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#17 ALEJANDRA PIZARNIK | Grandes Infelices. Luces y sombras de grandes novelistas

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#17 ALEJANDRA PIZARNIK | Grandes Infelices. Luces y sombras de grandes novelistas

Con el nuevo capítulo de Grandes Infelices, queremos saldar una deuda quemanteníamos con Alejandra Pizarnik y la literatura argentina. Ayudándonos de los extraordinarios diarios que la poeta bonaerense escribió durante toda su vida, avanzaremos por las claves de su biografía, sus influencias y demonios.Nos detendremos de forma especial en los desgraciados acontecimientos del 24 y 25 de septiembre de 1972 que terminaron con la muerte, a los 36 años, de una de las mayores poetas del siglo XX en lengua española.Grandes Infelices es un podcast de Blackie Books presentado y dirigido por el escritor Javier Peña (autor...

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6825 Words, 38793 Characters

Imaginado una novela con esta trama, la trama la escribió nuestra protagonista en su diario, hubo una vez una niña que comprendía todas las cosas y a todos los seres, solamente vacilaba ante dos palabras, sí y no. La niña no entendía lo prohibido y por tanto ignoraba lo permitido, creyó que por el solo hecho de vivir podía hacer lo que su sangre demandaba y como no pudo ser un ángel, la muchacha, y acción guardando la salvación en la poesía. Hoy os contaremos la historia de esa niña. A veces los escritores tienen vidas de novela y no siempre de las felices. Hola, soy Javier Peña y esto es Grandes Infelices, un podcast de Blacky Books en el que os hablaremos de las vidas peculiares de algunos escritores. En el episodio de hoy Alejandra Pizarnik y sus diarios. Julio de 1955. El celador pasalista, digo, presente es decir, existo, vivo, soy, ¿qué eres un nombre? Un nombre, dos palabras. Alejandra Pizarnik, empecemos con el nombre. El nombre de una de las escritoras más difíciles de aprender del siglo XX. Puedes leer su correspondencia, sus diarios, sus versos, y pensar por fintentiendo Alejandra. Luego sigues leyendo y al minuto Pizarnik se te ha escapado de las manos. Es la Alejandra tormentada de sus diarios, apasionada y dolida, a veces brutal con quienes la rodean. O es la Alejandra generosa que describió a su muerte uno de sus amigos. Un colibrí que se había hecho leopardo, un leopardo con corazón de Mariposa Santa. Su bondad era infernal de fíjese amigo, tan grande que daba espanto. Es la Alejandra graciosa que podía llamarte de madrugada para leerte por teléfono algo tan aburrido como la lista del Consejo editorial de la revista sur, pero ella lo le hería poniendo el tono más sensual posible y escavaría por hacerte reír y olvidar la irritación de que te hubiese despertado esas horas. O es la Alejandra obsesionada con la muerte, esa que dice que en realidad nunca vivió, solo espero a que llegase el final que tantas veces había vislumbrado. Ya nunca lo sabremos, la persona y la poeta se hayan escondidas para siempre tras el mito, ya nunca sabremos donde acaba la mujer Alejandra y donde empieza el mito Pizarnik, un nombre que ni siquiera era el suyo, porque Alejandra debería haberse llamado Flora Posharnik. Dos palabras, las dos primeras palabras esquivas de este relato. Tema para un cuento, alguien que tiene el poder de materializar algunas palabras, pero desconocé cuales. El apellido Posharnik fue el primero en caer, antes incluso de que ella naciera. Cuando sus padres rosa y elías llegaron Argentina desde la ciudad de Rhythm, una ciudad que hoy pertenece Ucrania. En inmigración, cuando registraron los nombres de los recién llegados, el Posharnik, por una confusión del funcionario, debió transformarse en Pizarnik. Los tíos de Alejandra que se quedaron en París, conservaron el Posharnik original, pero ella se encargaría de que la historia recordase para siempre el nuevo apellido, el modificado. La palabra de nueva creación. Eso fue lo que ocurrió con el apellido, pero ¿qué ocurrió con el nombre? ¿Cómo Flora pasó a ser Alejandra? Don Quijote pensando cuatro días en un nombre para su caballo. Puede darse mayor capacidad de concentración en la persecución de algo? ¿Qué poeta ha persistido cuatro días buscando una palabra de cuadra a un objeto? ¿Qué poeta estaría cuatro días buscando la palabra de cuadra para un poema? Alejandra Pizarnik. cuatro días y cuarenta se hacía falta. Cada palabra de estar llena de polvo, de cielo, de amor, de orí, de violetas, de sudor y de miedo. Alejandra es clava de las palabras. Ellas marcarán su vida y veremos que también su muerte. Como dice su amiga Ivón Borde Loa, en una entrevista en el podcast, el club de los sofistas, Alejandra era fanática de las palabras. Era fanática de la palabra, y sabía expresar la palabra de una manera muy especial. Sí, pero tenía mismo tiempo en algunas de sus especiales, tenía una especie de inocencia, una especie de regreso, la fuente, que fue notable en ella. Y