#19 LUCÍA BERLÍN | Grandes Infelices. Luces y sombras de grandes novelistas
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El episodio del podcast "Grandes Infelices" narra la vida y obra de la escritora Lucia Berlin. Su existencia, plagada de dificultades como una escoliosis debilitante, alcoholismo, relaciones turbulentas y la trágica muerte por suicidio de su joven amante Terry, constituyó la materia prima de sus 80 relatos. A pesar de su calidad literaria, caracterizada por una honestidad cruda y un estilo directo, Berlin murió en 2004 con un reconocimiento muy limitado. Su legado fue rescatado una década después por su amigo Stephen Emerson, quien compiló sus cuentos en "Manual para mujeres de la limpieza". La editora Emilibel, con vínculos personales a los escenarios de los relatos (San Francisco y la frontera con México), impulsó su publicación. El éxito póstumo se explica porque su narrativa, que desafió los prejuicios de su época (como la representación del alcoholismo femenino), resultó más afín a la sensibilidad contemporánea. Su obra es un ejemplo perfecto de autoficción, donde la vida y la literatura se entrelazan de forma inseparable, haciendo que los hechos biográficos y las escenas ficticias sean casi indistinguibles, creando una poderosa y circular historia personal.
Imaginad un manual de escritura creativa con esta trama. Sí, un manual que mediante consejos de escritura nos acerca la vida de una autora. Será una biografía rebosante de alcohol, violencia, droga y tragedias. Y nuestra autora usará ese material biográfico para escribir 80 relatos. Porque la escritura de hoy es un ejemplo de cómo la vida y la literatura a veces se entrelavan. Pero creéis que escribir esos relatos honestos y brillantes es una garantía de éxito. Y si os digo que su sinceridad será uno de los motivos de que durante décadas pasen desapercibidos. A veces los escritores tienen vidas de novela y no siempre de las felices. Hola, soy Javier Peña y esto es Grandes Infelices, un podcast de Blacky Books en el que os hablaremos de las vidas peculiares de algunos escritores. En el episodio de hoy os contaremos la historia de Lucia Berling y Manuel para mujeres de la limpieza. Manuel para escritores de relatos. Consejo número 1, un Consejo de Kurt Bornegatt. Empieza tan cerca del final como seas capaz. Lucia Berling murió el día de su cumpleaños. Ese podría ser el inicio de un cuento de Lucia Berling, pero fue un hecho de su vida. Aunque al hablar de Lucia Berling, los hechos de su vida y las escenas de sus relatos se funden y se confunden como veremos a lo largo de este episodio. El caso es que Lucia Berling murió el 12 de noviembre de 2004, el día en que cumplías 68 años. Falleció a causa de un cáncer en uno de sus pulmones. Los pulmones la astraron su salud en los últimos años de su vida. Desde que era niña, la había martirizado unas coliosis, una desviación de la columna vertebral. Nos habla de ella en varios de sus relatos. Por ejemplo, en estrellas y santos, cuando narra su primer día en el colegio senjósez del paso. Había creído que herde uniforma ayudaría, pero llevaba un corsiorto pedico para la curvatura de mi columna. Afrontemos lo era una joroba en toda regla, así que debía usar la blusa blanca y la falda de cuadros escoceses varias tallas más grandes. Las coliosis fue reduciendo la capacidad pulmonar de Lucia hasta el punto de obligar la vivir la última década de su vida pegada a una bombona de oxígeno. Existen estudios que afirman que las frecuentes pruebas con rayos X, a las que sometían a las pacientes con escoliosis antes de los años 60, aumentaban significativamente el riesgo de padecer cáncer. No sabemos si esto tuvo que ver o no con el desenlace de Lucia, pero de ser así, de nuevo, el final y el principio de su vida estarían relacionados, como en una estructura circular, como si la vida de Lucia se empeñase en regalarnos material para un relato. Lucia se dio a conocer al gran público 11 años después de su muerte en 2015 gracias a un libro titulado manual para mujeres de la limpieza, igual que uno de sus cuentos más famosos. Lucia escribió ese relato mónimo después de que el mejor amigo de su hijo, un chico llamado Terry, se suicidase. Terry tenía 17 años, Lucia tenía 37 y se había enamorado perdidamente del amigo adolescente de su hijo. Lucia y Terry mantuvieron una relación turbulenta, dominada por el alcohol. Ella la cuenta en el relato titulado a ver esa sonrisa, en un momento de secuento, un abogado le dice al hijo de Lucia, nunca me ha dado la impresión de que Lucia y Terry estén borrachos. El hijo le contesta, eso es porque nunca los has visto sobrios. En el mismo relato narra el momento en que Terry compra un billete para Londres para intentar hacer carrera como músico, y Lucia lo acompaña a la aeropuerto. Con ellos va otro amigo que lleva consigo un machete y hace saltar todas las alarmas de seguridad. La policía no permite que Terry embarque, pero él ya ha facturado su guitarra y se encara con los agentes. Así lo cuenta Lucia en ese relato a ver esa sonrisa, en el que Terry se llama Jesse. Dos policías sujetaban a Jesse mientras otro le pegaba en la cabeza con una linterna larga. Jesse tenía la cara cubierta de sangre que también le empapaba la camisa, gritaba de dolor. Todos miraban mientras el policía pegaba Jesse como si vieran un combate por televisión, agarré la linterna y le aticié al polie en la cabeza, cayó como un peso muerto. Alusía la encarcelaron por golpear al policía. Entonces