por definición, supone la ausencia de toda sensación, ya sea positiva o ya sea negativa. De hecho,
la muerte es la ausencia de nosotros mismos. En la carta Meneceo, "epicuro" dice "abro comillas".
Cuando existimos nosotros, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces,
nosotros no existimos. Es decir, "oxistimos nosotros", "oxiste la muerte", pero nunca concurren
ambas cosas. Por supuesto, "epicuro" concive que nuestra alma los átomos que la conforman,
acabará disolviendose, desintegrándose. Pero, entonces quizá podría tener sentido, en algún
caso, y esto no lo descarta "epicuro", puede tener sentido que sintamos miedo al proceso que
precede a la muerte, a ese proceso que quizá puede ser doloroso, un proceso deterioro que nos
conduzca hacia la muerte. Pero no debemos temer a la muerte en sí misma, porque entonces estaríamos
temiendo un escenario en el que nosotros no existimos. Y esto es curioso, me parece interesante,
porque generalmente, cuando las personas temen a la muerte, parecen temer un futuro en el que
estén muertos, se imaginan a sí mismas, en un futuro en el que ya no existen, la que se plantea
la paradoja que es interesante, que luego desarrollará lucrecio, uno de los seguidores del
"epicuro" dice "por qué hemos de temer un futuro en el que no existiremos y en cambio,
nunca tenemos miedo a un pasado en el que tampoco existíamos". Es decir, ¿por qué me produce
angustia pensar que se yo en el año 2.200 cuando estaré muerto y no me producen ninguna angustia pensar
en el año 1800 cuando yo tampoco existía? En fin, en las dos coordenadas temporales pasado y
futuro no existimos, por lo tanto, parece que el miedo a ese escenario en el que no existamos en
el futuro es un miedo irracional. Ya hay un temor también muy típico de los seres humanos que
"epicuros" encarga de desmantelar, ¿qué es el temor a los dioses? Bien, en este punto hay que
comenzar diciendo que "epicuro" no es un autor adeo, hay una frase, alguna frase que atribuida
incorrectamente a "epicuro" que recorre algunos rincones de internet, pero lo cierto es que "epicuro"
afirma expresamente que los dioses existen, dice "tual, abrocomillas, los dioses en efecto existen"
y sí que añade que el conocimiento que tenemos de ellos puede estar algo distorsionado. Por un lado,
ya lo hemos dicho, los dioses no crean el mundo, "epicuro" sostiene que el universo, el cosmos,
ha sido que ha creado de la nada, por lo tanto no ha sido creación de los dioses. Y por otro,
en segundo lugar, nos dice "epicuro" nos advierte de que solemos proyectar en los dioses cualidades
humanas, es decir, los concebimos a nuestra imagen y semejanza, pensamos que si entendida agradecimiento,
que castigan a los malos, que recompensan a los buenos, etcétera, etcétera, pero según "epicuro",
los dioses no son así y cómo son, bueno, pues son seres que tienen dos características son inmortales y
son enteramente felices. Probablemente la característica de la inmortalidad de la primera sea la que nos
distinga en mayor medida de ellos, porque, claro, recordemos que la felicidad también está al alcance
de los seres humanos. Y desde luego lo que está claro es que estos dioses, estos dioses que no han creado
el mundo y que vivirían en algún lugar del universo entre bambalinas, espacios hay interplanetarios,
estos dioses no se preocupan del devenir de los humanos, no se preocupan de cómo nos va a nosotros aquí
en la superficie del planeta. Y la razón es muy sencilla y la comenta "epicuro" en la primera
máxima capital, dice que el Dios, que es el ser feliz y a inmortal este ser, no tiene preocupaciones
ni se las causa a otro, porque esas pasiones son propias de un ser débil. O sea, si los dioses anduvieran
preocupados por nosotros, esa preocupación les proporcionaría una fuente de tranquilidad,
infelicidad, pero como los dioses son perfectamente felices, entonces, claro, están, no pueden estar
preocupados por nosotros. Bien, también es contundente "epicuro" en otro momento en cuanto a las
supersticiones religiosas. Por ejemplo, debía de existir la creencia de que cuando determinados
animales aparecían en una zona, en una zona en la cual no habían sido vistos en un tiempo, pues
eso era un signo, un presaggio de que se ha vecinará un cambio de tiempo, cambió meteorológico.