siendo tan precisa con las palabras de sus poemas, ¿cómo podría no serlo con su propio nombre? Un día les pidió a su hermana y sus amigas de la escuela que dejase en te llamarle flora. Nadie recuerda bien cuando, pero ese fue el día en que nació la poeta Alejandra Pizarnik. Pero ¿por qué Alejandra? Pizarnik siempre se sintió una extraña, una extranjera. Por mi sangre judía soy una exiliada, por mi lugar de nacimiento apenas si soy argentina, lo argentino es irreal y difuso, no tengo una patria. Los Pizarnik provenían de lo que había sido el imperio ruso, así que deseaba darse un nombre que vocase un alo imperial, y que mejor que Alejandra, el nombre de la última zarina. Cuenta Césaraira, en la pequeña biografía que escribió sobre Pizarnik, que a nuestra poeta, a mediados de los 50, Alejandra ensonaba mucho más exótico y extraordinario que flora, que le parecía el nombre de una vieja judía. Curiosamente hoy flora es un nombre mucho menos ordinario que Alejandra. Pero el nombre no era la única fantasía exótica e imperial de Alejandra, ella y su hermana Miriam inventaron también que su padre había sido el joyero del zar. En realidad, el día era un cuentenik, un oficio muy habitual entre los judíos asquenacíes llegados a América desde el este de Europa. Los cuentenik serán vendedores ambulantes que iban puerta por puerta ofreciendo joyas, pero también ropa arrelójes. Su característica principal era que vendían a cuenta, es decir que si no tenías para pagar, te apuntaban en una libertad donde llevaban sus cuentas, de ahí la palabra cuentenik. Una curiosa construcción formada con el español cuenta y el sufijo eslabo Nik. Y ahora que ya hemos hablado del nombre, hablemos de la obra que hemos elegido para el episodio, los diarios de Alejandra. Por primera vez en este podcast, aparecen los diarios de una escritora. El destino de este diario, ayer en él, algo de continuidad. Efectivamente, hemos elegido seguir los diarios de Pizarnik, que empiezan en 1954 y se detienen el mismo día de su muerte para tratar de ayer en ellos algo de continuidad, para tratar de comprender la cronología de Alejandra y en la medida de lo posible establecer un diálogo con la poeta. El yo de mi diario no es necesariamente la persona hábida de sin cerrarse que lo estás escribiendo. Eso lo sabemos. Sabemos que Alejandra oculta algunas cosas, exagera otras, e inventa otras tantas en sus diarios. Nuestra intención es rellenar los huecos como buenamente podamos. Lo que tenemos claro es que los diarios de Pizarnik tratan en un 95% sobre tres temas, las palabras, el amor y la muerte. Eso serán, pues, los tres temas de este episodio. Pero es que hay muchas cosas más que tengan importancia. Los diarios de Pizarnik comienzan en 1954, cuando Alejandra tiene 18 años. Es un adolescente de enorme ingenio, pero con gran cantidad de complejos físicos. Siempre pensará sobre si misma en términos poco agradables. Sus principales complejos son el acne, que le cubre toda la cara y el sobrepeso. Voy a la farmacia, me peso. Aumente, sigue conozcoctelse el dulce del heche. Siento la sensibilidad obstruida. Me agro. En aquella época no era extraño que los médicos recetasen anfetaminas para adelgazar, especialmente a los mujeres. Desde que es un adolescente casi una niña, Alejandra vive en contacto con las pastillas. No es precisamente un contacto recreativo, pero descubrirá que esas drogas que tienen como objetivo el adelgazamiento le proporcionan una especie de lucidez. Las pastillas la acompañarán toda la vida, igual que la obsesión con la adelgadez y las marcas del acne. También la acompañará el deseo de ser como gambó, que hizo de la poesía su vida, e hizo de su vida un poema. Cuando se manifiesta la vocación artística en un hombre, inmediatamente lo tendrían que llevar a una sala de operaciones y extirparle todos los órganos molestos, de modo que no tenga que sufrir, hambre, ni sed, ni deseos eróticos. Alejandra lo tenía todo para ser poeta. Hacia fuera, un ingenio y un abriantez deslumbrantes, hacia dentro un universo profundo y oscuro, y también la voluntad de triunfar. Cuando sartre yo cantar a Juliette Record dijo, millones de poemas en la garganta. Cuando lean mis poemas dirán, millones de gargantas en el poema. Sepciembre de 1955. Es el mes en el que se publica el primer poemaio de Alejandra Pizarnic, con solo 19 años, un maravilloso ejercicio de precociidad que la acerca su adorado gambó, aunque es magnífico y más teniendo en cuenta la edad con la que los escribió, Alejandra Renegada. para ese poemario. ¿Por qué? ¿Por qué es diferente al conjunto de su obra? Es muy bueno, pero aún no ha brotado la esencia de Alejandra Pizarnic. Ese primer libro eso sí será el que le abra las puertas del ambiente poético de Buenos Aires. Allí descubre dos influencias que resultarán clave en su poesía. La primera es la de Antonio Porcha, un poeta peculiar que entonces tenía ya 70 años y en realidad era más un obrero que un poeta. La única obra de porcha