trabajaba como profesora de literatura, como le daba vergüenza llamar a su familia para que pagase en la fianza decidió llamar a alguien del trabajo. El resultado fue que la despidieron. Ya no tenía dinero para pagar el alquiler, así que la desaunciaron y tuvo que mudarse junto a Terry. Se pasaban el día borrachos, esperando que llegase el juicio por el altercado en el aeropuerto. Por fortuna salieron absueltos gracias al historial de abusos de los policías que los detuvieron. Pero a pesar del dolor que les suponía separarse, después de encontrar una nueva casa para Lucia, decidieron que la única vía para enderezar sus vidas era que cada uno siguiese su propio camino. Lucia les cribió un poema de despedida Terry y lo dejó junto a su puerta. Al día siguiente, encontró el poema clavado en la puerta de su nueva casa. Terry lo había clavado allí, luego se había colgado de un árbol a pocos metros de distancia. Fue el peor momento de una vida plagada de peores momentos. Fue también el momento en el que escribió el relato que le daría la fama postuma. Consejo número 2. Un Consejo de James Baldwin. Si vas a ser escritor, no hay nada que yo pueda decir que lo vaya a impedir. Tras la muerte de Terry, Lucia escribió la inmensa mayoría de sus relatos. Mientras intentaba salir del agujero sin fondo en el que había caído, no paraba de crear. Escribía y bebía hasta altas horas de la madrugada. Escribió muchos relatos brillantes, pero apenas logró reconocimiento. A su muerte, Lucia distaba mucho de ser una escritora reputada. Tampoco es que fue una completa desconocida, tenía un par de miles de fieles lectores, pero nada parecido a la actualidad. También tenía un puñado de buenos amigos. Entre ellos, otros escritor se vi desconocido, llamado Stephen Emerson. Stephen se quedó tan desolado con la muerte de su amiga, que durante casi una década se negó a leer nada de lo que había escrito Lucia. Le resultaba demasiado doloroso. Cuando las heridas comenzaron a cicatrizar, Stephen sintió el impulso de regresar a los relatos de su amiga. Se quedó maravillado, eran mejores incluso de lo que recordaba. En lugar de envejecer, habían rejuvenecido. Emerson se descubrió a sí mismo riendo con el sarcasmo de Lucia. Como ese relato en el que, en un cruz y grama, tiene que resolver el número 5002 con 3 letras. Y piensa, bueno, esta vez sí que lo han puesto fácil. 5002 es el código policial para los conductores borrachos. Así que escribe CEE, conducción en estado de briedad, pronto descubre que está equivocada. Ah, así que todos los pasajeros del tren aconectica, sabían que la respuesta era poner 5002 en número romanos. Pregunta Lucia. Emerson Paladío también sus diálogos brillantes y directos, diálogos como este que perteneza al relato triste idiota. Dime, ¿qué crees que has conseguido en la vida? No se me ocurría nada. No he probado el alcohol entre años, dije. Dudo que eso pueda considerar su logro, es como decir, no he asesinado a mi madre. Bueno, eso también lo he conseguido, conteste sonriendo. Más adelante veremos que para Lucia Berlin, no asesinar a su madre, no era algo tan obvio como podría parecer. Una de las virtudes de los mejores relatos de Berlin, como sucede con los grandes escritores, es que apenas hay frases superfluas, y todas esconden mucho más de lo que sugiere una lectura rápida. Stephen Emerson, el amigo de Lucia, pensó que había que hacer algo con aquellos relatos de su amiga fallecida. No podían caer en el olvido. Sería un flaco favor a la memoria de Lucia, pero también un flaco favor a los lectores del mundo entero. Manuel para escritores de relatos, consejo número 3, un consejo del Orimur. La validación es para los tickets del parking. Una de las mejores enseñanzas que ofrece Lucia Berlin a cualquiera que quiera dedicarse a escribir, es su honestidad como escritora. Lucia contaba una entrevista que podía un dirse en la miseria si alguien le decía que tenía un trozo de espinaca entre los dientes, pero en cambio no le molestaba lo más mínimo una crítica a sus relatos. ¿Por qué? Porque sus relatos eran suyos y si los había escrito con sinceridad, entonces nadie podía criticarlos. Lucia escribía por el placer de escribir, porque la escritura era el lugar en el que ella realmente existía, donde estaba su verdadero yo. Escribía para ella misma, la única validación que buscaba era la suya propia, no una validación externa del público o la crítica. Como dice Lucia, la validación externa vale por la
para el ticket del parking, para demostrar que aquel que está aparcado ahí es tu coche, pero un verdadero escritor no tiene que demostrar que es su coche, un escritor va a donde lo dirigen sus pies. Lucía lo demostró a lo largo de su vida, nunca buscó con verdadero a Inco, un agente o un editorial que le diera el éxito comercial, y no pasó de publicar más que con editoriales pequeñas y medianas. Pero Stephen Emerson creía que sus cuentos merecían algo mejor que un editorial mediana. Así que reunió la mejor colección de relatos que pudo, entre los 80 que se conservan de Lucía, los ordenó y tituló la colección manual para mujeres de la limpieza. Pero claro, juntar 43 relatos que ya se habían publicado previamente, aquí y allá, sin demasiado éxito, no era la mejor carta de presentación para convencer a la industria editorial. Hacia falta un empujón extra. Emerson consiguió la ayuda de una gente literaria para hacer llegar el libro al editorial Farrah Strauss Angiru, una de las más importantes de América. Gracias a eso, manual