Bien, pero aquí también "epicuro" rechaza que haya una divinidad organizando estas señales,
lo dice expresamente en la carta a Pitoclis. De manera que, en definitiva, "epicuro" no es
a teo, pero sí que afirma que conviene vivir sin preocuparse por los dioses. Y no solamente porque
los dioses sean indiferentes hacia nosotros, sino porque el ser humano nosotros tenemos a nuestra
disposición todo lo necesario para alcanzar la felicidad. Y esto lleva otra idea interesante y es
que los dioses no tienen nada que ofrecerme que yo necesite, no tienen nada que me puedan
entergar. Si yo dispongo a las herramientas para ser feliz, entonces no puedo andar, faltó
carente de nada. Y esto implica, consecuentemente, que yo no tengo por qué adecuar mi comportamiento a
supuestos mandatos de los dioses, ni a comportarme de determinada manera para merecer recompensas o para
evitar sus castigos. Primero porque los dioses no se dedican a recompensar ni a castigar, pero
segundo y lo más interesante
por lo que decíamos, porque si pensáramos en los dioses como algunos seres que ofrecen
promesas a los seres humanos que se plantan ante los seres humanos con un catalogo de promesas,
el picoro entendería que estos dioses son como vendedores de pura chatarra, son seres
que nos ofrecerían mercancías que no necesitamos, serían como esa llamada de spam que
recibimos en mitad de la siesta y que nos va a ofrecer un producto que no hemos pedido,
que no necesitamos, y que por lo tanto tenemos todo el derecho y deberíamos bloquear la llamada.
El cuarto miedo que comenta el picoro que viene a escartar es el miedo al destino y aquí
este es un elemento que marca una distancia importante entre épicuros y stoicos. Los stoicos,
esa otra corriente del enística, concebían un papel esencial a la necesidad y a un orden
racional del cosmos y consideraban que la virtud humano consistía entre otras cosas en aceptar
aquello que no depende de nosotros, en soportar los golpes de la fortuna y en acomodar nuestra
voluntad al orden de la naturaleza. Pero épicuro no acepta que toda nuestra existencia
esté determinada por un destino inexorable o inevitable. Para épicuro el futuro, o al menos,
buena parte del futuro, no está por venir, sino que está por hacer. En la carta ameneceo,
épicuro destingue entre clases de acontecimientos, unos que surgen por necesidad, otros por azar y otros
que son los que dependen de nosotros. Y es decir, que nosotros tenemos capacidad para intervenir en
la realidad, que ha parecido para tomar decisiones y modificar nuestro futuro. Por lo tanto,
no existe un destino que sea absolutamente fatal al cual estemos sometidos, sino que nosotros
podemos modificar el futuro y más nos vale no vivir angustiados por aquello que supuestamente
está escrito y más nos vale entonces preocuparnos por lo que podemos hacer. Esto pone en
traditos, decíamos la posible influencia de su madre, como ya hemos comentado. Según algunas
crónicas antiguas, la madre épicuro era una especie de "maga", quizá vinculada a prácticas
supersticiosas o de adivinación. Claro, si esto era así, si se dedicaba a adivinar eso,
quiere decir que el futuro estaba escrito de alguna forma, lo cual si esto fuera así, está claro
que las ideas no calaron demasiado en su hijo. Otro destello breve, que rescatamos, es una
idea que tiene épicuro que está contenida en la carta ameneceo y es que defiende que debemos
disfrutar de la vida plenamente y que no debemos considerar una vida larga, no debemos preferir
una vida larga prolongada, simplemente por el hecho de ser prolongada. Y esto puede tener un
reflejo en la sociedad, en la sociedad que nos vemos hoy, quiero decir, cuando vemos a personas
extremadamente preocupadas por su salud o por conservarse jóvenes, o en general, por vivir el
mayor, el máximo número de años posible. Porque en estas muchas ocasiones, en otras no, pero en
ocasiones, esta preocupación conduce a un modo de vida muy tortuoso. Como sin necesariamente,
fuera mejor vivir 100 años en un estado de constante preocupación que vivir 70, 80 años,
o menos, o 60, disfrutando plenamente de la vida. Hay quien parece que está tan ocupado,
intentando no morirse que se olvida de vivir. Bien, pues la idea de que la duración de la vida no
debe convertirse en un fin independiente de su calidad, está presente en épicuro y la aleja,
la aleja de ese carácter, quizás algo mojigato que se pueda desprender en algún punto de su
teoría. Vamos ahora con la cuestión del sexo. Ahí cierta a discusión al respecto de hecho,
recuerdo un artículo especializado sobre la cuestión, a pesar de que épicuro nos
daba muy poquitas pistas sobre cómo concive el sexo, el menos en los textos que nos ha llegado.