se llamaba Boces y era inacabable porque iba actualizándola a cada poco. Boces consistían aforismos y rizos lingüísticos, cosas como percibimos el vacío llenándolo. O, a veces de noche, enciendo la luz para no ver. Querido Antonio Porcha, sus voces suscitaron en mí un eco silencioso que asentía dulcemente, sus voces son lo más puro y hermoso que se encuentran en el mundo. Porcha tomará Alejandra buena parte de su estilo aforístico. Curiosamente a Porcha nadie le hacía mucho caso en Argentina hasta que André Breton decidió traducirlo al francés. Y es ahí donde encontramos la otra gran inspiración para la joven Alejandra, en Breton y los surrealistas. Además de esa inspiración, en esos primeros años conoce alguno de los apoyos que la acompañarán hasta el final. Como Olga Orozco, la que quizás sea junto a Alejandra la otra gran poeta argentina. Olga tiene 16 años más que a Alejandra, pero la presencia de Pizarnik, su juventud, su aparente fragilidad, su aparente fortaleza, atrae a muchos de los escritores consolidados que la adoptan como protegida. Y su voz, esa voz poderosa, grave, romca, única con su acento extraño. Por desgracia, solo tenemos una grabación y no de mucha calidad. Además el poema que recita no es uno de los suyos, pero ¿qué delicia poder escucharla? Hoy descubrí que vivir es difícilísimo. Me asombré y me quedé presa en la admiración y en el espanto. ¿Cómo es que yo me atrabo a vivir? Febrero de 1959. Alejandra tiene una facilidad sobre humana para la poesía. En cambio, la vida ordinaria le cuesta. Las cosas más sencillas como era al banco hacer la comida son grandes obstáculos para Alejandra. Un día, tiene gente en casa y quiere cocinar rabiolis y llamó un amigo para preguntarle cómo hacerlos. Pones agua al fuego y cuando hierba, echas los rabiolis. Y cuando están, cuando floten. Unos minotas más tardes vuelve a llamar. Ya flotan, le dice a su amigo. Ahora ¿qué hago? Los pinchas con un tenedor para ver si la masa está cocida. Pero ¿cómo los voy a pinchar, dice Alejandra? Si parecen pancitas de bebé. Tampoco se entiende especialmente bien con las convenciones ni con el resto del mundo. Cuentas su amiga y bombor de loa a la que ya hemos escuchado, que un día Alejandra le pidió que la compañía sea la farmacia. Ese día Alejandra vestió un pantalón rojo muy apretado, algo poco común en el Buenos Aires de los años 50 y todos la miraban. Al cabo de un rato, se giró y le dijo "Ybom, te ha estado cuenta de que en esta ciudad una no puede llevar anteojos sin que la miren". El problema de las miradas ajenas, visión del mundo si los anteojos de aumento, sombras, la gente pasa sin saber que yo los veo como sombras. En esa época también comienza a llamar a los amigos de Madrugada, porque por las noches se siente inquieta, sólo se tranquiliza cuando Olga Rodco se invente un conjuro mágico, un conjuro con el que la asegura que está sana y que nadie la molestará, un conjuro hecho de palabras, las palabras lo único en que conciará para sanarse, su única seguridad. "Palabras" es todo lo que me dieron mi herencia, mi condena, pedir que la revoquen. ¿Cómo pedirlo con palabras? Bueno, las palabras y también las pastillas, cada vez más pastillas, para combatir el insomnio Alejandra unirá los somníferos a las anfetaminas. "Indefinidamente, toda la noche mira el reloj, no pude dormir, indefinible noche, alguien está gestando indefiniblemente, sé que en hacer he muerta." A partir de entonces se moverán un difícil equilibrio, las anfetas le dan lucidez y la mantienen despierta, los somníferos le permiten descansar. Pero da igual cuantas pastillas se tome, Alejandra tiene algo claro, buenos aires y el control paterno las están asfixiando. Debe salir de allí como sea, y que mejor destino que París, la cuna de sus grandes ídolos, de los malditos Jambó y Berlén, de los surrealistas como Breton, el lugar en el que se han asentado muchos escritores latinoamericanos, como Octavio Paz o Julio Cortázar, de quienes se hará amiga. "Tengo que ir a Francia, recordarlo, recordar que debo quererlo mucho, recordar que es lo único que me queda por querer en este mundo ancho y alto." Arzo de 1960 Alejandra se embarca rumbo a París, en la estación de tren le espera su tío Simón, uno de los que ha mantenido el apellido Posarnik. La primera decepción de Alejandra es descubrir que la llevan a una casa en el extra radio, a varios kilómetros de la capital, muy lejos de la Bohemia Parisina. Ella no ha salido de buenos aires para esto, además el carácter de Alejandra no puede encajar menos con el espíritu tradicional de sus tíos. Fuma, bebe, deja las sábanas manchadas de maquillaje, su sexualidad no está clara, parece evidente que se abecinan problemas. "Ayer oí, escondida debajo de la escalera, la conversación de mi familia. Hablaban de mí, hablaban muy mal de mí, desde mis condites sentí crecer una fuerza demonía que a mí, un poder como sólo sabía infundir el amor o el odio." Estíos la mandan para el piso de arriba, lejos