para mujeres de la limpieza cayó en la mesa de una joven editora llamada Emilibel. En uno de esos golpes de azar que a menudo nos hacen arquear la ceja mientras leemos un libro "Ah vaya, ¿qué casualidad?" resultó que Emilibel provenía del área de San Francisco, donde sucede en buena parte de los relatos. Bueno, me diréis, pero eso no es demasiado casualidad. Otra parte importante de los relatos se desarrolla en el paso en la frontera entre Estados Unidos y México, de donde era la familia materna de Lucía Berlín. Y si os digo que también provenía de allí la familia materna de Emilibel, pero ya es bastante menos probable, ¿verdad? Las historias del paso que cuenta Lucía son asombrosas. A veces parecen sacadas de un western, como las de su abuelo dentista del que hablaremos más adelante, o las de su tío John, al que describe así. Era guapo, Moreno como el abuelo, con un único hoazul porque el abuelo lo había dejado tuerto de un tiro. El ojo de vidrio era verde. Sé con certeza que el abuelo le disparó, y 10 versiones distintas de cómo ocurrió realmente. Seguro que la editora Emilibel había escuchado historias semejantes a sus familiares del paso. La cosa es que Emili sintió que los relatos de Lucía le hablaban directamente a ella, y se enamoró del libro y de su insólita capacidad para crear belleza, incluso de los sucesos más terribles. Como dice uno de los relatos, no me importa contar cosas terribles si conseguo hacer las divertidas. Emilibel convenció la dirección de Farra Strauss Angiru de que tenían que publicar el libro. Les dijo que estaba segura de que funcionaría bien, pero quién podía esperar el fenómeno en que se convirtió. Después de su publicación durante muchos meses, en los ambientes literarios americanos, la primera pregunta era siempre, oye, has leído los relatos de Lucía Berlín. Y por qué tuvieron tanto éxito los mismos cuentos que en su día habían pasado sin pena ni gloria. Manuel para escritores de relatos, consejo número 4, un consejo de Anton Chejoz. Se audaz y rechaza lo convencional. Cuando Emilibel tenía sobre la mesa los relatos de Lucía Berlín, no le preocupaba que no hubiesen tenido éxito en su momento. Emili sabía que esos cuentos encajaban mucho mejor en la época actual que en los años 70 o 80. Una buena parte de los relatos de Lucía Berlín tienen que ver con su alcoholismo. Os pongo ejemplo. En el relato in manejable cuenta como antes de la manecer una madre claramente inspirada en la propia Lucía, rebusca por casa en los botes y en los bolsillos de todos los abrigos para juntar los dólares y los centavos que puedan encontrar. A duras penas consigue reunir 4 dólares. El precio que le cobran por una petaca de vodka en una licoriría a varios kilómetros de su casa. La mujer camina hasta allí durante 45 minutos, consigue la petaca y luego regresa casa y se la bebe encerrada en el baño antes de que se despierte en sus hijos. Cuando se ha terminado la petaca se pone a preparar el desayuno. Nos encontramos ya en el final del relato. Es el momento en el que se despierta su hijo mayor de 13 años y tiene lugar esta escena. Estaba batiendo el concentrado de naranja para preparar fumo cuando yo he entrado en la cocina restregándose los ojos. No tengo calcetines ni camisa, dijo. Hola cariño, toman los cereales cuando termines de desayunar y ducharte la ropa estará seca. Le sirvió un vaso de fumo. Donde demoniosas ha conseguido licor, la empujó y se servió cereales. 13 años era más alto que ella. ¿Podrías devolverme la cartera y las llaves del coche? Pregunto ella. La cartera sí, te daré las llaves cuando vea que estás bien. Estoy bien, mañana volveré al trabajo. Ya no eres capaz de dejarlos seguir a los pital, mamá. Me pondré bien, por favor, no te preocupes, tengo todo el día para recuperarme. Fue a echar un vistazo a la ropa de la secadora. Las camisas están secas, le dijo a Joel, a los acetines les falta diez minutos más o menos. No puedo esperar, me los pondré mojados. Fijaos que es solo en la escena final, cuando descubrimos que la mujer ha tenido que reunir los centavos y caminar a la licoriría, porque su hijo de 13 años le ha requisado la cartera y las llaves del coche por culpa de su alcoholismo. Fijaos cuántas cosas se nos dicen en esta escena sin decirlas directamente. Como el hijo se da cuenta de que su madre ha bebido sin necesidad de que la narradora nos den más explicaciones. Es un cuento brillante, pero no es necesario señalar la incomodidad que generaba en su momento que una protagonista se comportase como inmanejable. No podían soportar que una mujer y menos una madre fuese alcohólica. Vale que el alcoholismo nunca es recomendable, pero imaginad este mismo relato si lo hubiese firmado Bukowski y el protagonista fuese suelte rego en Richinasky. ¿Cuántos lectores romantizarían el alcoholismo del protagonista e incluso lo considerarían gracioso? En la historia de la literatura el alcoholismo masculino a menudo se ha visto como algo atractivo, mientras que el femenino se veía como algo completamente vergonzoso. Marguerit Duraz aseguraba que para la sociedad ver a una mujer beber era como beber a un animal o a un niño, escandaloso, enfermizo, intolerable. Lucia Berlín desafió todos estos prejuicios y muchos otros a lo largo de su vida y en su literatura. Eraudaz, original, habitaba en los márgenes. Ella misma reconocía que había vivido una vida entera apartada de lo convencional. Eso mismo que la penalizó en su tiempo hace que sus relatos sigan siendo hoy tan actuales. Manuel para