Podríamos preguntarnos, el sexo es un deseo natural y necesario, es decir, es comparable al
hambre o el ased, que cuando uno siente ese deseo lo puede satisfacer y entonces ya alcanza la
tranquilidad o no, o cuando resulta que cuando se satisface, nos conduce a necesitar nuevos
placeres sexuales, nos conduce a buscar otros placeres sexuales más intensos o más extravagantes.
Y bien, aquí parece que épicuro se inclina por considerar el sexo como un deseo natural pero
no necesario. Por un lado, desde luego reconoce lo hace expresamente que las relaciones sexuales
proporcionan un gozo y dice que este gozo ha de ser proporcionado, ya nos está incluyendo
aquí un matí. Por tanto, es un placer pero ha de buscarse proporcionadamente y en
otro momento encontramos una afirmación contundente que dice las cosas de Venus, es decir,
los asuntos sexuales jamás favorecen y por contentos podemos darnos si no perjudican,
o sea, épicuro reconoce que el sexo proporciona placer pero desconfía que ese placer nos vaya
a conducir a una sensación de tranquilidad. Es muy llamativa la sentencia baticana 51, aquí
épicuro se dirige a alguien, o sea, épicuro está hablando a alguien, no sabemos muy bien
aquí en alguien de quien sabe que, en fin, que esta persona tiene una inclinación sexual
muy intensa, una pasión sexual muy acusada y épicuro le dice lo siguiente, dice, me cuentan
que tu cuerpo se siente excesivamente inclinado hacia los placeres sexuales. Sigue tus preferencias
cuanto quieras, siempre que no en finjas las leyes, no alteres las costumbres establecidas,
no molestes a tus vecinos, paréntesis, aquí podemos plantearnos que pensaba épicuro
con molestar a los vecinos, en ruidos escandalosos o algo por el estilo. Continuó y siempre
que no perjudique, siempre que no perjudique es tu cuerpo ni malgaste, tus recursos y ahora
épicuro introduce una advertencia. No obstante, me parece imposible evitar todos esos inconvenientes.
¿Qué quiere decir en definitiva? Epicuro parece estar diciendo a lo que quieras,
si tienes deseos sexuales intensos puedes proceder a intentar satisfacerlos, pero yo veo prácticamente
imposible que en la persecución de esas inclinaciones no acabe sufriendo alguna consecuencia negativa,
de forma que hay que admitir, hay que reconocer que en la cuestión del sexo épicuro parece
que en la balanza de épicuro parece que el plato negativo pesa más, parece que se inclina
hacia ese lado, parece desconfiar de que la búsqueda de placeres sexuales contribuya a una
felicidad estable. Bien, vamos con la amistad, la amistad de preferido dejarlo para el final,
para acabar con ella, según épicuro es el bien mayor, diría yo, y desde luego la felicidad
no es un placer o un deseo carnal, digamos que se satisfaga obteniendo recursos externos
como ingerir alimentos o beber vividas o descansando, pero sí que es un deseo este deseo de amistad
que podemos considerar con genito a la naturaleza humana y que desde luego es necesario y es
consustancial a la felicidad. Dice épicuro que la amistad es el mayor bien que nos proporciona
la sabiduría. En parte porque te proporciona seguridad, esto lo dice en la máxima capital
28, pero luego en la 27, justo antes en la 27 dice, "de todas las cosas que la sabiduría
procura para alcanzar la felicidad durante toda la vida, la más importante, con mucha
diferencia es la amistad".