de sus primos, no vaya a ser que se les pegue algo de ella. Alejandra necesita escapar de aquel ambiente, más opresivo aún que el de buenos aires. El precio, si quiere quedarse en Paris, será ganarse la vida por sí misma. Cambia de domicilio a menudo, todos son pequeños y lugubres, es lo máximo que se puede permitir. Trabaja como niñera y por única vez en su vida como ficinista en una imprenta. El precio de que el trabajo dignifica, no es precisamente algo con lo que comulgue. "Me atrevo a no estar de acuerdo sobre la importancia de ganarse la vida a una misma. Creo que me la canaría más, quedándome dormida hasta muy tarde y recibiendo dinero sin tener que escribir a máquina doscientas direcciones por día." Ella no ha ido a Francia a trabajar en una oficina, ha ido en busca del Paris de Breton, del Paris de la Generación Perdida. Un día le pido un amigo que la compaña un bar maravilloso donde se encontrarán con todos los poetas. Alejandra le avisa el amigo. Estamos en los sesenta, no en los años 20. Efectivamente cuando entra toda ilusionada, ven la barra buró crata, soficinistas, trabajadores, pero ni rastro de poetas bohemios. Tal vez piensa estén en las mesas del fondo y recorre todo el bar mientras su amigo la observa con una sonrisa desde la puerta. Al final Alejandra se reúne con él y le dice, "¿Cómo cambió todo?" Junio de 1962. En Paris Alejandra se enamora varias veces, tanto de hombres como de mujeres. Decide que va a casarse con un poeta colombiano llamado Jorge Gaitán. Pero poco después Jorge muere un accidente cuando su avión va aterrizar en la isla de Guadalupe. Alejandra comienza a darse cuenta de que el amor siempre les será esquivo. El amor imposible es tan imposible como yo pensaba, más aún es absolutamente imposible. Cuando el cielo baje a la tierra, cuando los tigres reciten a William Blake, cuando dos más dos sean cinco, cuando los hombres sean felices, entonces el amor imposible persistirá en la imposibilidad. Pero si el amor en Paris será decepcionante, cultivará amistades decisivas como la de Octavio Paz. Paz creerá como pocos en el talento de Alejandra y le escribirá el prólogo de su poemario árbol de Diana, que la consagra como gran poeta de las letras ispanas. Paz también le consigo una colaboración con la revista Cuadernos. En ese momento la izquierda está empezando a movilizarse por toda Latinoamérica y criticas a Cuadernos por tener financiación estadounidense. Alejandra le da igual. Ella se mantendrá completamente a política, solo le importa la poesía. Al diablo las ideologías no estoy dispuesta a morir de hambre en homenaje a los intelectuales izquierdas. Años más tarde, después de la matanza de Tratelolco perpetrada por las fuerzas de seguridad mexicanas contra los jóvenes universitarios en la ciudad de México, Octavio Paz le enviará Alejandra un poema de denuncia contra el gobierno mexicano y le pedirá que lo mueva por los medios argentinos. Alejandra no lo moverá, pero no por ningún tipo de motivo político. Si no simplemente porque el poema le parece muy malo. No siento deseos de buscar a Dios. La razón? No me interesa. Tampoco la política ni el pescado hérbido, la gimnasia, oriente, ni la magia, ni el ocultismo etcétera etcétera. Al escuchar esta numeración uno no puede dejar de preguntarse que culpa tendrá el pescado hérbido. En todo caso la amistad Alejandra con Octavio Paz también le traerá en amistades. Principalmente la delena Garro, que no solo es la ex mujer de Paz, sino una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo. Garro escribió en los heterómenes. una novela titulada Inés, que se negó a publicar hasta 1995. En esa novela hace un perfil muy crítico de un personaje llamado Andrea, así describe Garro a esta Andrea. Un ser del que no pudo distinguir el sexo en la penumbra que reinaba. Lucía pantalones gruesos de obrero, un sueternegro, cabellos cortos, boca gruesa y rostromofletudo. Era un ser amoral. Inés pensó en un pequeño demonio que hubiera adoptado el aspecto de un obrero simulando a ser mujer. La descripción de Garro está cargada de Malicia y pone énfasis en la sexualidad ambigua de Andrea. Está claro que Andrea es Alejandra, que ya a principios de los sesenta es moderna y rompadora, tanto que destaca incluso entre la vanguardia parisina por su aspecto y comportamiento, pero también por el contenido de sus poemas. En otro fragmento dinés, la protagonista escucha recitar Andrea. Andrea corrió a reunirse con los hombres que la acogieron con aplausos. Hasta Inés llegaron frases sueltas de la conversación, el fuego ardiente que ya centré mis muslos. Eso es poesía, verdadera poesía, humana, amorosa, carnal y no tanta cretinada. Garro se está burlando claramente de la poesía de Alejandra, que había escrito frases como lo que me impide reventar es el ardor de mis muslos. La ironía es clara, lo que a la mexicana le parece una cretinada, es precisamente la poesía de Pizarnik. Pero por si a caso a alguien le queda alguna duda de a quien