escritores de relatos, consejo número 5, un consejo de alismunro. Dale vida a lo que sabes de la vida. Como ya comentamos al principio de este episodio, Lucia escribió el relato titulado manual para mujeres de la limpieza después de su hicidio de su amante de 18 años, Terry. Recrecemos ahora ese relato y ese momento clave en la vida de Lucia. Si esto fue un taller de escritura creativa podríamos decir que ese es el gran climax de la historia de Lucia, el climax de una vida llena de momentos climáticos. En el relato la protagonista dice, "No sé cómo salir adelante ahora que estás muerto Terry, aunque eso ya lo sabes. Es como aquella vez en el aeropuerto cuando estabas a punto de embarcar para el buquerque. Mi herda no puedo irme dijiste, nunca vas a encontrar el coche". Observareis que la protagonista vuelve a aparecerse mucho a la de inmanejable, una mujer con claro problema con el alcohol y perdida en la vida. Tan perdida que no es capaz de encontrar su propio coche en el aparcamiento del aeropuerto. Entramos aquí en otra clave de Lucia Berlin y tiene que ver con lo que llamamos autoficción, que en las últimas dos décadas se ha convertido en un género literario por derecho propio. Tal vez es así a otra de las razones del éxito postumo de Lucia, sus relato representan la quinta esencia de lo que debería ser la autoficción, que se compone de dos elementos, auto y ficción. Sé que esto suena perogrullada, pero veréis que no lo es tanto. En los últimos tiempos se ha tendido a confundir la autoficción con las memorias. Ojo, no quiere decir que haya nada malo en las memorias, solo que son un género diferente. ¿Por qué íbamos a incluir la palabra ficción para hablar de unas memorias? Como explican los teóricos, en las memorias el protagonista es el autor. En la autoficción en cambio, el protagonista es y al mismo tiempo no es el autor. Trataré de explicarme mejor. Creo que manual para mujeres de la limpieza nos da un material excelente para la explicación. En casi la totalidad de los relatos se puede encontrar una protagonista que se parece muchísimo a Lucia Berling. A veces se llama directamente Lucia, otras veces se llama Carlota, otras dolores, etc. Esa mujer como Lucia suele tener cuatro hijos de dos maridos distintos. Suelye estar de borrilla.
porciada de los mismos hombres que Lucia, un escultor y dos músicos de jazz. Suele tener o haber tenido problemas con el alcohol. Suele trabajar en los mismos empleos en los que trabajó Lucia. ¿Quieres o decir que lo que cuenta Lucia es autobiográfico? No, no enteramente, sólo en parte. De hecho, con Lucia Berlin se produce un giro curioso. Me explico, los principales datos de su vida con los que contamos actualmente son los que nos aportan sus hijos, especialmente las cuarenta páginas de apuntes biográficos que se han incluido en el volumen más reciente de textos de la autora, titulado una nueva vida. Le diéndo estos apuntes biográficos, es fácil llegar a dos conclusiones. La primera es que Lucia elaboró sus relatos basándose en su propia biografía. La segunda es que su hijo elaboró la biografía de su madre basándose en sus relatos. Es decir, se hace difícil diferenciar que parte de la vida de Lucia Berlin es vida y que parte es relato y viceversa. Sabemos, por ejemplo, muchas cosas de la infancia de Lucia, que nación Alaska, que su padre ingeniero de Minas y esto los llevó a viajar por muchos lugares y que vivió en distintos sitios de América. Sabemos que en Chile Lucia aprendió a hablar un perfecto español. Sabemos que antes de Chile, mientras su padre estaba en la guerra del pacífico, Lucia vivió en el paso con su familia materna. Sabemos que su abuelo era un dentista cruel que parecía no estar muy bien de la cabeza. Y supuestamente, un verano, como castigo, por empujar a una monja, Lucia la pusieron a trabajar con el abuelo en la clínica dental. Esta es la historia que nos cuenta Lucia en uno de sus mejores relatos, titulado Doctor H. A. Moennyhan. Una noche, el abuelo despierta la pequeña Lucia y la lleva el taller donde la bora de dentaduras postizas. Al principio me dio miedo a acompañar al taller, pero Magarró y me hizo entrar. Está oscuro como una sala de cine. Prendió los jadeantes mecheros Bunsen. Aún así, yo no veía, no veía lo que él quería que viera. Cogió una dentadura postiza de un estante y la acercó a la llama sobre el bloque de mármol. Negue con la cabeza sin comprender. Mírala, mírala. El abuelo abrió bien la boca y después de mirar varias veces sus dientes y los postizos me di cuenta. Son los tuyos, dije. La dentadura postiza era una réplica perfecta de los dientes de la boca de mi abuelo, incluso las encias imitaban a que el rosa feo pálido y enfermizo. Había dientes con empaste sigrietas, otros con ellas olimados. Solo había cambiado un detalle, un infisivo al que le había puesto una corona de oro, por eso era una obra de arte, dijo. ¿Cómo conseguiste todos esos colores? Cojonudos, ¿eh? ¿Qué crees que es mi obra maestra? La precisión con la que Lucia lo detalla todo y lo bien que encaja con lo que conocemos de su biografía nos lleva a pensar que esto realmente le ocurrió a Lucia. Pero la historia no se detiene aquí, se hace más y más delirante. El abuelo le pide a la pequeña Lucia que le arranque uno por uno sus propios dientes para poder colocarse luego la nueva dentadura de la que está tan orgulloso. La niña le obedece. Todos los dientes estaban fuera, la toallita de la boca se había empapado de carmesí. La tiral suelo le metía presión varias