Aquí podemos decir que para épicuro incluso las amistades que tienen un origen interesado,
también pueden ser deseables, dice, "toda amistad es deseable por sí misma, aunque
tenga su origen en la utilidad que proporciona". Es decir, porque nosotros cualquiera de nosotros
podemos tablar relaciones en principio por asuntos laborales o por circunstancias familiares
o por que el contexto nos empuja a tablar esas relaciones y aunque el origen no sea la
pura búsqueda de una amistad, de un compañero de viaje, aunque esa no sea en origen nuestra
intención, puede ser que luego después conduzca a una amistad verdadera, duradera y auténtica.
Y tanto en salza épicuro la amistad que dice que el sabio no sufre más cuando lo torturan
a él, que cuando torturan a su amigo y concluye ya por ciencial esta idea, dice, "la amistad
recorre el mundo entero y nos invita a todos a despertar a la felicidad".
Y con esto vamos a ir clausurando nuestro recorrido por épicuro y por sus ideas
acerca de la felicidad, tenia sentido traer acolación en último lugar el tema de la
amistad porque mediante este tema podemos asomar
también al episodio de su muerte. Epicuró murió en el año 270, antes de Cristo, tendría
seguramente 72 años, quizás 71. Sabemos que su testamento dispuso la continuidad de su escuela,
sabemos que estableció allí unas reglas para el cuidado de las personas vinculadas en jardín,
vinculadas a su comunidad, que ordenó la liberación de algunos esclavos y que incitó a la celebración
de reuniones commemorativas. Estas reuniones entre estas reuniones figuraba una
una comemoración mensual, los días 20 destinada a recordar su figura. Una costumbre que se mantuvo
viva durante un buen tiempo. La escuela pasó a ser dirigida después por el marco de Mitilene,
uno de los discípulos de Epicuró, y en fin así murió el filósofo, dejando su legado a sus
amigos rodeado de su afecto, y la escuela duró muchísimos siglos transmitiendo y conservando sus
enseñanzas. Sabemos que los últimos días de su vida fueron dolorosos, padeció una enfermedad
que le provocaba sufrimientos intensos, él describe así estos dolores, dice, hoy hace ya siete
días que no consigo expulsar orina y continúan unos dolores que me conducen al final de la vida.
Y según nos va a contar también diógenes la hercio, tenemos una última carta de Epicuró,
que escribió el día de morir, la escribió a su amigo y discípulo y domineó,
le explicaba los dolores que sufría, pero también narra o da cuenta de la alegría con la que se
despedía de este mundo. Dice, así textualmente, yo también con esto me despido. Dice, te escribo en
este día feliz que es también el último día de mi vida. Los sufrimientos de la de Giga y
de la intestino que padezco han alcanzado tan intensidad que ya no pueden aumentar, pero frente a
todos ellos se alza la alegría, la alegría de mi alma al recordar las conversaciones filosóficas
que mantuvimos. Y ahora así que sí, esto ha sido todo por hoy. Fue un placer a compañeros y
si así lo deseáis, también será un placer. A compañeros en el episodio siguiente, donde trataré
un tema ardiente, un tema verdaderamente fogoso. Como ya dije en esta temporada, en esta primera
temporada, subo un episodio los días 1 y 15 de cada mes, y luego a la 6 de la mañana, ahora
de español a la pelín solar, ya sí será hasta el mes de diciembre. En fin, nada más, un abrazo,
compañeros, yo soy Javier Martín Lanas, y esto es filosofía y pimienta.