se refiere Garro nos deja una última pista. Cuando Inés le pregunta al conserje quién es aquella mujer con aspecto de obrero en la informa. No te preocupes esa Alejandra se ha cambiado el nombre y ahora es ella, Andrea. Alejandra nunca conoció la existencia de esta novela, Inés, porque se publicó más de dos décadas después de su muerte. Pero habría sido sin duda interesante la respuesta que podría haber le dado el enagaro con la inteligencia de Agudeza que la caracterizaban. Lo que sí sabemos es que el desagrado era Muto. Pizarnik habría definido la mexicana como. Julio Cortázar y su mujer Auroro Bernardez fueron otros amigos ilustres de Pizarnik en París. Cortázar la ayudó a conseguir uno de sus apartamentos pariscinos y cuentan que para agradecérselo, Alejandra pasó a máquina al manuscrito de la novela que estaba escribiendo Julio en ese momento. La novela se llamaba Rayuela. Al parecer, cuando volvió a Buenos Aires, Alejandra se llevó el manuscrito consigo y Julio la llamaba a Menudo para recuperarlo. Un amigo recuerda hoy en el teléfono en casa de Alejandra y descolgarlo y escuchar. "Llamada de persona con Alejandra Pizarnik de Julio Cortázar". Menuda impresión ser el intermediario entre dos de los escritores argentinos más grandes de la historia. Pero Alejandra le decía a su amigo, "Dile que salí que no estoy, pero qué pasa, Alejandra, que me va a pedir el manuscrito y no lo encuentro". Esa era otra de las características de Alejandra. Vivían un cao y un desorden total. La indisciplina y el desorden conducen a la toma de conciencia del vacío. Septiembre de 1963, antes de abandonar París, Alejandra vivirá la experiencia traumática de quedarse embarazada de un hombre que él era indiferente y verso obligada a abortar. "Eta pas, haberme acostado concé en perfecto estado de bredad, haber esperado un mes y medio como horror y insoslaiable en mi presentido embarazo, lo presentí en cuanto se me pasó la borrachera, haber sabido que estoy en cinta, haber solucionado este estado increíble". Tras el aborto, Alejandra entra en una profunda fase depresiva, no quiere ducharse, no se cambia de ropa, vomita lo que come. La casa parece un vertedero y la conserje le recrimina el mal olor que desprende. La discusión acaban una agria pelea y terminan expulsando Alejandra del piso. Alejandra está empezando ya a tambalearse. Realmente le quedan pocos meses en París. Una operación de su madre fuerza su regreso argentina en febrero de 1964. "Mentalmente ya me fui de París, ansias por estar en Buenos Aires. ¿Para qué?" Les advierte sus padres de que viaja con billete de vuelta para París, pero en realidad no regresará a Francia hasta 5 años más tarde y lo hará por muy poco tiempo. La última década que le queda de vida, la vivida casi integra en Buenos Aires. La Alejandra que vuelve de París con el triunfo de árbol de Diana es una poeta consagrada y es reclamada como centro de todas las reuniones y grupos. Gracias a la galería el taller se vincula con otro gran escritor argentino de la época, Manuel Mujicala Ineth, con quien hará una exposición conjunta de pinturas y dibujos. Alejandra había recibido clases de pintura de joven, una formación plástica fundamental en su poesía, ya que Alejandra confesó que su pensamiento funcionaba con imágenes. Yo debiera pintar la literatura es tiempo, la pintura es espacio y yo odio el tiempo y querría políslo. Una cosa curiosa de Alejandra es que cuando corrije sus poemas y quiere cambiar una palabra pero no encuentra una sustituta, realiza un pequeño dibujo que temporalmente llena el vacío hasta que encuentra la palabra exacta. Por eso, de regreso a Buenos Aires, Alejandra compro una pizarra en la que escribe poemas y hace dibujos cuando no haya la palabra precisa. Una pizarra que volverá a aparecer en el momento más terrible de este relato, pero ya llegaremos ahí. Detengámosnos ahora en otra relación que se inicia en esa época en la vida de Alejandra. Victoria Campo, fundadora de la revista sur y gran impulsora de las letras argentinas no para descuchar el nombre de Alejandra por todas partes, así que la invita a tomar el te con ella, pero lo más importante para nosotros es que a través de Victoria conocerá a su hermana Silvina. Silvina Campo está casada con bió y casares, que a su vez ha sido amante del enagarro, la ex de Octavio Paz, aquella que criticó Alejandra con malicia en su novela Inés. ¿Recordáis? Parece una telenovela, pero en realidad nos demuestra que el universo literario es mucho más reducido de lo que podría aparecer. El caso es que Alejandra se enamora perdidamente de Silvina, con ella vivirá una de las relaciones amorosas más importantes de su vida, también de las más dolorosas. Pero ya hemos dicho que el amor y las palabras están en el centro del diario de Alejandra y, por tanto, también en el centro de su vida. Hacer el amor para residir unas horas en el centro de la noche, hacer el poema para arrejirse en el común estatua, en algunos pueblos esta