bolsitas de té en la boca, se la cerré y sujeté con fuerza a las bandíbulas. Grité, sin dientes su cara parecía una calavera o esos blancos sobre la garganta palpitante y ensangrentada. Un monstruo espantoso, una tetera que hubiera cobrado vida con las etiquetas amarillas y negras de Lipton colgando como banderolas en un desfile. Corría telefonear a mi madre. No tenía monedas ni conseguí mover a mi abuelo para orgar en sus bolsillos, sabía mojado los pantalones, había un charco de pisen en suelo, una pompa sangrenta parecía y estallaba en un orificio de la nariz en cada respiración. Es posible que sea real esta historia. Está claro que muchos de los datos que cuentas son verdaderos, y es probable que haya vivido algo semejante, pero hasta el punto de arrancarle uno por uno los dientes a su abuelo y que este se desmaye y se orina encima. Es difícil de creer verdad. Más aún si tenemos en cuenta que en un artículo que escribió el mismo año de su muerte, Lucía segura que se inventó que había empujado una monja, lo que había originado el castigo. Lucieron a cuentas natas. En el anuario de su instituto los compañeros debían definirla con una sola frase y pensaron que la que mejor le encajaba era, deja que te cuente mi aventura. Cada noche, Lucía les contaba una historia a sus hijos. Hoy ellos reconocen que esas historias han ido moldeando los recuerdos de la familia, adornándolos hasta el punto de no saber ya qué ocurrió en realidad. Y si sus hijos ya no son capaces de distinguir entre lo que fue verdad y la ficción, es probable que ya nunca lo sepamos. Partes verdad, parte es ficción. La autora es y no es el personaje. Lucía Berling consiguió convertirse a sí misma en una autoficción. Manual para escritores de relatos. Consejo número 6. Un consejo de Raib Bradbury. Encuentro un personaje que desea algo con toda su alma. Regresemos de nuevo al momento en el que Terry acaba de suicidarse. Al momento que hemos bautizado como gran climax de nuestra historia, el punto de no retorno. Lucía se quedó un estado de shock, alcoholizada, hundida, comida por los remordimientos, desempleada, sin rumbo a punto de cumplir los 40 años. Poco después, perdió el conocimiento al volante y estampó su coche contra el lateral de una barbaría. Esto la llevó por primera vez a un centro de rehabilitación. Lo cuenta de un relato titulado su primera desintoxicación. Carlota nos acordaba de nada, la enfermera le contó que había estampado el coche contra una tapia. La policía la había traído aquí en lugar de a la cárcel cuando averiguaron que era profesora con cuatro hijos y sin marido. Será efectivamente su primera desintoxicación, la primera de muchas. Es el momento en el que vuelve a brazar la escritura después de varios años de abandono. Describe casi compulsivamente. Encuentro un empleo como mujer de la limpieza y comienza una novela que entonces aún lleva como título provisional notas de suicidio. Por las mananas trabaja limpiando casas. Por las noches, escríbe la novela. Muchas de esas noches lo último que escribe es una nota de suicidio que deja encima del montón de páginas. Uno de sus hijos destruye durante el día las notas de suicidio de Rusia. Como si eso conjurase las posibilidades de que su madre se quitase la vida. Luego ella llega de limpiar casas y vuelve a su novela, aunque a menudo antes de empezar destruye lo que ha escrito el día anterior. Durante semanas, meses se desarrolla este proceso de escritura y destrucción por parte de Rusia y de sus hijos. Como si fueran penelo, peitelémaco, tejiendo y destegiendo para ganar tiempo. En el que quizás sea el párrafo más famoso de la obra de Rusia Berlin. En el relato titulado precisamente manual para mujeres de la limpieza, Rusia nos habla de sus intenciones suicidas. A saber dónde una señora en una partida de bridge hizo correr el rumor de que para poner a prueba la nestida de una mujer de la limpieza hay que dejar un poco de calderilla. Aquí allá, en ceniceros de porcelana con rosas pintadas a mano. Mi solución es añadir siempre algunos péniques, incluso una moneda de 10 centavos. En cuanto me pongo a trabajar, antes de nada comprébo dónde están los relojes, los anillos, los bolsos de fiesta del amedorado. Luego cuando vienen con las prisas jadeando sofocadas, contesto tranquilamente, debajo de su almohada, detrás del inodoro verde asauce. Creo que lo único que robo de hecho son somníferos, guardo para un día de lluvia. Por fortuna, ese día de lluvia nunca llegó. Tampoco llegó a terminar la novela titulada notas de suicidio, que un momento del proceso pasó a llamarse manual para mujeres de la limpieza, y al final dejó de ser una novela para convertirse en un relato. Rusia reconocía que escribir relatos la ayudaba a reglar en su cabeza lo que no había salido bien en la vida. Notando como terapia, sino como una búsqueda de claridad. Pero qué eventos terribles había vivido antes de llegar a Terry. Consejo número 7. Un Consejo de Patricia Haesmith. Hay que espesar el argumento, es decir, crearle complicaciones al protagonista. Hemos hablado ya de los años herrantes de Rusia siguiendo los empleos de su padre, los que pasó en Chile fueron seguramente algunos de sus años más felices. Pero el argumento de su vida espesa, como diría Patricia Haesmith, cuando Rusia regresa a Estados Unidos para ella a la universidad. Su biese continuado en Santiago es probable que su historia fuera más convencional, pero al emprender un camino en solitario empezó a cruzarse con secundarios peligrosos.