[Música]
Podcast Summary
Key Points:
Epicuro nació en Samos en el año 341 a.C. y desarrolló su filosofía en un contexto de transformaciones políticas y sociales, marcado por las conquistas de Alejandro Magno.
La caída del poder de las ciudades-estado y el ascenso de monarquías territoriales generó en los ciudadanos un sentimiento de abandono, que llevó a buscar la felicidad de forma autónoma.
Epicuro propone una ética basada en la ausencia de dolor físico y psicológico, entendiendo la felicidad como "imperturbabilidad" o "ataraxia", alcanzada mediante el control de los deseos.
Distingue tres tipos de deseos
Para Epicuro, el conocimiento y la razón son esenciales para eliminar temores, ya que la incertidumbre genera inquietud; por ello, investigar la naturaleza es clave para alcanzar la tranquilidad.
Rechaza el miedo a la muerte, argumentando que, al no existir durante la muerte, no puede haber temor, y desacredita el temor a los dioses por su indiferencia y falta de intervención.
La felicidad no depende de la riqueza o del sexo, sino de la satisfacción de necesidades básicas y la moderación en los deseos suplementarios.
Su pensamiento refleja una visión práctica y realista de la vida, que sigue siendo relevante hoy en el análisis de la felicidad y el bienestar humano.
Summary:
C. en Samos y desarrolló una filosofía profundamente influenciada por el contexto histórico de fin de la Grecia clásica y el dominio de monarquías tras las conquistas de Alejandro Magno. Este cambio político generó un sentimiento de abandono entre los ciudadanos, quien pasaron de sentirse protegidos por sus ciudades a ser subjetos de una autoridad lejana, lo que los llevó a buscar la felicidad de forma autónoma.
Para Epicuro, la felicidad no consiste en el goce momentáneo de placeres, sino en la ausencia de dolor físico y psicológico, alcanzada a través de la "imperturbabilidad" o "ataraxia". Esta se logra al satisfacer necesidades naturales y esenciales —como comer o beber— y rechazar deseo de cosas superfluas, como la riqueza, la moda o el estatus social. Distingue tres tipos de deseos: necesarios, naturales pero no necesarios y no naturales, y enfatiza que el exceso en cualquiera de ellos genera inquietud.
Además, rechaza el miedo a la muerte y a los dioses, argumentando que la muerte implica ausencia de conciencia y que los dioses no intervienen en la vida humana. Su ética se basa en el conocimiento, ya que la certeza sobre la naturaleza elimina temores, y su visión de la vida sugiere que la calidad, no la duración, debe ser el objetivo principal. Este pensamiento, aunque formulado hace más de dos mil años, sigue siendo relevante hoy en la reflexión sobre la felicidad, la libertad y el bienestar personal.
FAQs
Para Epicuro, la felicidad consiste en la imperturbabilidad o tranquilidad, alcanzada al eliminar tanto el dolor físico como el psicológico, mediante la satisfacción de necesidades básicas y la ausencia de deseos excesivos.
Epicuro considera necesarios los deseos naturales y necesarios, como comer cuando se tiene hambre o beber cuando se tiene sed, ya que su satisfacción elimina el sufrimiento y permite alcanzar el reposo.
Debe evitar los deseos no naturales y no necesarios, como el deseo de poder, riqueza o estatus, porque generan una búsqueda constante que lleva al estado de inquietud y aleja de la felicidad.
Porque los dolores leves son pasajeros y los intensos conducen a la muerte; además, la muerte no es temible porque implica la ausencia de sensación, y por tanto, no hay experiencia de dolor.
Epicuro afirma que no hay miedo a la muerte porque, al ser la ausencia de sensación, no puede producir dolor; cuando existe, no hay persona, por lo que no puede haber miedo.
Epicuro cree que los dioses existen, pero son inmortales, completamente felices y no se preocupan por los humanos, por lo que no pueden ofrecer recompensas ni castigos.
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