actitud lleva el nombre de narcisismo. Gemua es un hábito parecido al de llorar de miedo cuando truena. Todas las relaciones la marcarán más profundamente que la que vive con Silvino Campo, aunque ella misma lo niega en su diario. Estoy cansada de este clima homosexual que no es auténtico en mí, no solo no soy lesbiana ni lo pudo ser, sino que según las experiencias. Pero aunque lo niegue en esta entrada inconclusa, Alejandra mantendrá lo largo de su vida a relaciones amorosas con hombres y mujeres, y las de mayor intensidad y con el paso de los años, las más numerosas serán con ellas. Silvina y Alejandra tienen muchas cosas en común, les gusta ser el centro de atención, les gusta jugar con las palabras, de nuevo las palabras como Totem, palabras para patar con un mornegro, palabras para insinuar el sexo, palabras para perderse en ellas. Hacer el amor debajo de las grandes palabras que pierden su sentido porque no hay más que nuestros cuerpos ritmicos e esenciales. Pero Silvina, que le lleva más de 30 años a Alejandra, es quien marca la pauta, y a menudo se muestra fría con ella. Visita Silvina la toqueila vez se demasiado, sin duda la a su esté, estuvo muy cordial, pero, por supuesto, ni asomó de enamoramiento. A veces Alejandra hasta le tiene miedo, un día se encuentra mal y se convence de que alguien le ha hecho magia negra, una de sus primeras sospechosas es Silvina. Y en Silvina, que inspiro, puede ser que me quiera, pero pienso que si yo me muriese no podría ocultar un movimiento de satisfacción, y acaso sea ella que me desea a todos los males, porque no podría ser ella. Enero de 1966, muerte de Papá. La muerte del padre de Alejandra, que tan escuetamente recogen su diario sin más explicación, es un golpe duro que la deja viviendo sola con su madre, con quien mantiene una relación tensa. A punto de entrar en la trintena, el hecho de vivir en la casa materna la tormenta. Mi madre agota a todos los medios para molestarme y ofendarme, vivir con ella es una maldición, se he pecado, el mío es vivir a los 30 años con mi madre. Alejandra escruela al retratar a su madre, que ha quedado en un estado de tristeza absoluta tras el fallecimiento de su marido, y que hace todo lo posible por mantener a su hija, que esa es la verdad, hasta el momento, por mucha poeta consagrada que sea, no ha ganado dinero suficiente para valerse por sí misma. Son sus padres quienes le pagan el viaje a París, son sus padres quienes la mantienen, su madre se pondrá trabajar de cuentenic a la muerte de lias para mantenerse a sí misma, pero también para mantener a su hija. Es loca o casi en un país que odias sin amigos sin fortas para escribir para leer. En compañía de una madre que silenciosamente te culpa y sufre y tú sufre porque sufre. Febrero de 1968. Alejandra se mudará por primera vez a su propio apartamento cuando está a punto de cumplir 32 años. Su madre le ayuda a costearlo, sigue lavándole y plantando su ropa, le lleva comida y paga una mujer para que le limpie la casa una vez por semana sabiendo el desastre que su hija. Ella cuelga a los retratos de ril que y de Breton y la pizarra en la que escribe sus poemas y hace dibujos cuando no encuentro una palabra. Pero Alejandra es cada vez más dependiente de las pastillas y en realidad ya ha comenzado su caída libre. Indagar el tema del miedo, estar muerto de miedo, cagarse de miedo. Ni memoro ni me cago de miedo, pero tengo miedo y quiero saber por qué yo tengo más miedo que toda la gente que conocí desde mis origenas hasta nuestros días. Alejandra acude a la consulta de un nuevo psicoanalista enrique Pichón Rivier. Pichón es un conocido psicoanalista argentino que tiene la costumbre de inflaras y cotrópicos a sus pacientes con cócteles tremendos. Su aparición es funesta para Alejandra. La vida empieza a pasarle por encima como en una alucinación. La imagen de un gato que se asoma y comienza a mostrarse, pero no termina nunca. Su cola jamás aparece, su lomo es infinito, un gato de millares de metros que saca rollo sin rollo de lomo. Julio de 1968. Y cuando Alejandra ya está en proceso de caída libre llega la noticia que lleva esperando toda la vida. Le conceden la beca Google en game. Por primera vez con 32 años va a poder valerse por sí misma. Ayer me enteré de que me concedieron la beca. Euforía por el aspecto económico del asunto, es decir, hablar de millones con mi madre sabiendo las dos que esa cantidad proviene de mi oficio de poeta. Pero es probable que haya llegado demasiado tarde. Alejandra malgasta buena parte del montante de la beca invitando a sus amigos y comprando lapiceros, plumas y cuadernos caros. Como dice el famoso poema que cortazale dedicó a Alejandra tras su muerte, amabas esas cosas niemias. A Boliv y Belod dinanités o no. Las gomas y los sobres, una papelería de juguete, el estuche de lápices, los cuadernos rayados. Con la beca está incluida la obligación de viajar a Estados Unidos, pero Alejandra le orrizza Nueva York y huye de allí lo