todos ellos hombres. El primero de esos turbios secundarios era un escultor de segunda fila llamado Paul Stutman, que se convertirá en su primer marido. Lucia se casa con Paul con 18 años, a pesar de la oposición de sus padres, después de su relación con su familia quedará muy dañada. Antes de llegar a la ventena, Lucia tiene su primer hijo con Paul para evitar que a él lo llame en al ejército. Los intereses de Paul siempre estarán por delante de los de Lucia. Stutman es una persona controladora, amante de las líneas rectas y la simetría. Traumatiza Lucia con su nariz respingona y con su columna vertebral torcida. Dios mío, eres completamente asimétrica, le dice cuando ella intenta posar para él. Pero aparte de cuadriculado es un sociópata insensible. Un día, el vecino de al lado, un hombre anciano, se desploma y cae muerto rodeado de manzanas mientras está rastrillando su jardín. Lucia se queda impresionada por la muerte del anciano y también por la falta de reacción de Paul. En un momento del cuento melina, reflexionando sobre sus matrimonios, Lucia escribirá. No sé por qué me case con esos tipos callados cuando a mí lo que más me gustan el mundo es hablar. A Stutman le conceden una beca para estudiar escultura en Chicago. Lucia se queda sola con su bebés hasta poder reunirse con Paul. Es entonces cuando sola, con nostalgia de Chile y de su familia, se apunta a un taller de escritura creativa y escribe sus primeros relatos. El primero de ellos se titula manzanas y está basado en la experiencia traumática de la muerte del vecino en el jardín de al lado. Ya en su primer cuento será capaz de convertir algo traumático en algo bello. Lucia descubre que escribir sobre su vida tiene un punto mágico. Cuanto más escribe, más puede recordar. Como hemos visto, a partir de aquí, su vida y su obra se funden de forma maravillosa. Pero la realidad dista de ser maravillosa. Paul regresa un día de visita de Chicago y descubre que Lucia vuelve a estar embarazada de él. Él se niega a tener un segundo hijo, así que la obliga a bortar bajo la amenaza de abandonarla si no lo hace. Este episodio, Lucia lo cuenta en el relato de entelladas de tigre. En él, narra como cruza la frontera hasta Ciudad Juárez, donde la conducen a una clínica alejada de la civilización. Estando allí, decide que no desea a bortar, se levanta y se escapa al pasillo, pero allí la encuentra el médico que la devuelve a la habitación. Ese mismo médico pasa consulta un poco después. A la hora de leer este fragmento, debéis recordar que, aunque no lo pareciese por su aspecto, Lucia hablaba perfectamente español. Mira, ¿quién tenemos aquí, dijo el médico, a nuestra pequeña fugitiva. Me puso el termómetro en la boca y el brazo a letre para tomarme la atención mientras me agarraba el otro brazo. Cuando me soltó para oscultarme, me saqué el termómetro. Quiero marcharme, he cambiado de opinión. No me o yo tenía puesto el esteto escopio. Me cubrió el pecho con la mano, sonriendo insolentemente mientras me oscultaba los pulmones. Retrocedí, furiosa. Le habló a la vieja en español. Esta golfilla actúa como si nadie le hubiera tocado nunca los pechos, dijo. Entonces conteste en español. Tú no los toques cabrón. Finalmente, Lucia no abortará y Paul cumplirá su promesa de abandonarla. Con 20 años se queda sola con dos niños y sin el apoyo de sus padres. Su relación con su madre siempre fue especialmente dura. En los relatos de Lucia Berlin, las madres de las protagonistas son frías, a veces crueles, nunca madres amorosas. En uno de ellos titulado muy elocuentemente, mamá, Lucia escribe. Mamá odiaba la palabra amor, la decía con el mismo desprecio con que la gente dice la palabra furcia. Al final de su vida, Lucia recordará su madre como alguien al mismo tiempo difícil y fascinante. Y con mi madre, yo no puedo realmente ir a la gente a casa, porque él es, you know, sometimes violent, sometimes incoherent. Everybody who knows my work, who is pretty strong, but fascinating, I do love her. Consejo número 8. Un Consejo de Julio Cortazar. A diferencia de una novela, un cuento tiene que ser contundente. Pero si lo que os hemos contado hasta ahora os parece contundente, todavía nos quedan algunos de los momentos más violentos y desagradables de la vida de Lucia. Cortazar decía que el cuento tiene que ganar por cao, mientras que la novela tiene que ganar por puntos. La vida de Lucia es una sucesión de golpes que podrían llevar a cualquiera a la lona. Quizás por eso Lucia nunca fue capaz de terminar una novela. A veces simplemente perdió el impulso que la había llevado a iniciarlas. Aquí no le ha pasado esto. En otras ocasiones, la vida de Lucia vuelve a fundirse con un relato. Un día le roban en casa en México y se llevan todos sus manuscritos, incluida la novela en la que lleva meses trabajando. En otra ocasión es ya la que provoco un incendio en su casa, un incendio el que se quema la novela que está escribiendo. Por una u otra causa parece destinada no terminar nunca sus novelas, pero podemos imaginar cómo serían, porque muchos de los relatos que nos han llegado originalmente formaban parte de aquellos proyectos de novela. Regresemos ahora nosotros a la novela de su vida que hemos abandonado como hacia Lucia con las suyas. Nos habíamos quedado en el divorcio con Paul Stuttman. Este divorcio no la hunde, empieza a estudiar magisterio y a moverse entre el círculo Bohemion al Bukerke. Allí conocerá un pianista de jazz llamado Ray's Newton que se convertirá en su segundo marido. Ray's es otro de sus hombres callados y grises que se dedica más a su carrera musical que a Lucia. Y aunque Lucia siempre dirá de él que era un buen hombre, su hijo nos deja un dato que nos habla de un auténtico desalmado. El hijo asegura que Ray's le daba pastillas a Lucia para que no hablase tanto como solía hacerlo. Junto a Ray's tocaba el saxofón un hombre completamente distinto. Hablador, seductor, encantador, se llamaba Buddy Perlin. Lucia tuvo una aventura con Buddy que Ray's descubrió. La perdonó pero la hizo mudarse a Nueva York para estar lejos de Buddy. A estas alturas ya sabréis que la distancia no fue suficiente. Y por qué digo que lo sabéis, pues por el apellido de Buddy, fue de él de quien tomó Lucia el Berlin después de casarse y ya no lo abandonó. Su nombre original era Lucia Brown. Un día que Ray's estaba fuera, Buddy apareció en Nueva York y llamó a la puerta de Lucia con una botella de Brandy y cuatro billetes para Capulco. Lucia cogía a sus hijos y se marchó con el a México. En México, Lucia, que nunca olvidó su educación en Chile, descubrirá un calor que los americanos no son capaces de darle. Escribe en el relato triste idiota. La solidata es un concepto anglosajón, en Ciudad de México si eres el único pasajero en un autobús y alguien se sube no solo se sentará tu lado, sino que se recostará en ti. Pero en México también descubre una verdad que teniera toda su relación con Buddy. Lo cuentan en el relato hasta la vista. En él, Buddy se llama Max. Por las maneras me despertaba con los brazos de Max alrededor de mi cuerpo. Sus labios rozándome el cuello, su mano en mi cadera. Un día me desperté antes de que saliera el sol y Max se había levantado. La habitación estaba en silencio. Habrá ido a nadar, pensé. Fui al cuarto de baño. Encontré a Max sentado en el báter, calentando algo en una cucharata y znada. Ví una jeringuilla en el ababo. "Hola", dijo. "Max, ¿qué es eso?" "Eser oina", dijo. Suena como el final de una historia o el principio cuando en realidad simplemente fue una parte de los años que vendrían, momentos de intensa felicidad técnico y momentos sordidos y espantosos. La heroína será la compañera no deseada de su tercera matrimonio. Buddy no aguantará sin colocarse y meter alucía en problemas ni siquiera cuando ella está embarazada. Por entonces están devuelta al buquerque, pero allí es casé a la heroína. Buddy sus compinches apalabran un buen alijo en México, lo que necesitan es alguien que haga de mula. Buddy se le ocurre que es una gran idea que Lucia sea quien transporte la droga. Pienza que su avanzado embarazo será la mejor tapadera. Este episodio lo narra en el relato titulado Carmen. En él, Lucia se ve obligada a guardar la droga en su vagina. ¿Sabes dónde guardártelo? Lo sabía pero no pensaba hacerlo y si se rompía llegaba el bebé. Me leeron demonio, me leyó la mente. Si no te lo metes tú, yo lo meteré. No se va a romper. Tu bebé está envuelto una bolsa a prueba de drogas a salvo de todos los males del mundo exterior, una vez nascacarigo ya es otra historia. Pero eso no es lo peor. Alucía la violan en México y cuando llega de regreso junto a Buddy, esto se da cuenta de que no lleva la cantidad de heroína acordada y que la han estafado. Le pega una paliza y ella rompe aguas en mitad de los golpes. El niño Dan sobrevive pero Lucia decide que ya ha tenido suficiente y le da un ultimo.