antes que puede, aprovecha para regresar a parís cinco años después, pero es una nueva decepción. No se puede echar dos veces la misma carta en un buzón. No soporta la Americanización de París. Dice que la gente allí ya solo piensa en trabajar, encontrar una vivienda escarísima y ninguna de las que se puede permitir tiene cuarto de baño propio. Se pregunta qué hace allí ella cuando por fin tiene una casa cómoda suya en Buenos Aires. Uye de París con una lección bien aprendida. El tiempo que pasa, la gran revelación de París, he visto que pasa cuando pasan cinco años, por eso mi urgencia por volver a Buenos Aires y transcutar el tiempo ciegón poema. Pero el regreso a Buenos Aires tampoco trae días mejores para pizarnik. A la vuelta de París se encierra un más en sí misma, nada a la nima ya, tampoco las palabras. La palabra alienta me desalentó, no es para mí. En 1970 tiene lugar su primer intento de su hicidio. Ingiere unas sobredosis de barbitúricos, pero llama para despedirse a su madre, a su amiga olgarozco y a su médica. Las tres mujeres se cruzan en la puerta del apartamento de Alejandra cuando salen corriendo para ayudarla. Fatiga, fatiga como una larga caravana. Ayúdame no pedir ayuda. ¿Octubre de 1970? En su casa Alejandra se obsesiona con el ruido que hacen los vecinos de arriba. Creo que lo hacen solo para molestarla. Son una pareja de señores mayores y se ha convencido de que la mujer se ha enamorado de ella. Y se ha convencido también de que el marido cree que se alejandra la que está enamorada de él. Y por eso los dos la odian. Dice que tienen prácticas sexuales muy ruidosas y que taconean en el suelo solo para sacarla de quicio. Ella coge una escova le hace unos zapatos de tacón y golpea el techo para molestarles a ellos. Insulte lovamente a los nacís encima, hijos de perra a los que quiero inexistir. Un día coge una plancha, sube al octavo piso donde viven los señores y empieza a golpear la puerta con la plancha hasta hacerlo un agujero. Tiene que presentarse la policía. Alejandra teme estar volviendo se loca y antes de esa posibilidad prefiere la muerte. La muerte que ha estado omnipresente en toda su obra, incluso el único poema de que conservamos su voz, aunque no sea suyo, habla sobre la muerte. Pero esa muerte que hasta ahora había sido sólo una palabra, empieza ya a rondarla como una posibilidad real. Intenta matarse metiendo la cabeza en el horno y después de eso la encierran durante 5 meses en Pirovano, un hospital para el tratamiento de las enfermedades mentales. A muchos de sus amigos les mentira y les dirá que ha estado internada por culpa de un accidente de coche que ha derivado una fuerte depresión. Pero a Cortaza, en cambio, le cuenta la verdad cuando le envía su libro La Pájar en el Ojo Hageno que incluye una dedicatoria mano de Alejandra, escrita en cada esquina de la página de guarda y en todas las direcciones. Me excedí supongo y he perdido viejo amigo, de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo ahora a julio de la locura y de la muerte. Hace dos meses que estoy en el hospital, excesos e intento de su hicidio que fracasó. Elas. Elas. Por desgracia. La confesión y la falta de repentimiento demuestra que no será la última vez. A Cortaza también le cuenta que su mejor amiga en el hospital es una mujer de 18 años que ha matado a su hijo. No es la mejor compañía ni el mejor lugar para recuperar las ganas de vivir. Tampoco la ayudan su camarilla de amigos que festejarán todas las bromas sobre la muerte que Alejandra hará sin parar durante los últimos años. Esas amistades que tras su hicidio correrán a su casa a llevarse algún recuerdo de la poeta como aves de rapiña, esas amistades no la llenan. Yo no me siento sola, me siento abandonada que es peor y que significa una soledad trágica recorrida de odios en suma, me doyasco. En sus meses finales Alejandra tiene un último gran amor, una lingüista llamada Marta Moya. Marta trabaja en la comisión Fulbright y gracias a su mediación Alejandra le concede en una nueva beca. Pero ella la rechaza porque implica una estancia de varios meses en las escuelades quitores de Ayoga y en su estado no se ve preparada para emprender otro viaje. Sabe que ningún viaje la liviará, solo la pondrá peor. Buenos Aires la enferma, salir de Buenos Aires la enfermará aún más. La última vez en Estados Unidos no pudo encontrar las pastillas que necesita tomar. Sabe que allá donde vaya, su miseria irá con ella. Cuando oigo a mis amigos decir "la vida asermosa" me sucede un gusto a velorio en el día frágma. Noviembre de 1971. El domingo pasado traté de ahorcarme. Hoy no dejo de pensar en la muerte por agua. Alejandra le pido un amigo que la llude a morir en la bañera. Los dos están drogados. Él le dice que vale. Luego lo piensa mejor y le dice "no, mejor creo que no". Alejandra siempre ha temido a hogarse. Te he hecho cuentan que a veces cuando se metía en la bañera se anudaba una cuerda al cuello y lataba la llave de paso por temor a quedarse dormida y a hogarse. Pero como le ha dicho a Cortázar ahora tiene miedo de todo, salvo de la muerte. Julio de 1972. Su amante Marta ha aceptado para si misma la beca fulbright que Alejandra ha rechazado. Falta un poco menos de dos meses para que se vaya por cuatro años. Nunca volverá. El fracaso de ese último amor parece una broma del destino. Marta es lingüista y le ha fallado. Le ha fallado como le han fallado las palabras. Es como si la palabra jamás huyera del mundo para venir a buscar amparo en mí. El problema es que como dice su amiga ibombor de loa Alejandra había depositado todas su fe en las palabras. También habla el fracaso de la palabra cuando dice "si digo pan comerí, si digo agua comerí" y como diciendo "yo he tratado de llevar las palabras hasta más allá de sí misma y eso no me ha resultado". Recordáis que al principio decíamos que en los diarios, como en la vida de Alejandra, hay tres temas. Pues ahora que y ya le ha caído el sostén del amor y las palabras y a solo queda la muerte. 24 de septiembre de 1972, por la mañana, domingo. La palabra domingo es muy fea, no solo por lo que boca, sino por su sonido y sobre todo, por lo que no evoca. Una amiga va a visitar Alejandra su apartamento. Todo está ordenado, que raro en Alejandra. La amiga le le un capítulo de una novela que está escribiendo, se ríen juntas, parece alegre. La amiga se marcha animada. Alejandra parece estar mejor que en los días atrás. 24 de septiembre, al medio día. Alejandra llama Olga Orozco y conciertan una cita para el día siguiente. El plan es ir de librerías y tomar café. Alejandra le pide a Olga que la llame por la mañana para despertarla. Luego, telefonea varios amigos para pedirles que se reunan con ellas a noche, pero ninguno puede. Cuando yo muera, ¿quién me lo va a decir? 24 de septiembre, por la tarde. Anota la última entrada en su diario. Estoy en el mundo sin recursos, sin apoyo, me hundo. 24 de septiembre, por la noche. Alejandra ingiere 50 pastillas de seco al sódico. Luego telefonea una primera vez al estudio de su buen amigo Antonio López Crespo. No está, le coge el conserje, ella deja un mensaje. Antonio me tomé unas sobredosis de pastillas, ayúdame. Telefonea una segunda vez, Antonio, por favor, me siento mal. Telefonea una tercera vez, Antonio, llámame. Pero ¿por qué llama Antonio al estudio y no a su domicilio donde seguramente lo habría encontrado? Y ese conserje no podría haber dado la voz de alarma. Cuando Antonio López Crespo se entere de la muerte de Alejandra y reciba los mensajes de sus llamadas desesperadas, se quedará sin habla durante varios días. 25 de septiembre de 1972. Plunes, por la mañana. Olga Orozco llama Alejandra para despertar la tal y como había acordado y para recordarle que luego han quedado para ir de librerías. No les traería que subieso olvidado. La llama una, dos, tres veces nadie le coge el teléfono. Luego piensa que la volúble Alejandra habrá hecho otros planes y se desentiende. 25 de septiembre, por la tarde. Otra amiga, Panabecho, ha quedado en ir a buscar unos libros a casa de Alejandra, así que llama el timbre. Timbra una y otra vez y cansada de llamar le pide al conserje que le abra la puerta. Encuentran el cuerpo de Alejandra aún con un hilo de vida. Pienzan que tal vez puedan salvarla. Llaman una ambulancia pero no hay nada que hacer. Han pasado demasiadas horas, demasiadas llamadas perdidas, demasiados gritos de ayuda que nadie ha escuchado. La madre avisa la hermana Miriam de que han vuelto a internar Alejandra. Eso es lo que cree, así que Miriam se dirige al hospital mental de Pirovano pero allí le dicen que Alejandra no está. ¿Cómo que no está? Si me han dicho que está ingresada. Entonces alguien la saca de su error. Alejandra no está en hospital mental. Alejandra está muerta. Es inimaginable el dolor que tuvo que sentir su hermana tras esa revelación. Mientras en el piso de Montevideo 980 la única vivienda de Alejandra que llegó a ser suya queda la pizarra en la que dibujaba poemas. Quedan en ella 9 palabras, las palabras siempre las palabras, 9 palabras que escribió Alejandra un dolorido epitácio. No quiero ir nada más que hasta el fondo. Hubo una vez una niña que comprendía todas las cosas y todos los seres, solamente vacilaban te dos palabras, si y no. Y esa niña siempre, siempre seguirá guardando la salvación en la poesía. Hasta aquí nuestra historia de Alejandra Pizarnik, pero las suertes que las historias no se acaban nunca y dentro de 15 días volveremos con otro autor. Os dejamos una pista, escribió Oscar Wyden de Profundis. La mayoría de las personas son distintas de ellas mismas, piensan con ideas de otros, subidas una parodia y sus pasiones son remembranzas. Pues nuestro próximo autor es probablemente el escritor que más veces fue una versión distinta de sí mismo en la historia de la literatura. Y hasta ahí la pista, nos escuchamos en el próximo Grandes Infelices.

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