ultimatum Abadi, la heroína o yo le dice, "podéis imaginar lo que lejó Abadi". Lucia vuelve a estar sola, esta vez con cuatro hijos, es entonces cuando empieza a beber con asiduidad y poco después de eso es cuando aparece Terry, a que el mejor amigo de su hijo mayor de 17 años. Manuel para escritores de relatos, consejo número 9, un consejo de Sirly Jackson. El principio y el final deben, por supuesto, ir de la mano. Ciegamos pues al momento con que empezamos este episodio, el suicidio de Terry, el gran climax de una vida llena de momentos dramáticos. El momento en que la vida de Lucia da un giro y empieza a escribir los relatos que quedarán para la posteridad. Significa eso que el giro fue fácil, no, tardará casi seis años en dejar el alcohol y el camino estará lleno de tropiezos y recaídas. Bajará como mujer de la limpieza y también como operadora en la centralita de un hospital y en el mostrador de ingreso de la sala de urgencias. Ahí se dará cuenta de que realmente le gusta trabajar en hospitales, como escriben el relato a puntes de la sala de urgencias. Me gusta mi trabajo en urgencias, las ángeles, los huesos, los tendones, me parecen a firmaciones rotundas. Me gusta el hecho de que en urgencias todo tiene reglo, o no. Bajará como administrativa en un centro de adicciones. Consigue un puesto como auxiliar de cirugía pediátrica. Luego empieza a dar un curso de escritura creativa en la cárcel del condado de San Francisco. En el relato triste idiota, escríbe una de las grandes verdades de su vida. Y a ti que te parece aburrido. Nada la verdad, jamás me he aburrido. Lucia no ha tenido tiempo de aburrirse. Su último empleo es como profesora de escritura creativa en la universidad de colorado, pero estando allí el problema en sus pulmones lo obliga a dejar el trabajo. Lucia Berling muere el 12 de noviembre de 2004, el día de sus 68 cumpleaños. El final y el principio de su vida están relacionados, como en una estructura circular, como si la vida de Lucia se hubiese empeñado en regalar material para un relato. Lucia muere sin saber que su manual para mujeres de la limpieza será uno de los redescubrimientos literarios más importantes del siglo. Un feliz redescubrimiento que hace justicia a alguien a quien el éxito en vida le era indiferente, pero disfrutaba con la idea de ser leída por los lectores del futuro. Quizás porque escribía más para nosotros que para sus contemporáneos. Y ese éxito póstomo es un final hermoso para una vida que ella exprimió como si en vez de 68 años hubiese vivido 168. Para una vida en la que nos enseñó que incluso de los momentos más duros se puede extraer belleza, como ella dice, hacer los mejores, hacer los divertidos, sacar la verdad de ellos. Quizás esa sea su mejor enseñanza para los que quieran aprender a escribir o para los que quieran aprender a vivir. Manual para escritores de relatos, consejo número 10, un consejo de Lucia Berling. Cuando un relato hay verdad emocional, también hay belleza. Hasta aquí nuestra historia de Lucia Berling, pero las suertes que las historias no se acaban nunca y dentro de 15 días volveremos con otro autor. Escribió Ursula Caleguin que la imaginación es la verdadera enemiga del dogma y del fanatismo. Pues nuestro próximo autor le hizo caso a Ursula y utilizó la imaginación para enfrentarse al dogma y se convirtió probablemente en la mayor víctima del fanatismo de la historia de la literatura. Ah y por cierto es un autor que aún sigue vivo. Hasta ahí nuestras pistas, nos escuchamos en el próximo Grandes Infelizos.
Podcast Summary
Key Points:
Lucia Berlin fue una escritora cuya vida turbulenta, marcada por el alcoholismo, tragedias personales y problemas de salud, alimentó directamente su obra literaria.
A pesar de escribir 80 relatos brillantes y honestos, basados en su experiencia, no alcanzó reconocimiento en vida; su fama llegó póstumamente en 2015 con la recopilación "Manual para mujeres de la limpieza".
Su amigo Stephen Emerson rescató y editó sus cuentos, que fueron publicados por una gran editorial gracias a la editora Emilibel, quien se sintió personalmente conectada con las historias.
El éxito póstumo se atribuye a que su escritura audaz, que desafía convenciones (como retratar el alcoholismo femenino sin tapujos), encontró un contexto cultural más receptivo en el siglo XXI.
Su obra es un ejemplo paradigmático de autoficción, donde los límites entre su vida y su narrativa se difuminan, creando una biografía literaria circular e inseparable.
Summary:
El episodio del podcast "Grandes Infelices" narra la vida y obra de la escritora Lucia Berlin. Su existencia, plagada de dificultades como una escoliosis debilitante, alcoholismo, relaciones turbulentas y la trágica muerte por suicidio de su joven amante Terry, constituyó la materia prima de sus 80 relatos. A pesar de su calidad literaria, caracterizada por una honestidad cruda y un estilo directo, Berlin murió en 2004 con un reconocimiento muy limitado.
Su legado fue rescatado una década después por su amigo Stephen Emerson, quien compiló sus cuentos en "Manual para mujeres de la limpieza". La editora Emilibel, con vínculos personales a los escenarios de los relatos (San Francisco y la frontera con México), impulsó su publicación. El éxito póstumo se explica porque su narrativa, que desafió los prejuicios de su época (como la representación del alcoholismo femenino), resultó más afín a la sensibilidad contemporánea.
Su obra es un ejemplo perfecto de autoficción, donde la vida y la literatura se entrelazan de forma inseparable, haciendo que los hechos biográficos y las escenas ficticias sean casi indistinguibles, creando una poderosa y circular historia personal.
FAQs
Lucía Berlin fue una escritora estadounidense que ganó reconocimiento póstumo con su colección 'Manual para mujeres de la limpieza'. Su obra se caracteriza por relatos autobiográficos que exploran temas como el alcoholismo, la tragedia y la vida en los márgenes.
Su vida, marcada por el alcoholismo, relaciones turbulentas y tragedias como el suicidio de su amante Terry, sirvió de material directo para sus relatos. Ella transformaba sus experiencias en ficción, creando una narrativa cruda y honesta.
Su honestidad y temas como el alcoholismo femenino eran tabúes en su época, lo que hizo que pasaran desapercibidos. Además, publicó principalmente con editoriales pequeñas sin buscar fama comercial.
Stephen Emerson, amigo de Berlin, recopiló y ordenó sus relatos en la colección 'Manual para mujeres de la limpieza'. Gracias a su esfuerzo y a una agente literaria, el libro llegó a una editorial importante, desencadenando su éxito.
Sus relatos mezclan elementos autobiográficos con ficción, creando protagonistas que se parecen a ella pero no son idénticas. Esto dificulta distinguir entre su vida real y su obra, un sello distintivo de la autoficción.
Aborda el alcoholismo, la marginalidad, la enfermedad (como su escoliosis), relaciones destructivas y la lucha por la supervivencia. Sus historias a menudo extraen belleza de situaciones terribles con un tono sarcástico y directo.
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